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Revista Mensaje N° 699: «Convención Constitucional: No partimos de cero»

Pocos días después de la elección de los días 15 y 16 de mayo, nos reunimos a conversar con dos muy reconocidos abogados que han tenido una permanente participación en los debates constitucionales de importancia que se han dado en nuestro país.

Enrique Barros Bourie, abogado civilista y profesor de Derecho Civil en la Universidad de Chile, ha intervenido en ellos a través de numerosas publicaciones y también, entre otros roles, desde su posición como presidente del Centro de Estudios Públicos o del Colegio de Abogados.

Pablo Ruiz-Tagle Vial, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, ha escrito varios libros sobre temas constitucionales. Hace dos décadas comenzó a impulsar un debate público sobre la necesidad de establecer una nueva Constitución: fue uno de los impulsores de la primera iniciativa de la presidenta Michelle Bachelet.

JOSÉ F. YURASZEK S.J. (J.F.Y.): ¿Qué les dice la baja participación observada en la elección de convencionales, gobernadores y autoridades municipales?

PABLO RUIZ-TAGLE (P.R-T.): No me parece que haya sido baja la participación. La elección de convencionales y gobernadores fue inédita, por lo que es difícil hacer comparaciones. En tanto, la municipal tuvo una concurrencia mayor a las anteriores elecciones municipales con voto voluntario. Tampoco se puede comparar con el plebiscito del año pasado. Observemos el plebiscito de 1989, que fue después de una dictadura: en él votaron 6.651.000 personas, número bastante parecido al de ahora. Junto a esto, es cierto que en la decisión de ir o no ir a votar, en esta oportunidad pudo haber influido el temor a contagiarse, pues estamos en un contexto de pandemia.

ENRIQUE BARROS (E.B.): Yo, en esencia, concuerdo con Pablo en que no es posible hacer una comparación adecuada.

J.F.Y.: En todo caso, en torno a los balances sobre la participación, ha resurgido el debate sobre si reponer el voto obligatorio.

P.R-T.: Soy pragmático en lo del voto voluntario u obligatorio, aunque reconozco que hay dificultades para hacer cumplir la obligatoriedad. Como bien explica Bruce Ackerman en su libro We the People, el voto voluntario es más exigente para los políticos y refleja qué elecciones considera importantes la ciudadanía. El voto obligatorio es, conceptualmente, una buena idea al hacer patente que hay deberes cívicos, pero cuando se llega a la letra chica para hacerlo cumplir, se pueden generar distorsiones. Así, para el voto obligatorio habría que pensar en alternativas, como la de establecer incentivos. Por ejemplo, si usted votó en las últimas dos elecciones, ahora tiene mayor posibilidad de acceder a beneficios sociales.

E.B.: Un voto obligatorio tendría que aplicarse a todo el padrón y requeriría inscripción anticipada. En la mayoría de las democracias es habitual el voto voluntario. Comparto la idea de que entre voto voluntario o voto obligatorio no existe diferencia fundamental en el resultado. Personalmente, creo que la ciudadanía es un derecho y que andar imponiendo deberes de ciudadanía es más discutible. Ahora bien, sí creo que la participación ha ido a la baja y tenemos que preguntarnos por qué. Habría que ofrecer alternativas, como que las personas puedan votar en el lugar más cercano a su domicilio o por vía electrónica, lo que podría erodar la confianza.

El voto voluntario tiene la virtud de que expresa verdaderamente el interés por lo público de un momento. Y el interés por lo público que se mostró en estas elecciones es relativamente bajo. Respecto de la votación reciente, me gustaría saber la diferenciación por edades. Vale decir, en qué grupos etarios tuvieron las abstenciones mayores.

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