Alegrarnos por el otro

Es triste que no seamos capaces de alegrarnos cuando un compañero tiene un éxito. Es muy significativo cómo nos fijamos en los ínfimos errores de un proyecto y obviamos las grandes luces del mismo.

Pablo Guerrero sj

11 enero, 2021, 12:53 pm
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Existe una serie de figuras de la mitología y literatura griegas que son «del dominio público» y que forman parte de nuestra cultura. Las usamos en nuestras conversaciones, la psicología o la filosofía las han adoptado para comprender la naturaleza humana, para describir maneras de enfrentarse con la realidad, para dar nombre a estados de ánimo, síndromes, trastornos, etc. Nombres como Edipo, Narciso, Antígona, Prometeo, Electra, Ícaro, Orfeo o Teseo forman parte de nuestra vida cotidiana y, en no pocas ocasiones, utilizamos sus nombres. Sin duda el más mencionado es el pobrecito que, encantado de haberse conocido, se enamoró de su imagen reflejada en el agua.

Hay una figura menos conocida, pero cuya historia puede sernos de utilidad en los tiempos que corren, se trata de Damastes. Si bien ese era su nombre real, pasará a la historia por su apodo: Procusto. Era hijo de Poseidón, de gran estatura y fuerza, y tenía una posada en una encrucijada de caminos en la ciudad de Eleusis. Procusto recibía a sus huéspedes y les obligaba a acostarse en una cama de hierro. La longitud de esa cama era muy importante porque quien no se ajustara a ella, tenía un desdichado fin. Si el huésped era de corta estatura, Procusto (que significa «el que estira») le descoyuntaba, estirándole las piernas, hasta que su talla se adaptara a la cama. Si, por el contrario, su estatura sobrepasaba las dimensiones de la cama, Procusto serraba los pies del visitante. Por aquello del karma, Procusto morirá a manos de Teseo, precisamente torturado en la misma cama en la que él «medía» a sus víctimas.

Puedo estar equivocado (aunque, para ser sincero, debo decir que creo que no) pero cada día veo a mi alrededor más camas de Procusto. En el ámbito de la política, la economía, la educación, los medios de comunicación, la moda… y también en la Iglesia, no vayamos a creer que somos puros e inmaculados, al fin y al cabo, «nada humano nos es ajeno».

Es curioso cómo parece molestarnos que alguien destaque y sobresalga de la cama que tengo preparada. Es triste que no seamos capaces de alegrarnos cuando un compañero tiene un éxito. Es muy significativo cómo nos fijamos en los ínfimos errores de un proyecto y obviamos las grandes luces del mismo. Esto ocurre en la política, en las empresas, en los ámbitos educativos… y también en las instituciones eclesiales.

Gracias a Dios, no solo estamos rodeados de camas de Procusto. Es más, me atrevería a decir que son mayoría las personas que son capaces de reír con el que ríe, de alegrarse con quien tiene un éxito, de celebrar un gran proyecto, de admirar al compañero que hace un buen trabajo. ¡Cuánto necesitamos hoy de esta capacidad de alegrarnos por el otro! Lo necesita nuestra Iglesia, es decir, nuestras instituciones, nuestras congregaciones religiosas, nuestros movimientos, nuestras comunidades cristianas… Y lo necesita la sociedad, lo necesitamos todos. Si alguien hace bien las cosas ¿verdaderamente no puedo alegrarme si ese «alguien» vota a un partido que es diferente al mío? Si alguien se equivoca ¿tengo que frotarme las manos si es de «los otros»? Si un compañero o un familiar tiene un éxito profesional o personal (académico, pastoral, deportivo, editorial, familiar, económico, etc.) ¿tengo que morirme de envidia (por mucho que la disfracemos) y acostarle en la cama de Procusto?

Pienso que es necesario pensar bien de las personas y creer, con honestidad, que esa persona que ríe, que tiene un éxito, que ha hecho un gran trabajo, si es íntegra y buena, esa noche, antes de dormir, recordará las palabras del Maestro y las pronunciará con corazón agradecido y con la conciencia de que todo lo ha recibido y que, lo que hace, lo hace para los demás. Recordará esas palabras que, ojalá, todos hayamos pronunciado, alguna vez, con total sinceridad: «siervos inútiles somos y hemos hecho lo que teníamos que hacer».

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Fuente: https://pastoralsj.org

Jesuita español. Escribe para Pastoralsj.