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Tailandia: educación para la resiliencia

Imagina el alboroto de niños jugando y gritando en un patio de escuela, la campana repicando, anunciando el inicio de las clases. Para muchos solicitantes de asilo y refugiados en Bangkok ha pasado mucho tiempo desde que oyeron estos sonidos. Algunos ni siquiera los han escuchado.

En áreas urbanas como Bangkok, el acceso a la educación es un problema serio para los niños y jóvenes solicitantes de asilo y refugiados. Tailandia no es signataria de la Convención para los refugiados de 1951. Sus políticas no distinguen entre la población solicitante de asilo/refugiada de otros migrantes indocumentados. A los refugiados y solicitantes de asilo en Tailandia se les considera residentes ilegales. Los padres temen ser detenidos si llevan a sus hijos a la escuela. En consecuencia, la educación es inaccesible para muchas niñas, niños y jóvenes.

Además, no todos los niños y niñas solicitantes de asilo y refugiados pueden acceder a la educación tailandesa, ya que hay barreras como el idioma y la falta de recursos. De hecho, los niños y las niñas de entre 15 y 17 años se quedan al margen al no poder integrarse en las escuelas públicas tailandesas, donde a menudo se les ubica en los cursos más bajos debido a su precario dominio del idioma tailandés.

Como resultado, tienden a ser excluidos de la educación durante sus años formativos en Bangkok. Esto plantea preocupaciones sobre su protección y bienestar psicosocial. Y para empeorarlo aún más, está el hecho de que no hay apoyo para su educación formal y no formal cuando llegan a adultos.

El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) cree que la educación es una intervención que salva las vidas de estos niños y jóvenes que se han visto desplazados de sus hogares por la fuerza. El JRS trabaja sobre el terreno, organizando actividades educativas para curar traumas, promover la dignidad humana y desarrollar habilidades.

El JRS siempre ha puesto énfasis en garantizar que los más vulnerables tengan acceso a una educación, independientemente de sus circunstancias. Es por eso que el JRS-Tailandia lanzó el Proyecto de Educación Urbana para Refugiados en enero de 2017. Su enfoque principal es ayudar a aquellos que están excluidos de los servicios educativos existentes en el país.

El proyecto ofrece formación en habilidades, que incluye cursos de idiomas y de formación profesional. Estos se ofrecen a los jóvenes, con un enfoque especial en los menores no acompañados que dependen de sí mismos para la supervivencia diaria. El JRS los reconoce como particularmente vulnerables.

Una joven llamada Fátima, entrevistada para este artículo, es un caso típico de muchos estudiantes del proyecto. Ella lleva refugiada en Bangkok muchos años. Con el apoyo del JRS, Fátima está aprendiendo inglés, tailandés y costura.

“Mi clase favorita es el inglés. Es muy útil para comunicarse con las personas. Es el segundo año que lo estoy aprendiendo. Me gustaría continuar estudiándolo después de finalizar el programa”.

Fátima pone mucho interés en aprender idiomas. Hablar tailandés es un puente a la integración en la sociedad local. Saber tailandés permite forjar una relación y conocer a la comunidad local de manera amistosa. Fátima también está muy interesada en aprender inglés ya que está esperando su traslado a un tercer país.

Además del estudio del idioma, está inscrita en un curso de costura. Es una de las clases de formación profesional que ofrece el proyecto, junto con informática, peluquería y salón de belleza.

“Me gusta la clase de costura. Tengo que ser muy precisa con las medidas. Ya hice un velo, una falda y un top. Si tuviera mi propia máquina de coser, podría usar mis habilidades para ganar dinero”.

También nos reunimos con la Sra. Sita, la profesora de inglés del Proyecto Urbano de Educación (UEP). Ella nos compartió sus puntos de vista sobre la enseñanza.

“Me gusta enseñar en este proyecto. La enseñanza aquí me ha dado la oportunidad de reunirme con personas de diferentes nacionalidades que vienen de culturas y contextos diferentes. Antes de trabajar para este proyecto, no sabía mucho sobre los refugiados o las razones por las que vinieron aquí. Ahora que los he conocido, sé lo curiosos que son y lo ansiosos que están por aprender más. Quiero apoyarlos en su vida mediante la enseñanza del inglés. Quiero ayudarlos, en lo que pueda”.

Hoy, más de 75 millones de niños y jóvenes han visto su educación interrumpida por emergencias y crisis prolongadas. Con acceso a una educación de calidad, las personas como Fátima pueden realizar mejor su potencial y contribuir plenamente al crecimiento, la fortaleza y la estabilidad del mundo.

*Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad.

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Fuente: http://es.jrs.net [1]