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“Se juega como se vive”. ¿Qué selección de fútbol para qué Chile queremos?

El fracaso era rotundo: Chile, después de haber participado en dos mundiales seguidos y habiendo ganado dos versiones seguidas de la Copa América, se quedaba fuera del Mundial de Rusia 2018. La desazón de los jugadores y el silencio en el camarín no tenían doble lectura. Las redes sociales explotaban buscando explicaciones, transfiriendo la rabia contenida luego de tensos 90 minutos de los cuales se esperaba otra cosa. Reaparecían los 17 millones de entrenadores, quienes designaban como máximo responsable al entrenador Juan Antonio Pizzi acompañado por el presidente de la Asociación Nacional de Fútbol, Arturo Salah, y los referentes del plantel, en especial, de Arturo Vidal. Carla Pardo —esposa del capitán Claudio Bravo— publicaba en Twitter lo que resultó ser una bomba mediática: «(…) Yo sé que la mayoría se pelaron el culo, mientras otros se iban de fiestas e incluso no entrenaban de la borrachera que llevaban. A quien le quepa el sombrero que se lo ponga y que se deje de estar llorando». Ardió Troya. El hecho deportivo pasó de la sección «Deportiva» de los medios de comunicación a la sección «Espectáculo» llegando a su máxima expresión en el contacto en directo que estableció el matinal de TVN con Pilar Lizana —suegra de Claudio Bravo— quien no solo reforzó los dichos de su hija, sino que apeló al sentido común: «Todo el mundo sabía que Arturo Vidal llegaba curao…». Vidal, que antaño se erigió de héroe y guerrero de un país entero, ahora —sin haber jugado siquiera— era el máximo culpable.

Como es costumbre «después de la batalla todos somos generales»: la prensa, las redes sociales, el transporte público, las sobremesas familiares o con amigos, los lugares de trabajo y estudio son espacios de diálogo, discusión, e incluso de contención y duelo. Se esgrimen las causas y se proponen soluciones que tienden a ser cortoplacistas. Que se perdió la identidad de juego, la humildad, la disciplina, el orden y tantas otras cosas más. Sin embargo, y tal como lo habría dicho hace más de veinte años atrás el técnico colombiano Francisco «Pacho» Maturana, «se juega como se vive».

DEL FÚTBOL (Y LA SOCIEDAD) QUE QUEREMOS

El fútbol es —o puede ser— un fiel reflejo de la sociedad que hemos ido construyendo y, por lo mismo, los tiempos de crisis en todo ámbito son una oportunidad para reflexionar y debatir acerca del tipo de sociedad que somos, el tipo de sociedad que queremos ser y, en última instancia, sobre el modelo de desarrollo que requerimos para llegar a eso.

No es casualidad que Marcelo Bielsa se haya convertido en un referente ético y político más allá de la esfera deportiva y su gestión como seleccionador nacional(1). Con el pasar de los días a la derrota en Brasil comenzaban a viralizarse por redes sociales imágenes con el rostro de Bielsa y fragmentos de conferencias y entrevistas que hablaban de la dualidad éxito-fracaso, del rol de los medios, se recordaban escenas de su estadía en Chile, etc. En tiempos de penumbra y naufragio deportivo, la figura de Bielsa —en especial, para los «viudos de Bielsa», como diría Claudio Borghi— es un faro que ilumina y da señales por dónde seguir. El entrenador argentino, así como su sucesor Jorge Sampaoli, aunque en menor medida, independientemente de sus éxitos deportivos, representaron un ideal de sociedad ávida de un relato colectivo por sobre las individualidades. La fascinación por este plan de trabajo, por un esquema futbolístico atractivo y con una propuesta/identidad de juego clara, incluso más allá de los resultados —«Chile juega de igual a igual o vamos siempre al ataque», al margen de quiénes eras los elegidos para entrar a la cancha y ejecutar ese libreto colectivo—, nos abrió la posibilidad de pensarnos y ser otra sociedad, incluyendo el reconocimiento de otros equipos y selecciones que explicitaban ese cambio en la forma de juego, actitud e identidad del equipo.

UNA MIRADA A LA SOCIEDAD PARA COMPRENDER EL FÚTBOL

Desde su origen en Chile, el fútbol ha sido parte muy relevante de la sociabilidad. Su masividad lo transformó en un fenómeno social y cultural, donde simbólicamente se expresan conflictos, esperanzas y frustraciones tanto individuales como colectivas. Ha sido un verdadero lugar de encuentro para actores de una estructura social en proceso y en busca de transformaciones, especialmente durante el siglo XX. El triunfo o la derrota simbolizan la confirmación o compensación de subordinaciones, frustraciones o resentimientos sociales locales o nacionales(2).

El Chile que comienza a gestarse en la «revolución pingüina» del año 2006 y que se manifestará con tanta fuerza en otras demandas sociales, como la educacional o la medioambiental, nos hablaron de que es posible otro Chile en el cual prime el bien común por sobre la estrechez del interés particular y el lucro de unos pocos. Se instala con fuerza el concepto de ciudadanía y la necesidad de participar en «aquellas cosas que deben ser decididas colectivamente», como diría el PNUD 2015 en su Informe «Los tiempos de la politización». Comienza a cuestionarse cada vez con más fuerza que hay determinadas esferas de la vida en sociedad que no pueden ser dejadas al libre arbitrio del mercado, ¡No al lucro!, ni tampoco pueden ser decididas por unos pocos. Se inicia un resquebrajamiento de un modelo de sociedad que entiende a las personas como meros espectadores/consumidores aislados unos de otros. Desde algunas miradas se sostiene que la matriz sociopolítica de una sociedad incide en la forma de ser de sus ciudadanos, produciendo un tipo de subjetividad propio de cada momento histórico-social, lo que en el caso del Chile de las últimas cuatro décadas se expresaría en la «subjetividad del neoliberalismo avanzado»(3), marcada por un fuerte individualismo y desconfianza del otro, en tanto posible adversario en una sociedad donde la competencia y la acción individual determinan el bienestar a lograr en la vida.

En los últimos años se vislumbra la necesidad de nuevos modos de relacionarnos que entran en tensión con el modelo de sociedad instalada y consolidada con el neoliberalismo. Se anhela una sociedad más inclusiva, justa y democrática(4), pero una buena parte de las personas continúan relegadas a su espacio privado con temor al otro diferente criticando el modelo desde el anonimato y, en el fondo, con ciertos grados de conformidad con el mismo.

UNA MIRADA AL FÚTBOL PARA COMPRENDER LA SOCIEDAD

El fútbol puede ser visto como una forma para narrar identidades colectivas(5). «Dime qué equipo te gusta y te diré cómo eres… Este deporte ha vivido cambios similares en los cuales se pueden percibir las ambivalencias propias de nuestra sociedad. No es casualidad que su devenir haya transcurrido de la mano con los distintos acontecimientos político-sociales-económicos de la historia de Chile. Entran en tensión dos ideas. La primera es la del Hincha-ciudadano, que quiere participar de las decisiones de su equipo, adhiriendo a los principios que promueven el fútbol colectivo por sobre el énfasis en los resultados. La segunda, la del hincha-consumidor, el cual deambula cooptado por las lógicas del mercado, teniendo esta una clara expresión en la «Marea Roja» que acompaña a la selección como feligrés de una nueva secta(6), que, si bien asume en carne propia un relato colectivo que otorga una identidad común, no pasa más allá de la brutalidad de los nacionalismos y de una obsesión por los resultados «a como dé lugar». Por eso cobra sentido recordar la frase de Albert Camus «la Patria es la selección de fútbol».

LA PRECARIEDAD DEL DEPORTE AL RITMO DE LAS «GENERACIONES DORADAS»

Lo acontecido en torno al último partido de la selección chilena en las clasificatorias, en Brasil, desnudan la precariedad de entender el fútbol —y los deportes, en general— desde la lógica de las llamadas «Generaciones doradas». Sin la necesidad de remontarse a muchos años atrás, la sociedad chilena giró en torno al tenis durante al menos diez años. Lo que generaba el talento «innato» de Marcelo Ríos y la capacidad de lucha, sacrificio y fortaleza de Nicolás Massú y Fernando González fue notable. Los niños y niñas querían parecerse a ellos, practicaban tenis en los pasajes de los barrios y era tema ineludible en las conversaciones. Los Presidentes querían sacarse fotos con ellos, eran recibidos en La Moneda y todo el mundo hablaba del desarrollo del tenis chileno. Sin embargo, el boom del tenis chileno duró lo que dura el éxito en la carrera de un tenista. Con la selección adulta de fútbol chileno podría ocurrir lo mismo. Ya se habla del fin de una época exitosa, del término de la «Generación dorada» y se pone especial atención a qué medidas se deben tomar de manera inmediata para recuperar la senda del triunfo. Sin embargo, pocas reflexiones públicas se fijan en lo precario que es depender del talento y esfuerzo individual como principal herramienta, pues así se individualizan los resultados, como también los culpables.

Lo sucedido en Brasil nos da pie para pensar que el equipo desnudó la ausencia de un proyecto colectivo, de una idea/sueño compartida por todos, independientemente de quién entraba a la cancha. El episodio Esposa-Suegra de Bravo, Capitán de la selección, transparenta la debilidad del relato construido en común, aunque de tanto en tanto los jugadores publicaran en sus redes sociales fotos del colectivo con frases para el bronce. Al parecer no estaba tan consolidado el «Equipo de Todos» que a la primera gran derrota luego de un período de éxitos, mostró divisiones en su interior, las mismas divisiones que a modo de espejo se reflejaron en los hinchas y en esa marea roja que parecía dividirse en lamentos, frustración y búsqueda de responsables.

EL ROL DEL ESTADO Y LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

En medio del debate generado por la derrota en Brasil, uno de los análisis con mayor profundidad y agudeza crítica lo aportó Nicolás Córdoba, actual entrenador de Santiago Wanderers y ex seleccionador sub 20. Él apuntó mediante redes sociales que «no se está dando énfasis al problema de fondo, pues solo importa el mediano plazo y quién será el próximo DT y qué jugadores van a continuar (…). A mi juicio, no tenemos un plan de desarrollo para potenciar lo que evidenció el proceso liderado por Marcelo Bielsa considerando nuestras características (…)», mencionando la necesidad de que Chile adopte medidas similares a las adoptadas por España, Portugal, Japón y Alemania, que requieren un trabajo a mediano largo plazo que responda a las características y potencialidades existentes en nuestro país. En sintonía con ello son los pasos agigantados de China que han decidido asumir el fútbol como política de Estado a mediano y largo plazo, poniéndose como meta ser una superpotencia al 2050(7).

A partir de esto cabe preguntarse, ¿qué rol juegan el Estado y las políticas públicas para el desarrollo del fútbol y todo deporte? Esta crisis debiera llevarnos a cuestionar el modelo de desarrollo que queremos como país para nuestros deportes y quiénes son los principales responsables de ello. Vivimos en un tiempo privilegiado para preguntarse y evaluar si el modelo privatizador en el fútbol es lo más propio y conveniente, o se requiere transformar de raíz la cultura para desde allí potenciar nuestras capacidades.

Si consideramos que los deportes y el fútbol son elementos dinamizadores de la sociedad, entonces habrá que generar políticas públicas consistentes que reflejen un acuerdo transversal que hable de un proyecto colectivo del fútbol que queremos, que se inserta en el ideal de sociedad que queremos. Habrá que aclarar qué fútbol para qué sociedad queremos: ¿un fútbol que refleje el interés y proyectos colectivos por sobre las individualidades? ¿Un fútbol basado en la aparición de individualidades, astros y generaciones doradas, que se erigen como íconos del esfuerzo/mérito/talento individual para lograr el triunfo? ¿Un fútbol como herramienta para el desarrollo humano integral (físico, trabajo en equipo, dimensión comunitaria, etc.)? Y, quizás desde allí, podremos conversar y debatir como país qué sociedad es la que queremos. MSJ

(1) Una muestra muy sugerente de ello es la entrevista concedida por Cristián Warnken a la revista The Clinic en la que se considera un «viudo de Bielsa» y «Bielsista Leninista», planteando que un punto de inflexión de la crisis ética en Chile es la salida de Marcelo Bielsa como seleccionador nacional de fútbol: http://www.theclinic.cl/2017/10/15/cristian-warnken-pinera-seria-malo-pais-retroceso/ [1]
(2) Santa Cruz, E (2003), «Fútbol y nacionalismo de mercado en el Chile actual» en «Futbologías: Fútbol, identidad y violencia en América Latina», CLACSO, Buenos Aires.
(3) Ruíz, C. y Boccardo, G. (2014), «Los chilenos bajo el neoliberalismo. Clases y conflicto social», El Desconcierto, Santiago.
(4) PNUD (2017) «Desiguales», Santiago.
(5) Guerrero, B. (2006), «Fútbol en el Norte Grande de Chile: Identidad nacional e identidad regional», revista Ciencias Sociales, Universidad Arturo Prat, Nº 16, pág. 11.
(6) Guerrero, B (2017), «La Marea Roja: apuntes tardíos etnografía futbolera», en http://www.loimparcial.cl/la-marea-roja-apuntes-tardios-etnografia-futbolera/ [2]
(7) El presidente de China, Xi Jinping, lidera un Plan cuyo objetivo es que China se convierta en superpotencia en el fútbol mundial. Según esta política de Estado, para el año 2020 el equipo masculino debería convertirse en el mejor de Asia, mientras que el femenino debería estar entre los mejores del mundo. Más a largo plazo, para 2050, China desea ser «una superpotencia futbolística de primera clase que contribuya al mundo del fútbol internacional», organizando una Copa del Mundo y siendo el primer campeón asiático de ella. Además, habrá equipos en cien ciudades del país consolidando el trabajo desde categorías infantiles y juveniles. Un documental muy completo sobre ello es el realizado por ESPN que se titula «Despierta el Gigante».

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Fuente: Artículo publicado en Revista Mensaje n° 664, noviembre de 2017.