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Relato desde la frontera venezolana: “Es triste saber que ni agua tienen para tomar”

El obispo de San Cristóbal, Venezuela, y vicepresidente del episcopado, Mario Moronta, nos hace llegar el testimonio de una laica que trabaja en la parroquia de San Antonio y que refleja la solidaridad de los fieles, junto a sus sacerdotes, en las parroquias de la frontera entre Venezuela y Colombia. Se trata de un testimonio debidamente contrastado, que reproducimos tal cual lo recibió el prelado.

“Y aquí cada vez más gente viviendo en la plaza, en el bulevar, en cada rincón de San Antonio, pasando hambre, y en el comando cada vez más presos; hay 87 detenidos, unos inocentes, otros serán culpables, pero es terrible saber que no tienen nada para comer.

El día viernes de la semana pasada, hicimos 87 arepas y las llevamos al comando para repartir a los presos. Hablé con los guardias, uno me recibió bien desde el principio, otro trato de ser déspota. Luego de ver las arepas con atún que llevábamos, me dijo: ‘Muchas gracias, señora, ¿de dónde vienen ustedes?’. Le contesté: ‘De la Basílica Menor de San Antonio de Padua’. Alzó la cabeza y me dijo: ‘Cónchale, señora, tremenda obra que están haciendo ustedes; esos muchachos llevan días que no comen nada, no tienen a nadie quien les dé, ni siquiera hay comida para nosotros los guardias’. Yo le dije: ‘¿Cuántos detenidos hay?’. Él me dijo: ‘45 hombres y 36 mujeres’.

Yo le dije: ‘Vienen 87 arepas. Ahí queda para ustedes también, compartan con los detenidos’. Y con cara sería me dijo: ‘No, para nosotros no, nosotros podemos salir y resolver, que coman ellos que no tienen ni agua para tomar’. Yo le dije: ‘Bueno, está bien’, y nos vinimos. Hoy pasé por la aduana y me encontré con el guardia, lo salude y le pregunté si alcanzaron las arepas, y me dijo: ‘Sí, señora, que Dios les pague, que obra tan grande, los presos comieron y las que quedaron nos la dieron para nosotros, ¡qué arepas tan buenas!, hasta nosotros comimos y nos fuimos a dormir sin hambre’.

Es triste saber que ni agua tienen para tomar, y ya hoy me dio otra cifra de detenidos: hay más. Oré mucho por nosotros, Monseñor, para que más gente se una a esta obra y podemos ayudar a esta gente que pide a gritos nuestra ayuda. Pedí un reverbero prestado y el mismo dueño del reverbero me dijo: ‘En qué colaboro’… y me va a dar las cinco pacas de harina para las arepas”.

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Fuente: www.periodistadigital.com/religion [1]