La Ascensión expresa el poder de Dios que nos eleva por encima de miedos, tristezas y muertes.
Entusiasma ver cohetes elevarse hacia la Luna. ¿Qué impacto o significado tiene contemplar la ascensión de Jesús para nuestra vida en la Tierra? Jesús regresa al Padre y se acaban los relatos en los que Él se deja ver como Resucitado. Sin embargo, Cristo no abandona: precede. No se aleja: abre un camino que antes no existía.
Jesús regresa al Padre y se acaban los relatos en los que Él se deja ver como Resucitado. Sin embargo, Cristo no abandona: precede.
Por eso lo que celebramos no es una partida, sino la culminación de su misión. Jesús no solo asume plenamente la condición humana; desciende hasta sus «infiernos» para redimir nuestras heridas y oscuridades más profundas; para derrotar el pecado y la muerte. Más aún: al ascender, Cristo lleva todo lo que somos como humanos al nivel supremo de la vida Trinitaria y eterna del Amor. Tal es el «Cielo» al que nos conduce.
Pero lejos de arrancarnos de la Tierra, la fe en Jesús y su Ascensión hacen concreta la esperanza de que, viviendo comprometidos por un mundo mejor, podemos también «subir» como Jesús, plena y humanamente, al abrazo del Padre en el Espíritu Santo: cuya presencia y venida es garantía de que Dios no nos deja nunca.
La Ascensión expresa el poder de Dios que nos eleva por encima de miedos, tristezas y muertes. También es promesa de que así como Él nos crea del polvo de la Tierra, su destino para nosotros es el Cielo de vivir desde ya —en cuerpo, alma y espíritu— unidos a Él y a todos los seres queridos que ya «ascendieron» definitivamente a Dios. Su amor, que es más fuerte que la muerte, eleva nuestra mirada a lo alto y fortalece nuestros pies para seguir caminando movidos por su Espíritu.
Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.