11 motivos por los que nos cuesta dar razón de nuestra fe

Valorar toda la riqueza que el cristianismo tiene en su propuesta.

Pablo Martín Ibáñez

05 febrero, 2021, 1:50 pm
2 mins

1. Porque tenemos miedo a que nos excluyan. En muchos movimientos y parroquias se propicia una especie de síndrome del perseguido, poniendo en guardia a los cristianos «contra el mundo».

2. Cuando la realidad es que el mundo nos ignora (hablo de Occidente y de España en concreto). Es decir, nuestro miedo es infundado.

3. Porque no queremos dar la nota. Ser el capillitas, el beato, el mojigato.

4. Porque nos da vergüenza. Afirmarse de manera distinta a los pensamientos dominantes te señala.

5. Y no estamos bien preparados. Las clases de religión, la catequesis y las propuestas formativas hoy, muchas veces no nos ayudan a dar razón de nuestra fe. Muchos cristianos (jóvenes, sí, pero también adultos), no sabemos explicar por qué estamos a favor de la vida, o por qué celebramos los sacramentos.

6. Ni siquiera muchas veces sabemos en qué creemos. Muchos cristianos no sabemos cómo se organiza la Iglesia católica, en qué nos diferenciamos de otras confesiones, qué dicen las escrituras o qué enseña el Magisterio de la Iglesia en, por ejemplo, doctrina social.

7. Y esto nos impide valorar toda la riqueza que el cristianismo tiene en su propuesta.

8. Porque no nos lo creemos. Porque en realidad ser cristiano es creer en muchas cosas que hoy no son fáciles de creer: el Amor auténtico que lleva a dar la vida, la confianza en Dios, el desapego material, la austeridad económica frente al despilfarro, la comunidad frente al individualismo y la responsabilidad individual frente al corporativismo igualitarista, por ejemplo.

9. Porque dar razón de la fe exige que seamos más auténticos en la vivencia de la misma. Y en un mundo que invita al hedonismo constante, negarse a uno mismo en pos del bien común no es fácil.

10. Porque nos da pereza. Porque explicar las cosas y ser propositivos necesita de nosotros paciencia (con nosotros mismos y con los demás).

11. Y también da pereza ser creativos. Muchas veces tenemos anclados lenguajes y formatos ya vacíos, anticuados o, por qué no decirlo, rancios.

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Fuente: https://pastoralsj.org

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