Chad: Los docentes impulsan campañas de sensibilización sobre COVID-19 en comunidades de refugiados

Como las escuelas siguen cerradas, los maestros del Servicio Jesuita a Refugiados buscan la manera de mantener a sus alumnos interesados e implicados con sus estudios.

Servicio Jesuita a Refugiados

19 mayo, 2020, 3:53 pm
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Los estudiantes ya no entran en clase, ni nadie escribe las lecciones en la pizarra. Con 170 casos reportados de COVID-19 y 17 muertes, según datos de la Organización Mundial de la Salud del 6 de mayo de 2020, el Chad permanece confinado, como la mayoría de países de la comunidad internacional, para frenar la propagación de la pandemia. El año escolar chadiano comienza en octubre y termina a finales de junio. Este año, sin embargo, las puertas de las escuelas llevan cerradas desde el 19 de marzo.

El cierre de los centros educativos en todo el país conlleva nuevos desafíos a las comunidades refugiadas. A mediados de 2019 había más de 102 mil estudiantes refugiados en el Chad, según informa la ACNUR. El seguimiento académico corre el riesgo de sufrir retrasos, ya que muchos refugiados no tienen ni televisor ni radio con los que seguir las clases a distancia ofrecidas por el gobierno. Las escuelas también actúan como espacios de seguridad, reconciliación y conciencia comunitaria, por lo que las niñas y los niños son más vulnerables tanto a la violencia doméstica, sexual y de género, como a la explotación, mientras permanecen confinados.

Como las escuelas siguen cerradas, los maestros del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) buscan la manera de mantener a sus alumnos interesados e implicados con sus estudios. «Cada vez que me encuentro con un padre en el área de mi escuela, le recuerdo que pida a su hijo que revise los materiales que ya han aprendido para estar listos para su [próximo] examen», dice Abdelhamid Ibrahim Radjab, docente en el campamento de refugiados de Amnabak, Iriba.

Los educadores desempeñan un papel especialmente importante a la hora de concienciar sobre el virus en los siete campamentos de refugiados en los que sirve el JRS. “Nos unimos para concienciar a la comunidad. Nuestros estudiantes son parte de esto, por lo que es importante para nosotros difundir el mensaje”, dice Ibrahim Isaakh, profesor de ciencias naturales en Djabal.

Los maestros colaboran en la distribución de carteles y materiales de información, y también trabajan con los estudiantes y sus familias para concienciar sobre las medidas de prevención y de distanciamiento social. «He recomendado lavarse las manos con frecuencia, evitar las multitudes y no reunirse en las calles durante este periodo», confirma Fatimé Ali Rifa, una maestra del campamento de refugiados de Touloum, Iriba.

«Para los estudiantes, el cierre de las escuelas afecta su calendario, ya que no podrán terminar el programa», dice Abdallah Ahmat, profesor de matemáticas en el campamento de refugiados de Djabal. “La comunidad está preocupada; no está segura de lo que sucederá con el futuro de nuestros hijos. La pregunta es cuándo terminará todo esto”.

A medida que el JRS supervisa la evolución de la situación, se están implementando planes de futuro para cuando las escuelas vuelvan a abrir. Estos planes incluyen cursos intensivos para poner al día a los estudiantes y organizar aulas con un máximo de 10 estudiantes. Alternativamente, los estudiantes pueden estudiar desde su hogar en grupos de tres o cuatro, y serán monitoreados por maestros dispuestos a ir de casa en casa para verificar qué hacen e intentar revisar los materiales ya estudiados con ellos.

Con todas las incertidumbres, una cosa es clara: el compromiso de nuestros educadores nunca ha desfallecido. “Esperamos que la situación mejore pronto y permita a maestros y estudiantes volver a la escuela. Por el momento, y hasta el final de la pandemia, continuaremos apoyando a nuestros alumnos para que estudien desde casa», confirma Makka Abdallah Dehie, maestra de primaria en el campamento de refugiados de Mile, Guereda.

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Fuente: https://jrs.net/es

El Servicio Jesuita a Refugiados es una organización católica internacional que trabaja en más de 50 países, con la misión de acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y desplazados forzosos.