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República Democrática del Congo: ¿qué podemos hacer nosotros desde casa?

Vivo en Goma, capital de la provincia de Kivu Norte en la República Democrática del Congo (RDC). El contexto de esta región es bastante complejo, ya que ha sufrido la influencia de trágicos eventos como el genocidio de Ruanda, o la primera (1996-1997) y segunda (1998-2003) guerras del Congo. Todos estos conflictos dejaron profundas heridas a nivel político, social y racial, de los cuales este lugar aún no se ha recuperado.

A parte de todos estos conflictos, si hay algo que en la actualidad caracteriza a la región de Kivu es, sin duda, el Coltan. Seguro que la mayoría de ustedes han oído hablar de este raro y valioso mineral. Se trata de una aleación metálica con unas propiedades eléctricas particulares que en la actualidad se utilizan para la producción de prácticamente todos los nuevos gadgets tecnológicos (smartphones, tablets, televisores…). Kivu tiene la suerte (o más bien la desgracia) de albergar, según algunos estudios, el 80% de las reservas mundiales de este mineral. Es por esto que, en las últimas décadas, esta región se ha convertido en uno de los puntos con mayor valor geoestratégico de todo el continente africano.

La extracción de mineral, hoy, se ha convertido en una de las principales razones de desplazamiento de personas y de incidentes violentos en la zona. Muchos grupos armados (entre Kivu Norte y Kivu Sur, hay más de 70 grupos diferentes) utilizan la explotación de las minas de Coltan como fuente de ingresos para ganar poder, armamento y cumplir con sus propias agendas políticas. La población que vive en estos lugares se ve forzada a huir de sus tierras, ya sea porque les expulsan, por la violencia que generan los grupos armados, o por la contaminación que provoca la extracción de estos minerales. Todo esto supone que solo en la región de Kivu Norte haya más de 1,7 millones de personas desplazadas internas.

Ahora llega la gran pregunta: ¿Qué podemos hacer nosotros desde casa?

Bueno, lo primero que diría es que aquellos que lean esto y les “pique el gusanillo” de la cooperación o la ayuda humanitaria, pues a formarse y a venir a terreno; es sin duda la forma más directa de aportar nuestro granito de arena para cambiar la realidad. Pero ¿qué les puedo decir a ese otro 99% de la población? Pues que aquí todos tenemos un papel. Todos nosotros llevamos un pedacito de este lugar en nuestros bolsillos, y cada vez que compramos el último modelo del “aifon” (iPhone), en muchas ocasiones estamos comprando la muerte, o la vida en condiciones de semiexclavitud de personas que extraen el mineral, así como provocando todos esos daños colaterales de los que ya hemos hablado.

¿Qué podemos hacer todos y cada uno de nosotros? Pues cambiar este modelo de consumo sinsentido en el que estamos metidos. Si cada uno de nosotros se parara a pensar unos minutos sobre la necesidad real de comprarse un teléfono móvil nuevo, cuando aún nos marcha el antiguo bastante bien, o si nos uniéramos para exigir a las empresas que sus productos tengan materiales que provengan de lugares libres de conflicto, esta realidad, poco a poco, podría cambiar. Todo esto suena muy utópico, lo sé, pero solo nosotros tenemos el poder para cambiar el mundo y convertirlo en un lugar un poquito más justo.

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Fuente: http://es.jrs.net [1]