La Ruah, ese aliento de Dios en nosotras, nos dará la fuerza, hará fecundo lo estéril, y podremos profetizar con esa sabiduría encarnada en Jesús.
En Mujeres Iglesia, hemos recitado y cantado tantas veces «Ruah, Ruah, aliento de Dios en nosotras». En este domingo de Pentecostés, quisiera preguntarnos: ¿qué significa esta potente aseveración en nuestro días?
Dicen que después de la Pascua, los discípulos y las discípulas estaban escondidos por miedo. No sabían lo que ocurría hasta que el mismo Jesús se les aparece y los calma: «La paz esté con ustedes». ¡La paz esté con ustedes! Las primeras hermanas y los primeros hermanos discípulos tienen que haber abierto tamaña boca… Tienen que haberse asustado aún más, y solo cuando escuchan su voz, y cuando ven y reconocen las heridas causadas en la crucifixión, lo reconocen y empiezan a calmarse.
Y nosotras hoy, en este año 2026: ¿Estamos escuchando la voz de Jesús? «La paz con ustedes». ¿Está su paz con nosotras hoy también? La Ruah, aliento de Dios en nosotras, ¿la sentimos? ¿Sentimos ese «fuego que prende en la historia, en el centro, y en los márgenes», como dice la canción? ¿Estamos nosotras con esa paz, con ese fuego?
Miremos… La historia nos ha mostrado cómo desde los inicios hay quienes nos han querido escondidas, asustadas y temerosas de hacer verdad lo que Jesús siempre nos demostró con su actuar: somos iguales en dignidad y compromiso, todas y todos, creación a imagen y semejanza del Dios de la Vida. Sacerdotisas, Profetas y Reinas.
Somos iguales en dignidad y compromiso, todas y todos, creación a imagen y semejanza de Dios de la Vida.
Hoy reflexionamos sobre la venida del Espíritu Santo que Jesús nos prometió. La Ruah, aliento de Dios en toda la humanidad, en toda la creación. Hoy, quiero dar gracias a tantas mujeres y hombres que no han tenido miedo en reconocernos Sacerdotisas, Profetas y Reinas, como enseñó el mismísimo Hijo de Dios.
Todas ellas y ellos han hecho que la sabiduría encarnada en Jesús se actualice en lo nuevo y que esta forma de vivir la fe se haga realidad en la historia. La piedra fue removida y María Magdalena nos trajo la noticia: «No está… ¡Resucitó!». Ese hecho nos abrió el camino a un nuevo futuro, a una nueva forma de convivencia.
Es una convivencia que supera la muerte. Jesús bajó a los infiernos y le ganó a la muerte; descendió al infierno, a nuestros infiernos, y al tercer día resucitó y le dio vida nueva a tantas y tantos. Así, cada vez que estamos o nos sentimos en el infierno podemos con confianza pedir al Espíritu Santo, al Espíritu de Jesús: ¡Ven, ven! Y descubriremos que el infierno es todo aquello que está despegado del plan de Dios, y que la paz de Jesús nos saca de ese infierno. Reconoceremos que solas, solos, no podemos, y por eso pedimos al Espíritu Santo: ¡Ven, ven! ¡Ven, ven, Ruah, aliento de Dios, te necesito! Así, toda la Iglesia debiera bajar y llamar al Espíritu, tanto el pueblo de Dios como la jerarquía debería bajar con Jesús al infierno y subir renovada, viva, llena de la Ruah, inundada del Espíritu Santo.
Pero, después, toca permanecer. No podemos pedir al Espíritu Santo ¡ven, ven! y después no hacer nada con ese tremendo don de Dios. Tampoco pongo bencina en mi auto para dejarlo guardado en la casa. No, lo preparo para irme. No puedo cantar «Ruah, aliento de Dios en nosotras» y luego quedarme en casa sentada sin hacer cambios en mi vida. ¡Superemos el miedo, la duda, la desconfianza e ira, para gritar desde los tejados lo que se nos dijo al oído. Así la Ruah, ese aliento de Dios en nosotras, nos dará la fuerza, hará fecundo lo estéril, y podremos profetizar con esa sabiduría encarnada en Jesús. En nuestras casas, calles, organizaciones, parroquias. Con los adultos mayores, las niñas, los jóvenes, los políticos, las sindicalistas, las parlamentarias, los gobernantes. Allí, podremos defender al empobrecido, reclamar la justicia, y decir como Jesús: «La paz con ustedes». Así, la creación entera danzará y entonará un canto alegre y daremos alabanza eterna a nuestro amante Dios. Amén.
Fuente: Mujeres Iglesia Chile / Imagen: Pexels.