Revista Mensaje N° 704. «Campaña electoral: Una foto en movimiento»

Esta elección presidencial está siendo distinta de todas las que hemos tenido desde el retorno a la democracia: el libreto que dirigió nuestro devenir político simplemente se agotó y el nuevo está recién en construcción.

Carolina Tohá

16 noviembre, 2021, 1:26 pm
16 mins

Una de las cosas más peligrosas que puede sucederle a un sistema político es que la sociedad que lo alberga experimente cambios y tensiones que no se reflejen en su seno. Podríamos decir que ese es uno de los males que estamos expiando en Chile. Todo lo sorprendente y cambiante que estamos viendo en nuestro sistema político es fiel reflejo de los movimientos telúricos que hemos tenido como sociedad por largo tiempo. Y quizás se puede aventurar que una parte importante de la actual crisis política se explica por la ausencia de todas las pequeñas crisis que nos merecíamos entre 2006 y 2019, y que no tuvimos a tiempo. En esos años muchas cosas comenzaron a moverse en la sociedad chilena —nuevos actores y temas, nuevas identidades, dolores y frustraciones— y el sistema político poco cambió. Asumir los cambios no es incorporar dos o tres demandas en la agenda, sino cuestionarse la representación: el lenguaje, los liderazgos, las formas de hacer política. Eso es lo que no se movió a tiempo y ahora se mueve como agua en la batea.

El ciclo de continuidad con las dinámicas y los actores de la transición ha terminado, pero estamos aún lejos de que se estabilice un recambio. Mucho de lo que estamos viendo es todavía el látigo del movimiento con que la sociedad se sacudió de un traje que le quedaba incómodo. Y en medio de esa sacudida tenemos que seguir viviendo, tomando decisiones, eligiendo gobiernos, enfrentando pandemias y definiendo nuestra nueva Constitución. No es lo ideal, pensarán algunos, debiéramos esperar que las cosas se calmen antes de tomar decisiones importantes. Pero la historia no ha funcionado nunca así y muchas definiciones, quizás las más importantes, se han hecho cuando los cañones estaban aún calientes. Tomando toda la distancia del mundo con la metáfora de la guerra, aún nos falta reconocer que el quiebre que hemos vivido en Chile ha sido de grandes proporciones, ha tumbado legitimidades y jerarquías al por mayor, y tomará un buen tiempo para que se logre asentar una nueva estabilidad.

Todo este año de elecciones está lejos de ser el desenlace final del estallido social, es apenas uno de sus primeros capítulos, y los años por venir nos deparan todavía muchos dilemas por resolver. Más aún, el día que alcancemos una nueva estabilidad, esta será menos estable que la que conocimos antes. El conflicto dejó de ser tabú, el debate dejó de dar miedo, y es más probable que aprendamos a convivir con ellos a que descubramos la forma de sumergirlos otra vez.

El gobierno que elegiremos en las próximas semanas tendrá que hacerse experto en manejar este estado de cosas. Nadie lo es de antemano. Una sociedad en que se está disputando el sentido común no se podrá gobernar con diagnósticos ni con agendas. No bastará con la decisión de poner orden ni con la voluntad de acoger las demandas del pueblo. Se requerirá timón, pero no bastará, porque el principal peligro del próximo gobierno no es perder el rumbo, sino perder el barco: que prime la dispersión, que cada quien se suba a su bote salvavidas y deje la nave principal a la deriva. Hacer que la mayoría quiera mantenerse a bordo y confíe en que le irá mejor si remamos juntos será el principal desafío. Parece evidente que ese remar juntos solo se logrará modificando el rumbo que traíamos, y el arte está en virar sin destrozar la embarcación.

Esta elección presidencial está siendo distinta de todas las que hemos tenido desde el retorno a la democracia, y hay buenas razones para que así sea, porque el libreto que dirigió nuestro devenir político simplemente se agotó y el nuevo está recién en construcción. Nunca había pasado que los que se vislumbraban como favoritos al inicio del año quedaran fuera de carrera. Ahora pasó. Tampoco había sucedido que las coaliciones tradicionales corrieran peligro de estar fuera de la segunda vuelta, y ambas lo están. Jamás habíamos visto que un partido se desembarcara de un candidato definido en primarias y ahora lo estamos viendo, paso a paso.

Este contenido está disponible sólo para los suscriptores activos de Revista Mensaje. Si eres suscriptor, ingresa aquí, o bien, sigue aquí las indicaciones para suscribirte o renovar tu suscripción a nuestra revista.

Cientista política.