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Salir hoy a la sociedad para promover la “experiencia mística” y el “compromiso político”

1. Una consigna atractiva pero insuficiente. No hemos de olvidar la tentación siempre latente en la Iglesia, de seguir haciendo lo que siempre se ha hecho, lo que en otros tiempos nos ha servido para sentirnos dominadores y fuertes, poderosos e importantes. Es sencillamente la tentación de sobrevivir sin conversión ni transformación alguna en la Iglesia. Mientras tanto, en nuestra sociedad postmoderna, Dios se va convirtiendo de manera acelerada en una palabra sin contenido, una abstracción y, muchas veces, en un mal recuerdo a olvidar para siempre. Despertar hoy, entre nosotros una “Iglesia en salida” solo será posible con la reflexión lúcida y responsable de los teólogos y teólogas y, sobre todo, con la acción creativa y responsable de los pastores de las comunidades cristianas.

2. En salida a la sociedad postmoderna. Para promover hoy una teología para una Iglesia en salida hemos de ahondar mucho más en el conocimiento de la sociedad postmoderna, con sus tensiones, contradicciones e incertidumbres. ¿Por qué? Primero, porque si la ignoramos seguiremos haciendo una teología conceptual, formulada en un lenguaje premoderno, anacrónico e ininteligible en nuestros días. Segundo, porque si ignoramos las preguntas que emergen de la “crisis de Dios” en nuestros tiempos, no sabremos ofrecer la Buena Noticia de Dios. Solo me detengo en este último punto.

El teólogo alemán J. B. Metz considera la “crisis de Dios” como el “hecho nuclear” que está repercutiendo en la configuración del ser humano de nuestros tiempos. Esta “muerte de Dios” en la conciencia humana no es una buena noticia para nadie, pues está arrastrando a la humanidad hacia un “nihilismo” que algunos consideran “la definición de nuestra época”. La razón es clara. El filósofo mallorquín G. Amengual la resume de manera brillante: “Con la muerte de Dios no se indica solo la desaparición de la idea de Dios y la metafísica en ella fundada, sino también de todo intento de dar coherencia y sentido, fundamento y finalidad, meta e ideales: el derrumbamiento de todos los principios y valores supremos”.

No es extraño que estén emergiendo preguntas tan decisivas como inquietantes: ¿Dónde puede encontrar la conciencia humana un nuevo eje para orientar su caminar histórico? ¿Cómo detener el desquiciamiento del ser humano? ¿Qué será de las religiones?, ¿desaparecerán?, ¿se transformarán? ¿Quién podrá resolver el verdadero drama del hombre postmoderno que no parece capaz de detener la “crisis ecológica” que pone en peligro el futuro del planeta? ¿Qué hacer cuando en las sociedades más avanzadas los intereses inmediatos son más fuertes que cualquier planteamiento realista y solidario para salvar el futuro de la Humanidad?

3. Crítica de la doble tentación fundamentalista y sectaria. Ya el teólogo Juan A. Estrada nos alertó a comienzos del siglo de la doble tentación fundamentalista y sectaria del cristianismo. Al parecer, esta doble tendencia está creciendo en amplios sectores de la Iglesia que, en vez de seguir la consigna de salir al mundo actual, se esfuerzan por volver al pasado. Están esperando a que se cierre “el paréntesis de Francisco” para volver a la seguridad del pasado, convirtiendo la tradición en el pilar que suple la falta de creatividad. En el fondo de este fundamentalismo integrista hay una inseguridad generada por la carencia de una experiencia viva de Dios y una desconfianza grande en el proyecto humanizador del reino de Dios.

A esta tendencia fundamentalista se añade casi siempre la tendencia sectaria o dinámica de “ghetto”. Se busca así instaurar un entramado alternativo a la sociedad, desde el que sea posible preservar, sin cuestionamientos, el depósito de la tradición. El pasado se transforma en presente y en matriz del futuro (J. A. Estrada). Una Iglesia fundamentalista y sectaria no tiene futuro. Vive solo para ella y pierde su capacidad para anunciar la Buena Noticia de Dios a la sociedad actual.

4. Salir hoy a la sociedad para promover la “experiencia mística” y el “compromiso político”. Fue Karl Rahner quien nos alertó a promover la “experiencia mística”: “El cristiano del futuro será místico, es decir una persona que ha “experimentado” algo o no será cristiano; porque la espiritualidad del futuro no se apoyará ya en un ambiente religioso generalizado, previo a la experiencia y la decisión de la persona”. Por eso Rahner denunciaba con fuerza: “La Iglesia debe redescubrir y actualizar hoy sus propias fuerzas espirituales. Pues siendo sinceros, en el terreno de la espiritualidad somos, hasta un extremo tremendo, una Iglesia sin vida… En la Iglesia siguen predominando hoy… el ritualismo, el legalismo, la burocracia y un seguir tirando, con una resignación y un tedio, cada vez mayores por los carriles habituales de la modernidad.

Fue su alumno J. B. Metz quien abrió el camino hacia el compromiso político con su “teología política”, su crítica a “la Iglesia burguesa” de la sociedad del bienestar y su “espiritualidad de ojos abiertos”. Por decirlo de manera sencilla, las espiritualidades de inspiración oriental enseñan, sobre todo, a “cerrar los ojos” para descubrir en el silencio interior el Misterio último de la realidad. Me parece importante que J. B. Metz nos haya recordado que la espiritualidad de Jesús nos enseña además a “abrir los ojos” para ver a los que sufren, los desnutridos, los hambrientos, las mujeres violadas y las esposas asesinadas…: “Saliendo a las periferias” (Francisco) y comprometiéndonos a construir un mundo más digno, justo y fraterno.

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Fuente: www.religiondigital.org [1]