Brasil espera justicia en el caso de Kiwxí, el jesuita asesinado en 1987

Sentará en el banquillo a un policía acusado de haber participado en el complot contra el misionero.

Religión Digital

29 noviembre, 2017, 11:30 am
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El único acusado aún vivo del asesinato hace treinta años del misionero y jesuita español Vicente Cañas, muerto violentamente por su firme defensa de una reserva indígena amazónica, será juzgado a partir de este miércoles en un proceso en el que los indigenistas de Brasil esperan finalmente justicia.

“La esperanza de alcanzar justicia es lo último que se pierde y por eso estamos trabajando arduamente para conseguir que el jurado lo condene a pesar de haber pasado tanto tiempo”, dijo a Efe la abogada Carolina Hilgert, quien actúa como asistente de la acusación en el proceso en representación de los familiares del español.

La penalista, contratada por el Consejo Misionero Indigenista (CIMI), admitió que “particularmente creo que es difícil que después de tantos años se alcance la sanción esperada”, pero agregó que no se pierde la esperanza de justicia en este caso emblemático.

La audiencia final del juicio será abierta en un tribunal de Cuiabá, capital del estado amazónico de Mato Grosso, y se prevé que se prolongue hasta el jueves.

En el banquillo estará el comisario de Policía Civil jubilado Ronaldo Antonio Osmar, el único de los seis acusados que aún vive tres décadas después del crimen y que ya fue absuelto por falta de pruebas en un juicio en 2006.

El jesuita, nacido en 1939 en Alborea (Albacete, España), llegó como misionero a Brasil en enero de 1966, cinco años después de su ingreso a la Compañía de Jesús, y pasó por diferentes comunidades indígenas hasta establecerse en una aldea de los Enawene-Nawe, en la que vivió como uno de ellos y a quienes se unió en la defensa de sus tierras ancestrales.

Su posición en defensa de la creación de una reserva para esta comunidad contrarió a grandes hacendados, interesados en aumentar sus tierras de cultivo en el estado amazónico de Mato Grosso, al oeste de Brasil y fronterizo con Bolivia.

Cañas fue asesinado a puñaladas tras ser violentamente agredido (su cráneo estaba fracturado y sus órganos genitales habían sido arrancados) al parecer por hacendados a los que contrariaba.

El 5 de abril de 1987, en su última comunicación por radio a los misioneros que estaban en Cuiabá, el jesuita avisó de que regresaría a la aldea de los Enawene-Nawe desde una cabaña en la que acostumbraba refugiarse para ejercicios espirituales.

Nunca más se supo de él hasta el 16 de mayo, cuarenta días después, cuando su cuerpo fue hallado momificado cerca de la cabaña que construyó como refugio a orillas del río Juruena y a unos 60 kilómetros de la aldea en que vivía.

De los seis acusados del homicidio, dos murieron antes del juicio, otros dos vieron sus casos sobreseídos por tener más de ochenta años y también murieron, y los únicos dos que fueron llevados al tribunal fueron absueltos en 2016 por supuesta falta de pruebas.

Primero fue absuelto Osmar, a quien la Fiscalía acusa de haber sido el intermediario entre los hacendados que ordenaron el asesinato y los pistoleros que lo ejecutaron, y pocos días después fue dejado en libertad el agricultor José Vicente da Silva, acusado de ser uno de los autores materiales y quien también murió.

La acusación basó todo el caso en el primer juicio en los testimonios de tres indios que dijeron haber escuchado a terceros sobre un complot contra el misionero español.

Pero el jurado no consideró estos testimonios como pruebas suficientes y absolvió al primero de los reos por seis votos contra uno y al segundo por cinco votos contra dos.

“Presentamos un recurso en el que pedimos la anulación del primer juicio por la decisión del jurado de no tener en cuenta las pruebas. Conseguimos una victoria y por eso ahora tenemos un nuevo juicio y un nuevo jurado”, afirmó Hilgert.

En su condición de asistente de la acusación, el CIMI, vinculado al Episcopado de la Iglesia católica en Brasil y del que Cañas fue uno de los fundadores, ha acompañado todo el proceso.

“Ahora todo está en manos del nuevo jurado. Tras tanto tiempo, tener una oportunidad de alcanzar justicia es una victoria”, agregó la abogada, para quien el acusado, pese a que siempre respondió al proceso en libertad, al menos recibió como castigo el tener que seguir defendiéndose ante la Justicia durante treinta años.

Este miércoles, en el primer día del nuevo juicio, serán oídos los testigos de ambas partes, así como interrogado el reo. (RD/Efe)

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Fuente: www.periodistadigital.com/religion

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