Cuando el silencio es el epicentro

Quizá hoy en mi país y en aquellos lugares que han sufrido tragedias de índole natural, uno de los muchos retos sea, en palabras de aquel cuento de Galeano, pedirle a Dios Padre que nos «enseñe a mirar» hoy en el dolor, pero con la certeza de que mañana será en la resurrección, pues la muerte no tiene la última palabra.

Venezuela es un país de «poca» tradición sísmica. Los dos terremotos acaecidos recientemente han sido los más fuertes en más de un siglo; no obstante, hablar de poca o mucha tradición, preparación, antelación u otros calificativos frente a los fenómenos de la naturaleza en muchas ocasiones termina siendo una auténtica osadía.

Me encontraba durante los dos sismos solo en el noviciado jesuita, pues el maestro y los novicios se encontraban fuera de la ciudad. Haciendo lo que no se aconseja, salí corriendo y bajé dos pisos. Con las imágenes vivas en mi memoria no hubo palabras, sí muchos pensamientos: ¿Qué pasa? ¿Llegó la hora de morir? ¿Moriré de esta manera?

Al salir, y en lo que han sido largas noches, existe un profundo silencio en las calles. Muy poco se habla. Se duda en dar los buenos días, en preguntar; las miradas lo dicen todo. Párpados cansados, ojos al borde de las lágrimas, semblantes que develan miedo, entre otras muchas sensaciones inefables. Quizá el desafío de siempre, y en dolorosas vivencias como son las tragedias naturales, sea mirar.

Existe un profundo silencio en las calles. Muy poco se habla. Se duda en dar los buenos días, en preguntar; las miradas lo dicen todo.

Mirar es «cre-ser». Crecer en posibilidades y en realidad. Las primeras horas pos terremoto, durante el peregrinar en silencio por las calles y mirar tantas afectaciones materiales y humanas, me situaban en aquella devoción nuestra, como lo es el Vía crucis, en el cual se nos invita cada año a dejarnos conmover frente a lo que vemos, aquello que más nos duele por la sencilla razón de que es parte de lo que más amamos.

Así que quizá hoy en mi país y en aquellos lugares que han sufrido tragedias de índole natural, uno de los muchos retos sea, en palabras de aquel cuento de Galeano, pedirle a Dios Padre que nos «enseñe a mirar» hoy en el dolor, pero con la certeza de que mañana será en la resurrección, pues la muerte no tiene la última palabra.


Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.

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