Quizás podamos ayunar de los auriculares durante lo que queda de Cuaresma, tanto en la vida como en la fe, que no pueden ir la una sin la otra. Y podamos así dedicar cada día un ratillo a escuchar o leer las lecturas. Quizás nos sorprenda lo que Dios tiene que decirnos.
No sé cuánto llevaremos así. Iba a decir «últimamente», pero supongo que la cosa viene de hace años ya. Vas en el bus o el metro y casi todo el mundo con auriculares. Paseas por la calle y muchísima gente igual. Entras en una biblioteca en tiempo de exámenes de la universidad y ahí sí que no se libra nadie. Y claro, el mensaje es evidente, ¿no? Si uno lleva auriculares, como que anda diciéndole al mundo que no le interesa lo que puedan contarle, porque está a su musiquita, a sus cosas.
Pero ahora que estamos avanzados en Cuaresma, quizás podríamos pararnos un poco, hacer silencio y caer en la cuenta de que no solo nos falta con frecuencia disposición para escuchar lo que y a quienes la vida nos pone en el camino, sino que también en nuestra relación con Dios parece frecuentemente que vayamos con los auriculares puestos.
Y, sin embargo, tantas veces en la Escritura se nos dice que la primera tarea que nos encomienda Dios es que le escuchemos: «Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo» (Jr 7, 23). Y, ojo, que lo mismo tenemos ahí, un reto cuaresmal bien sencillo y que puede dar mucho fruto en nuestra vida.
Tantas veces en la Escritura se nos dice que la primera tarea que nos encomienda Dios es que le escuchemos…
Quizás podamos ayunar de los auriculares durante lo que queda de Cuaresma, tanto en la vida como en la fe, que no pueden ir la una sin la otra. Y podamos así dedicar cada día un ratillo a escuchar o leer las lecturas. Quizás nos sorprenda lo que Dios tiene que decirnos. Y podamos así decirle a quienes cada día se nos crucen en la vida que estamos disponibles para escuchar lo que tengan que contarnos. Quizás también nos sorprenda lo que tengan que contarnos.
Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.