Científica lucha contra la amenaza silenciosa del mercurio en la Amazonía

La Amazonía representa el 62% de la superficie de Perú. Es el hogar de 51 pueblos originarios diferentes y de una enorme biodiversidad, como en pocos lugares del mundo. Recordando la exhortación postsinodal del Papa Francisco “Querida Amazonía”, cuyo primer aniversario se celebró el pasado mes de febrero, y recordando los principios de Laudato si’, la encíclica del Pontífice de 2015, conocemos los esfuerzos de la científica Claudia Vega por proteger la zona y a sus habitantes.

Manuel Cubías

20 julio, 2021, 10:27 am
12 mins

En las últimas décadas, la Amazonía ha sufrido una fuerte presión por la sobreexplotación de sus recursos naturales, con graves tasas de deforestación y conflictos sociales. Una de las más conocidas es la de Madre de Dios, considerada “la capital de la biodiversidad de Perú”.

Claudia Vega estudió en el colegio de los jesuitas en El Salvador. Su preocupación por la naturaleza y la vida de todos los seres humanos tiene probablemente sus raíces en las numerosas actividades que realizó allí con el grupo de scouts del colegio. Tras finalizar sus estudios de bachillerato, invirtió mucho tiempo y esfuerzo en prepararse profesionalmente en áreas como la química y la medicina veterinaria, la salud y la protección del medio ambiente.

La Dra. Claudia Vega forma parte actualmente de un importante grupo de científicos en la Amazonía peruana, en el departamento de Madre de Dios. Allí es la coordinadora del Programa de Mercurio del Centro de Innovación Científica de la Amazonía (Cincia), cuyo objetivo es estudiar la contaminación por mercurio en la zona.

Vega señala que “desgraciadamente en Madre de Dios la principal actividad económica es la minería artesanal de oro (Mape), que se realiza con mercurio, un metal tóxico. La actividad de Mape es la principal fuente de mercurio antropogénico en todo el mundo, y el 52% del mercurio liberado por Mape en todo el mundo procede de Sudamérica”.

Según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), “el mapeo está asociado a muchos problemas de salud laboral y ambiental, especialmente cuando se practica de manera informal o con recursos materiales y técnicos limitados”. El Papa Francisco, en su encíclica Laudato si’, de 2015, señala que existe un “uso desproporcionado de los recursos naturales” históricamente en ciertas partes del planeta. “Las exportaciones de ciertas materias primas para satisfacer los mercados del Norte industrializado han producido —recuerda el Pontífice— daños locales, como la contaminación por mercurio en las minas de oro o por dióxido de azufre en las minas de cobre” (51).

La Dra. Vega explica que, para estudiar este fenómeno, se ha establecido una colaboración entre Cincia, la Universidad de Wake Forest (Wfu) y USAID, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, para crear un centro de investigación que busque soluciones innovadoras al impacto del Mape en la Amazonía peruana. En 2017 se creó el primer Laboratorio de Mercurio y Química Ambiental, con el objetivo de desarrollar estudios específicos en la región. Hasta ahora, se han tomado más de trescientas muestras para analizar la situación de la contaminación por mercurio: suelo, sedimentos, peces, aire, aves, humanos (cabello).

UN EQUIPO INTERNACIONAL Y MULTIDISCIPLINAR

Vega subraya que la labor científica que realiza implica un trabajo conjunto con diferentes profesionales del país: “Trabajo con ingenieros forestales, biólogos y ecólogos de Perú y otros países que conocen el impacto” que tienen estas actividades.

EL CONOCIMIENTO TIENE PODER

Al mismo tiempo, insiste: “Estamos convencidos de que el conocimiento tiene poder. Diagnosticar un problema es el primer paso para resolverlo. Necesitamos producir información científica para comunicarla a las personas (el público en general) y a los organismos de toma de decisiones (instituciones) para que se tenga en cuenta en la aplicación de políticas públicas que tengan como objetivo el desarrollo sostenible y la protección de la salud humana y del ecosistema en la región amazónica.

LOS MALES PERMANECEN, LOS BENEFICIOS DESAPARECEN

Señala la paradoja de la minería: “Causa un impacto en la región amazónica, pero los beneficios producidos por esta actividad quedan fuera de la región”.

Por ello, es importante poner de relieve las repercusiones de la pequeña minería, como la deforestación y la contaminación por mercurio, “para concienciar a la población de la necesidad de mejorar los métodos de extracción y buscar soluciones innovadoras”.

EL ROSTRO HUMANO DE LA MINERÍA

En un contexto marcado por la actividad minera, la Dra. Vega cree que es fundamental sensibilizar a la población y, en particular, a los niños y jóvenes, para promover cambios de comportamiento en la conservación de la naturaleza. El Papa Francisco, en Laudato si’, subraya cómo la educación está llamada a “crear una ‘ciudadanía ecológica’ para cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas”, hasta el punto de “conformar un estilo de vida” (211). “Tenemos casos de hijos y familiares de mineros que estudian biología o materias afines y trabajan con nosotros para encontrar soluciones al impacto de la minería”, explica.

Continúa diciendo: “Tenemos que considerar que la minería representa una forma de subsistencia para miles de personas; esta cuestión tiene un trasfondo social y económico muy complejo que implica consecuencias muy graves para el medio ambiente y la salud humana”.

LAS COMUNIDADES NATIVAS LAS MÁS AFECTADAS POR EL MERCURIO

Otro punto importante, señala, es que “las comunidades indígenas se encuentran entre las poblaciones más afectadas por la exposición al mercurio, ya que este alcanza altos niveles en ciertos peces que son la fuente de proteínas de las comunidades, lo que supone un riesgo para su salud. La negligencia de los Estados pone en peligro la supervivencia de los guardianes de los bosques”.

El trabajo realizado por el equipo de Cincia se basa en la constatación de que el uso del mercurio en la minería tiene efectos tóxicos sobre el medio ambiente y todos los seres vivos, a la vez que genera deforestación y pérdida de la cubierta vegetal. El aumento del uso de este metal y su presencia en el pescado y otros animales consumidos por el ser humano convierte a los niños y a las mujeres embarazadas en un grupo muy vulnerable: “El mercurio puede atravesar la placenta y llegar al cerebro del feto, causando daños irreversibles”, afirma Claudia Vega.

LA VOZ DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS

Insiste en que hay que evitar el uso de mercurio en la extracción de oro para el futuro de las comunidades indígenas. Igualmente, es fundamental que “hagan oír su voz a nivel nacional e internacional porque tienen cosas muy importantes que decir y que enseñarnos sobre el respeto a la naturaleza”.

Para la gente de a pie, añade Vega, “es importante conocer el coste de todo lo que utilizamos; en el caso del oro, aunque es un metal precioso, puede tener un impacto negativo en la región donde se extrae. En la región amazónica, la Mape provoca la deforestación, la transformación de la selva en un desierto y la contaminación química”.

La Dra. Vega, refiriéndose a Centroamérica, dice: “El tema de los efectos de la minería artesanal es incipiente y todavía no es un tema importante, pero tiene todo el potencial para convertirse en uno, porque lamentablemente somos una región donde hay mucha pobreza y la gente busca medios para sobrevivir. Aquí, la gobernanza y el sentido de la protección de la naturaleza son débiles o están ausentes”. En este sentido, el gobierno peruano ha ratificado el Convenio de Minamata, asegurando el compromiso de mitigar los impactos negativos sobre el medio ambiente y la salud humana generados por el uso inadecuado del mercurio: impactos que —como reconocen las autoridades limeñas— afectan principalmente a los pueblos indígenas.

LA VOZ DE QUERIDA AMAZONÍA

El Papa Francisco se refiere a las culturas y principales preocupaciones de los pueblos originarios, expresadas en el Sínodo para la Amazonía. “Los pueblos indígenas de la Amazonia —señala el Pontífice en Querida Amazonía— expresan la auténtica calidad de vida como un ‘buen vivir’, que implica la armonía personal, familiar, comunitaria y cósmica y se manifiesta en su forma comunitaria de pensar la existencia, en su capacidad de encontrar la alegría y la plenitud en una vida austera y sencilla, así como en el cuidado responsable de la naturaleza que preserva los recursos para las generaciones futuras”. Los pueblos aborígenes podrían ayudarnos a descubrir qué es la sobriedad feliz y, en este sentido, ‘tienen mucho que enseñarnos’” (71).

Enlaces OMS:
http://apps.who.int/iris/bitstream/handle/…

Enlace del gobierno de Perú – Convenio de Minamata:
https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/…

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Fuente: www.vaticannews.va

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