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¿Queda nobleza en el deporte?

¡Basta ya de trampas! Es el grito que me salió con fuerza y rabia cuando leí la noticia de que Rusia había manipulado los controles de antidopaje que se habían realizado a deportistas de competiciones internacionales. La Agencia Mundial Antidopaje (AMA), como no podía ser de otra forma, ha actuado con una dura y ejemplar sanción para una sucia y detestable forma de actuar. La manipulación de los datos de los deportistas, quisieron encubrir dopajes repetidos en aquellos que iban por el mundo como embajadores del Deporte. La lacra del dopaje encubre, a mi modo de ver, otra lacra, la comercialización deportiva. ¿Bastarán cuatro años sin que Rusia pueda participar en ninguna competición internacional para detener esta forma corrupta de actuar?, ¿será suficiente ejemplo para otros países? Deseo con toda mi alma que sí. Pero, en cualquier caso, a día hoy y por el momento, grito con fuerza: ¡Basta ya!

Sabemos que el deporte es un lugar para aprender sobre la importancia de la disciplina; para cuidar de la mente y el cuerpo; para aprender a trabajar con los demás y saber relacionarse con gente diferente, con otras habilidades y capacidades; un lugar para aprender a manejar la frustración o decepción cuando no se consigue el objetivo deseado; para reconocer que hay que trabajar duro para conseguir los objetivos; para saber que para conseguir un trofeo, una medalla o la mera satisfacción personal se requieren muchas horas de soledad y esfuerzo, entonces, ¿por qué ensuciarlo, perturbarlo, manipularlo con argucias zafias y repugnantes?

El deporte es lugar para las amistades nobles y sanas, para la realización de una actividad desde la justicia personal y grupal. El deporte ya sentencia sin engaños retóricos o estrategias diplomáticas, ¿por qué, entonces, tenemos que enturbiar la gran escuela de vida que supone la práctica deportiva?, ¿por qué su comercialización tiene que arrebatar la nobleza de un ejercicio que sirve para tender puentes en las dificultades y reconciliar alianzas en los conflictos? Hemos visto cómo países enteros olvidan sus diferencias cuando la pasión deportiva los une, ¿será el poder del dinero, el interés del beneficio o la necesidad estratégica más fuerte que la nobleza del deporte? Me resisto a pensar que sí.

Dejemos que los deportistas muestren su máxima capacidad natural en el ejercicio sin pedirles que sean superhombres y supermujeres. Que muestren su fuerza y su límite. Que ennoblezcan el deporte desde su esfuerzo y dedicación y olvidemos, así, que otros factores tóxicos cubran de sombra y sospecha la entrega constante. En fin, si alguien quiere hacer trampas, digamos ¡NO!

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Fuente: https://pastoralsj.org [1]