Conflicto en la Araucanía: Profesores de historia, como puentes de paz

El programa Kuykuitin puso en contacto a profesores de colegios de alto nivel socioeconómico con sus colegas y alumnos de comunidades Mapuche, abriendo perspectivas de entendimiento y comprensión mutua.

Cristóbal Madero sj

22 junio, 2017, 1:03 am

Daniel Cano

22 junio, 2017, 1:03 am
22 mins

La tensión y los hechos de violencia registrados desde hace años en la Araucanía tienen como punto de origen evidente un extendido desconocimiento de los derechos del pueblo mapuche. Es por eso que, para promover una mejor convivencia allí, necesariamente se requiere educar a los chilenos respecto de esa materia.
La escuela juega un rol irremplazable en la manera en que la historia se traspasa de una generación a otra. Aún con la arremetida de las nuevas tecnologías que en los últimos veinte años han revolucionado el acceso a las fuentes de información, debemos asumir que el espacio escolar, el currículo y —especialmente— las personas responsables del proceso de enseñanza siguen ejerciendo un rol insustituible en la generación y transmisión de los conocimientos. Los profesores de historia constituyen una piedra angular en esta tarea, y la naturaleza dinámica de esa disciplina hace que su enseñanza implique un gran desafío en contextos democráticos. Esto adquiere mayor peso cuando se trata de formar ciudadanos, más aún al analizar perspectivas sobre aspectos puntuales y complejos del devenir de la sociedad, pues los docentes entran a competir con discursos de la familia, los grupos de pares y los medios de comunicación.
Además, el aprendizaje de la historia se transforma en un enorme reto cuando su objeto es un conflicto profundo que permanece afectando el presente del país. Y, si se realiza de manera crítica y analítica, puede transformar positivamente a una generación de alumnos-ciudadanos en pro de la comprensión de los conflictos que afectan su presente.
En América Latina los programas de educación intercultural se concibieron idealmente para ofrecer, a los jóvenes indígenas, ciertas alternativas de integración a sus sociedades nacionales que no les hicieran perder su cultura y que, además, ayudara a que se les reconociera como elementos integrales de la modernidad y el desarrollo. El caso chileno no ha sido la excepción. A la luz del conflicto en la Araucanía, se han promovido programas de educación intercultural en las comunidades Mapuche. Sin embargo, estos se focalizan en sectores indígenas rurales y no incorporan a los grupos dominantes de la sociedad chilena que, según expertos, juegan un papel relevante en el pasado y el presente del conflicto al que aludimos.

Fuimos capaces de construir una agenda de encuentros interculturales que incluyó distintas visiones y versiones del conflicto que se viven en esa zona.

Considerando estas reflexiones, nos hemos preguntado sobre el desarrollo de la enseñanza de la historia de Chile en su relación con el pueblo Mapuche y su vínculo con el problema actual. Asimismo, nos cuestionamos acerca de la relevancia del profesor de esta materia en el debate público a la hora de proponer soluciones concretas que promuevan la mitigación de la violencia en la Araucanía y la regeneración del tejido social de las comunidades que habitan en ella. Reflexionamos también sobre la posible escasa exposición de jóvenes de élite a las distintas dimensiones y perspectivas del conflicto.
En base a estas preguntas diseñamos un programa, Kuykuitin (“tendiendo puentes”, en lengua mapudungun), que buscó poner en contacto a profesores de historia de colegios de alto nivel socioeconómico con sus pares docentes en aquellas zonas de la Araucanía que los medios de comunicación caracterizan como “zonas rojas” del conflicto.
En lo que viene, presentaremos resultados de algunos estudios que han abordado opiniones que coexisten en la sociedad chilena. Entre ellos, expondremos uno conducido por nosotros, basado en el proyecto Kuykuitin, que nos llevó a confirmar la selección específica de estos docentes para participar en nuestro programa. Luego comentaremos detalles de este. Finalmente presentaremos las alentadoras proyecciones a futuro que representa para nosotros esta experiencia de enseñanza intercultural heterodoxa (o innovadora).

LO QUE LOS JÓVENES PRIVILEGIADOS DICEN DEL CONFLICTO

Quisimos enfocarnos particularmente en profesores de estudiantes que pertenecen a un específico segmento, tanto etario como de nivel socioeconómico: alumnos de segundo medio en colegios que no cuentan con una distinguible misión social y que educan a jóvenes de la élite. De segundo medio, pues es ese el nivel donde el currículo de historia se concentra en la temática mapuche. De colegios de élite, de ese nivel socioeconómico están más expuestos a una visión unidimensional del conflicto, que es la que predomina en los ámbitos de mayor poder económico y cultural en Chile.
Distintos estudios confirmaron nuestras primeras intuiciones. La encuesta “Percepción de pueblos originarios” del Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) 2014, aplicada a personas de entre 15 y 29 años, muestra que jóvenes del más alto nivel socio económico otorgan a la temática de los pueblos originarios menos relevancia que los de clases menos acomodadas. Los de la élite son quienes tienen menor contacto, medido como “amistad”, con miembros de pueblos originarios. Este mismo sondeo muestra que quienes tienen entre 15 y 19 años están entre los jóvenes (15 a 29 años) que menos consideran que los pueblos originarios son discriminados en nuestra sociedad.
Por otro lado, la clase alta chilena es la que está más alejada de considerar el actual conflicto entre el Estado y el pueblo Mapuche como un conflicto mayor. Asimismo, el segmento ABC1 es el que menos ha considerado que este sea significativo, según lo indica la “Encuesta Nacional Bicentenario” de la PUC GFK. Este estudio constata, sí, una variación para este segmento: un 37% lo consideraba un “gran conflicto” en 2006, porcentaje que se elevó a un 81% en 2014. Es el grupo joven ABC1 (18 a 29 años, en el caso de esta encuesta) el que en menor porcentaje considera que el que actualmente se vive es grande (69%). Fuera de este ámbito, a la pregunta sobre “cuánto le complicaría” que un hijo se casara con un mapuche, este segmento socioeconómico es el que presenta mayores niveles de rechazo: 32% los más jóvenes, 30% los de 30 a 60 años, y 45% los mayores de 60 años.
Como parte de nuestro programa, realizamos un estudio entre jóvenes, hombres y mujeres de segundo medio (15 a 16 años) en colegios de élite en la ciudad de Santiago (n=450). Los datos nos indicaron que un tercio de los estudiantes no tienen contacto, en un mes normal, con personas de una clase social distinta a la suya (31%). Por “contacto” les pedimos identificar a personas que no fueran el servicio doméstico en su hogar o su lugar de estudio, como tampoco contactos esporádicos en tiendas comerciales. Un 33% del total de jóvenes realiza actividades de servicio a la comunidad.
En general, los jóvenes encuestados son conscientes de que entre el Estado de Chile y los Mapuche existe un conflicto: un 70% está en desacuerdo con la afirmación de que entre estos existe un conflicto menor. A la hora de asociar al pueblo Mapuche con un concepto específico, los jóvenes eligieron “Conflicto” con un 37% de las opciones, seguido de “Nuestro Origen” con un 35% y “Discriminación” con 15%. Respecto a la discriminación a los Mapuche en la sociedad chilena, nueve de cada diez jóvenes consideran que los miembros de este pueblo originario sufren algún tipo de discriminación. Esta se debe, según dicen, principalmente a factores que son una mezcla de apariencia física, condición socioeconómica y costumbres. Del total de estudiantes, casi un 20% dice discriminar o haber discriminado a Mapuches.

Al final de la semana los profesores expresaron que la experiencia de la escuela les ayudó a comprender la importancia de su rol como educadores, sobre todo la responsabilidad que tienen de cambiar la mirada sesgada de muchos de sus alumnos frente al pueblo Mapuche.

En relación con sus clases de historia, su conocimiento de esta y el tratamiento de los medios de comunicación a este conflicto, nuestro estudio arrojó también datos interesantes. Seis de cada diez estudiantes dicen que sus clases no son relevantes para hacerse una opinión de lo que sucede actualmente con el pueblo Mapuche ni con el conflicto que existe entre este y el Estado. En términos generales, solo un 2% de este grupo fue capaz de ordenar cronológicamente cinco hechos históricos referidos a la historia del pueblo Mapuche y el Estado de Chile, entre los cuales estaban la aplicación de la ley antiterrorista y la “Pacificación de la Araucanía.” Los estudiantes están divididos respecto del tratamiento de los medios de comunicación al conflicto. El 55% de ellos señala que la difusión de la noción de “conflicto” se debe al manejo que hacen los medios periodísticos. Literalmente divididos están también respecto de si los Mapuche y los chilenos debieran ser reconocidos del mismo modo en la sociedad (50% dice “sí” y 50%, “no”).
Respecto de los estereotipos más generalizados, 34% de los estudiantes están de acuerdo con que los Mapuche siempre se han aprovechado del Estado al pedir más y más tierras a lo largo de la historia. A ellos se suma otro 31% que no está ni de acuerdo ni en desacuerdo con esa afirmación. Si bien solo un 15% considera que son gente “floja”, otro 34% no está ni de acuerdo ni en desacuerdo con esa afirmación. Por otra parte, solo un 29% estuvo en desacuerdo o muy en desacuerdo con la afirmación de que son gente violenta.

HACIÉNDOSE CARGO CON UNA PERSPECTIVA DISTINTA: KUYKUITIN

Gracias a las familias de las comunidades de Ranquilhue, Ponotro y Primer Agua (zona Lafkenche), de Carla Mora y Natalia Carrasco del voluntariado jesuita en Tirúa, de la Municipalidad de esa localidad, de la comunidad jesuita ubicada en esta y de la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos (DIBAM), además del apoyo económico de la Universidad de California en Berkeley (la Escuela de Educación, el Blum Center for Developing Economies y el Center for Latin American Studies) y la Universidad de Georgetown (Center for Conflict Resolution), propusimos a más de diez colegios de la élite de Santiago participar del programa Kuykuitin.

Chile puede tener los mejores planes a favor de la interculturalidad. Sin embargo, son los profesores de historia quienes deben acceder a una formación que los haga conocer profundamente la naturaleza y la actualidad de las tensiones que se viven en la Araucanía.

Este consistió en invitar a seis profesores de historia de esos establecimientos de Santiago a una experiencia intercultural de ocho días, en la zona de Tirúa. La invitación fue a reflexionar sobre el conflicto en el sur de Chile, compartiendo con colegas docentes de comunidades educativas del lugar, así como con familias de la zona, con quienes vivirían. Luego de un proceso, que incluyó manifestar motivación de parte de la institución y de los educadores individualmente, fueron seleccionados cinco profesoras y un profesor de cuatro colegios distintos.
Uno de los aspectos centrales de la experiencia, según comentaron los profesores, fue la posibilidad de establecer una relación con la familia que los acogió. Estas podían ser Mapuche o de otra raíz. Algunas de ellas tenían una posición más política frente al conflicto y otras no necesariamente. Unas tenían conexiones con grupos más radicales y otras estaban menos conectadas. Unas vivían muy apegadas a las tradiciones y otras no. Estas diferencias nutrieron las reflexiones que diariamente tuvimos como grupo durante la ejecución del proyecto.
Los profesores estuvieron unánimemente de acuerdo en que estos encuentros los hicieron dimensionar realmente la complejidad del llamado conflicto mapuche que se vive hoy en nuestro país.
Estar una semana compartiendo la jornada escolar con pares y con estudiantes en cuatro colegios de la Municipalidad de Tirúa fue también un aspecto que expandió su visión de la situación. Estos establecimientos fueron espacios distintos entre sí. Hubo escuelas con gran número de profesores, mientras que otras eran unidocentes. Unas estaban alejadas de Tirúa, en ambientes rurales, y otras en el centro del pueblo. Unas esperaban a los maestros de Santiago con los brazos abiertos, pero otras cargadas de prejuicios. Al final de la semana los profesores expresaron que la experiencia de la escuela les ayudó a comprender la importancia de su rol como educadores, sobre todo su responsabilidad de cambiar la mirada sesgada que tienen muchos de sus alumnos frente al pueblo Mapuche.
Un tercer aspecto de la experiencia consistió en encuentros fuera del aula de clases con distintos actores vinculados al conflicto. Entre ellos contamos a funcionarios de la Municipalidad de Tirúa, incluyendo su alcalde, Adolfo Millabur, a reconocidos intelectuales Mapuche, como Juanita Paillalef —directora del Museo de Cañete—, el historiador Fernando Pairican y el poeta Leonel Lienlaf. Asimismo, nos reunimos con el grupo de tejedoras artesanales mapuche de la asociación Relmu Witral y con la Comunidad Jesuita de Tirúa. De este modo, fuimos capaces de construir una agenda de encuentros interculturales que incluyó distintas visiones y versiones del conflicto. Fueron intensas conversaciones (nütram, en mapudungun), en las cuales los profesores llegaron a la convicción de que debían de alguna manera vincularse y colaborar con estas comunidades. Dicha conclusión fue unánime, así como el deseo de realizar este trabajo en conjunto, evitando el asistencialismo que reproducen las dinámicas que en parte sostienen el conflicto. Apoyarlas desde la admiración y respeto que sintieron por su historia, su cultura y su sistema de valores, sustentado en la vida en comunidad.

LAS ESPERANZAS

Al finalizar el programa, algunos profesores de Santiago participantes de Kuykuitin fueron invitados por los equipos directivos y por los sostenedores de los colegios a compartir en detalle sus experiencias vividas en el proyecto. Los departamentos de historia en esos establecimientos también manifestaron interés en conocer más de la experiencia, e incluso otros colegios de Santiago manifestaron su interés en integrarse a ella.
Gracias a esta positiva recepción en sus comunidades escolares, los profesores de Kuykuitin pudieron compartir sus vivencias frente a sus estudiantes, colegas, directivos y apoderados, principalmente en formato de foros y charlas. En algunos casos se han generado experiencias de intercambio y encuentro en Santiago con los profesores y alumnos de los colegios de Tirúa. Lo más importante es que los profesores son conscientes, hoy más que antes, de la importancia de incorporar en sus clases lo que pudieron observar y aprender de primera fuente.
Chile puede tener los mejores planes a favor de la interculturalidad, las mejores políticas públicas en educación de la historia, y un currículo que se haga cargo del tratamiento del conflicto entre el Estado y el pueblo mapuche. Todo eso es deseable y tiene urgencia. Sin embargo, son los profesores de historia quienes deben acceder a una formación que los haga conocer profundamente la naturaleza y la actualidad de las tensiones que se viven en la Araucanía. Cuando la puerta de la sala de clases se cierra, quedan adentro los estudiantes y el profesor. Nadie más. De esos maestros depende, en buena parte, que la formación de generaciones de estudiantes haga que estos se conviertan en ciudadanos empoderados y lúcidos. Kuykuitin busca potenciar la formación de esos profesores. Basado en la confianza en que estos pueden enseñar la historia de un modo más completo y afectivamente informado, el programa espera que las nuevas generaciones puedan cambiar la historia de este conflicto erradicando la violencia, construyendo puentes de entendimiento y paz. MSJ

Jesuita. Sociólogo y Master en Teología. Hace estudios de doctorado en Educación en la Universidad de California, Berkeley y colabora en la Red de Colegios Cristo Rey en San José, California.
Escribe para Revista Mensaje.

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