Abrazar la fragilidad con esperanza

La fiesta de la Santísima Trinidad nos envuelve y nos revela que es posible construir relaciones interpersonales de igualdad y equidad.

AMBIENTACIÓN

Hoy quiero abrir mi vida para encontrarme contigo, Jesús. Aquí están mis preocupaciones, mis miedos, mis angustias y mis anhelos más profundos. Quiero quedarme a solas contigo para escuchar tu voz en el silencio, para aprender de tus palabras, de tu ternura, de tus gestos y de la misericordia de tu mirada. Hoy quiero hacer silencio para descansar en tu corazón, como un niño/a en brazos de quien lo cuida, envuelto en una confianza plena. Siento que mi corazón necesita paz, necesita de aliento y de tu esperanza para no desfallecer ante tanta adversidad. Quiero dejarme transformar por ti, para aprender, como tú, a amar sin límites. Puedes escuchar la canción «Dame, Señor, tu mirada»: https://www.youtube.com/watch?v=uoxvnx8AQJs

LECTURA. ¿QUÉ DICE EL TEXTO? – JN 3, 16-18

¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a Él. Para quien cree en Él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios.

MEDITACIÓN. ¿QUÉ ME DICE EL TEXTO?

Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, desde esta dinámica relacional–fraterna y sororal del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, quiero invitarles a que nos aproximemos con un corazón compasivo y a qué nos arriesguemos a pasar a la otra orilla. A mirar con esperanza y apertura nuestras relaciones interpersonales, esas que construimos en los lugares y contextos donde generamos vida.

La fiesta de la Santísima Trinidad nos envuelve y nos revela que es posible construir relaciones interpersonales de igualdad y equidad, donde nos reconocemos y acogemos como seres en proceso de transformación, con capacidad de conectar con la herida y la pequeñez de nuestro hermano, nuestra hermana. ¿Por qué nuestras relaciones interpersonales son muchas veces rígidas y cargadas de mecanismos de protección?

Construir vida con otros/as nos conecta con nuestros vínculos primarios, con quienes nos cuidaron en los primeros años. Nos lleva a reconocernos seres frágiles, necesitados de abrigo y cariño. Como la Santísima Trinidad, que se abraza y sostiene para irradiar Esperanza a nuestro mundo necesitado de reconciliación y comunión. ¿Qué guardas en tu corazón que no te deja amar ni perdonar?, ¿cómo buscas crear comunión en el lugar donde estás?, ¿cómo respondes a la indiferencia, la violencia, invisibilidad latente en cualquier relación?

Hoy es urgente movilizar nuestra interioridad para elevar la Esperanza y acoger la invitación del Evangelio: «Tanto amó Dios al mundo, que envió a su Único Hijo, para que quien cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna». Dios Padre y Madre nos ofrece «Vida Eterna». Con este gesto de amor incondicional nos recuerda que su compasión y su clemencia no tienen límite. Reconociendo nuestra necesidad, nos ofrece dignidad, coloca su corazón en nuestra vulnerabilidad y desde ahí nos reconstruye. ¿Estás dispuesto, estás dispuesta a dejarte reconstruir por el amor incondicional de la Santísima Trinidad y de tus hermanos/as con quienes compartes tus proyectos y sueños?

Es urgente movilizar nuestra interioridad para elevar la Esperanza y acoger la invitación del Evangelio: «Tanto amó Dios al mundo, que envió a su Único Hijo, para que quien cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna».

Cada día estamos expuestos/as a situaciones de riesgo. En nuestro mundo percibimos realidades que nos deshumanizan y que a veces nos hacen creer que tenemos que ser «violentos/as» para sobrevivir  en nuestros territorios. Te invito a mirar y a traer a tu oración la vida de tantas mujeres que son abusadas sexualmente, y algunas de ellas pierden la vida en silencio, sin que nadie denuncie o pida justicia. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en estas realidades concretas, experimentan un dolor profundo y nos invitan a abrazarnos para resistir.

Con el corazón agrietado, sigamos diciendo que «Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a Él». ¿Qué lugares sagrados buscas construir y habitar? ¿Qué piensas de las personas que luchan para llegar a un puesto, y si no llegan sienten que no son nadie? Recuerda:  Dios nos sigue sanando, nos sigue liberando de nuestras miradas egoístas, narcisistas y a veces patológicas. Ese amor de Padre y Madre es inmerecido, es puro regalo. La comunión de la Santísima Trinidad nos envuelve y mantiene en esta Comunión con el cosmos.

Te invito hoy, más que nunca, a mirar con Esperanza y resistencia para seguir adelante. Porque cuando la oscuridad llega, no logramos vernos como hermanos/as. Nuestros ojos y nuestros corazones se pueden llenar de rencor, ira, resentimiento; a veces debemos disociarnos parar resistir ante tanta indiferencia que persiste en nuestras relaciones. No temas; Dios nos recuerda que solo en su Hijo Único encontramos felicidad, que no hay juicio para quien cree en Él. Solo nos pide una vida coherente, ser capaces de promover la reconciliación, reconociendo que el otro y la otra necesitan de mi presencia humana, frágil y cercana.

ORACIÓN. ¿QUÉ ME HACE DECIRLE A DIOS?

Gracias, Padre y Madre por tu amor sin fronteras. Nos entregaste a Jesús para salvarnos. Hoy quiero acogerlo con fe y vivir sin miedo, sabiendo que en Él tengo vida eterna. Amén.

CONTEMPLACIÓN. ¿QUÉ ME DA A CONOCER?

Busca un lugar cómodo y vuelve a leer pausadamente el Evangelio. Acoge cada frase, cada palabra. Percibe cómo Dios entrega a su Hijo Único a la humanidad por Amor. Mira a Jesús: cómo acoge nuestras heridas y las reconstruye con ternura y composición. Escucha, acoge y saborea esa presencia humanizadora de Jesús para con su pueblo.

COMPROMISO. ¿QUÉ CAMINO DE VIDA ME INVITA A TOMAR?

Jesús de Nazaret, desde esta frontera de mi propia seguridad, te expreso mi disponibilidad para seguir caminando contigo. Estoy dispuesta a seguir aprendiendo a tu lado, aunque a veces perciba que la indiferencia y la incomodidad persisten cuando escucho tu nombre.


Imagen: Pexels.

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