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República Democrática del Congo: donde las escuelas se convierten en un santuario para los desplazados forzosos

Desde hace más de dos décadas, la violencia generalizada de grupos armados, el conflicto intercomunitario, las disputas por el acceso a los recursos y a la tierra, los estados fallidos y la ausencia de mecanismos que garanticen la protección y la defensa de los derechos de la población, tienen como consecuencia que los desplazamientos en la región de los Grandes Lagos africanos sea uno de los mayores movimientos de población del continente y del mundo.

En el contexto de emergencia humanitaria crónica de la República Democrática del Congo (RDC) y de crisis política y de seguridad de Burundi, que deteriora cada vez más las condiciones de la población, los derechos básicos del menor quedan relegados a un segundo plano. Pese a su importancia, la escolarización y la permanencia no pueden suponer una prioridad para las familias en situación de desplazamiento. En ocasiones, debido a la falta de escuelas accesibles y, en la mayoría de los casos, debido a la falta de recursos.

Así, el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) trabaja con las familias desplazadas internas y refugiadas en la RDC, Burundi y Tanzania, para garantizar un futuro a los miles de menores víctimas de la convulsa realidad que les envuelve.

Tina se mudó de su Nyanzale natal, al este de la RDC, cuando estaba en cuarto de primaria, la guerra estalló y su madre se vio obligada a buscar familias de acogida para sus cinco hijos. Ella se desplazó con su abuela Kikuko, donde la violencia llegó un año más tarde, forzándolas a dirigirse a uno de los campos de Mweso. Allí entró a formar parte del programa de escolarización del SJR, que financia el cincuenta por ciento de las tasas de escolarización y distribuye kits de materiales escolares. “Gracias a SJR pude retomar los estudios. Ahora estoy en sexto de secundaria en la línea de humanidades y tengo la esperanza de poder ganarme la vida de forma digna en el futuro”.

Julie, desplazado interno desde hace cinco años en Masisi, al este de la RDC, tuvo que parar sus estudios cuando su madre viuda y sus hermanos debieron abandonar su lugar de origen a causa de la inseguridad. “Pero el curso pasado, los agentes del SJR pasaron por colegios con los nombres de los niños desplazados que viven en los campos. Mi nombre estaba en la lista y me inscribieron en la escuela. Este es el segundo curso y puedo decir que estoy verdaderamente contento con lo que el SJR hace por mí y otros estudiantes de Masisi. El SJR paga la mitad de mis tasas escolares, y eso permite a mamá gastar menos y encontrar medios para pagar también por mis hermanos”.

Otra de las líneas de trabajo del SJR en la región de Grandes Lagos es el apoyo a las escuelas y al profesorado. En Burundi, el programa apoya a cerca de 200 refugiados urbanos congoleños en la ciudad de Bujumbura y gestiona trece escuelas en cuatro campos de refugiados en Muyinga y Ruyigi, en las que facilita “las tizas, los libros y los cuadernos para los profesores, para preparar las lecciones que nos permiten estudiar muy bien. Ya no tengo miedo a examinarme porque el SJR me ayuda a estar bien preparado”, dice Thomas, un estudiante congoleño refugiado urbano de 14 años.

Lo mismo afirma Joseph, director del Instituto Angalisho de Goma, capital del Kivu Norte, en la República Democrática del Congo, que valora el impacto del apoyo del SJR tras la afluencia masiva de desplazados de guerra. “La rehabilitación de aulas y la construcción de un nuevo edificio han permitido el acceso a la educación de la juventud vulnerable que vivía en los campos de desplazados sin estar escolarizada”. “Los estudiantes desplazados de nuestra escuela, aquellos que terminan el ciclo de secundaria, están tan motivados gracias al hecho de que el SJR les apoye de cara a las pruebas nacionales, que logran aprobar de forma masiva y consiguen sus diplomas de estado para comenzar algunos la universidad y otros para iniciar su vida profesional”.

Cuando la violencia y el desplazamiento forman parte de la vida cotidiana, la escuela se convierte en refugio, en tierra de oportunidades y en ventana al mundo.

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Fuente: http://es.jrs.net [1]