Birmania: Los motivos para enseñar en una zona afectada por el conflicto

El Servicio Jesuita a Refugiados y sus contrapartes están priorizando las necesidades educativas.

Servicio Jesuita a Refugiados

26 noviembre, 2019, 1:11 pm
6 mins

«La enseñanza me hace feliz porque puedo compartir mis conocimientos con niñas y niños deseosos de recibir una educación, y, en especial, cuando veo la sonrisa en la cara de los estudiantes en clase. Quiero mejorar mis habilidades pedagógicas tanto como sea posible».

Ja Aung enseña matemáticas a estudiantes de tres niveles diferentes. Comenzó hace dos años tras graduarse de un curso de formación de maestros auspiciado por el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS).

Cuando empezó a trabajar, se encontró ante múltiples desafíos. El mayor de ellos —dice Ja Aung— fue la comunicación. “La escuela está situada en la frontera entre China y Birmania, donde los estudiantes hablan diferentes dialectos del Kachin. Me adapté escuchando atentamente y luego aprendí el idioma gracias a los niños y a otros maestros”.

Otro problema fue el pequeño salario que recibimos las maestras y maestros voluntarios. Ja Aung dice que «es difícil vivir con esta paga, sobre todo, por la alta inflación y la gran diferencia de valor entre el kyat birmano y el yuan chino. Sin el generoso apoyo de la comunidad, especialmente de los padres de los estudiantes, no se podrían garantizar unas comidas diarias adecuadas».

Durante el año, Ja Aung no solo forjó estrechas relaciones con sus alumnos, sino también con los otros docentes, los padres y la comunidad de desplazados internos del campamento. «Los padres de los estudiantes y la gente del campamento de desplazados internos fueron amables. A veces, venían a visitar a los maestros y me preguntaban si continuaría enseñando aquí el próximo año. Soy feliz con mi trabajo. Me siento muy orgullosa de que el 80% de mis alumnos aprobaran los exámenes».

Según Ja Aung, los maestros también tienen problemas con las diferencias entre el plan de estudio de las escuelas del campo de desplazados internos y el de otras partes de Birmania. Además, el gobierno nacional no reconoce la educación proporcionada por las escuelas en las NGCA.

“Para dar respuesta a la falta de docentes en todo el país, así como para promover la educación multilingüe basada en la lengua materna, el gobierno birmano debe desarrollar una política y facilitar un camino para que las maestras y los maestros comunitarios capacitados y experimentados se conviertan en docentes reconocidos/certificados por el Estado para que puedan seguir sus carreras profesionales en escuelas públicas».

El Curso de Formación Docente (TTC) de la Comisión Diocesana para la Educación (CDE) y el JRS ya se está implementando para la sexta hornada de estudiantes desde que comenzó el programa. El programa de capacitación docente de nueve meses de duración ofrece maestras y maestros voluntarios cualificados, fomentando de esta manera el acceso a la educación de calidad a los niños desfavorecidos en aldeas remotas afectadas por los conflictos. En coordinación con las parroquias, la Comisión Diocesana para la Educación (DCE) selecciona jóvenes que desean ser voluntarios como maestros y maestras y los capacita en coordinación con el JRS. Los voluntarios son enviados a campamentos de desplazados internos y a aldeas remotas afectadas por conflictos.

“Tengo la suerte de haber recibido la formación docente organizada por el JRS y la DCE en Myitkyina. Me ayudó a aprender a enseñar. Cuando me convertí en maestra voluntaria, tenía solo 19 años. Era joven y no sabía mucho sobre la vida. Aunque yo misma fui una desplazada interna, durante mi primer año de voluntariado en el campamento me preocupé más por la vida de las personas en los campamentos y por la educación de sus hijos. Eso estimuló mi voluntad de enseñar en áreas remotas y afectadas por conflictos. Así que decidí continuar mi servicio durante el siguiente año académico (2019-2020). Creo que la escuela es necesaria para desarrollar un país y el futuro de los estudiantes».

Los ingentes esfuerzos de Ja Aung no pasaron desapercibidos al director de la escuela, por lo que fue elegida entre los maestros para recibir los premios de modelo a seguir.

Más de 97 mil personas desplazadas en el estado Kachin por el conflicto armado permanecen en campamentos o en condiciones de refugio. Las niñas y los niños representan al menos el 50% de esta población. Aparte, hay muchas áreas remotas y afectadas por conflictos donde los niños no pueden disfrutar del acceso a oportunidades educativas. Esta es la razón por la cual el JRS y sus contrapartes en Birmania están priorizando las necesidades educativas.

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Fuente: https://jrs.net

El Servicio Jesuita a Refugiados es una organización católica internacional que trabaja en más de 50 países, con la misión de acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y desplazados forzosos.