Cuidado con el cuidado

Los expertos que saben cuidar, lo hacen para que las personas sigan su camino, no para que se queden quietas y encantadas de sí mismas… A veces conlleva exigir, a veces conviene parar, pero siempre con la mirada puesta en algo más que en nuestro propio ego, porque de eso ya está el mundo sobrado.

Es uno de esos nuevos mantras que aparecen por todos lados. Tienes que cuidarte, cuídate, lo primero es cuidarte, cuida de los demás, tenemos que cuidarnos, hay que cuidarse… Lo oyes en los anuncios de perfumes, en el coaching, en el gimnasio y en cualquier espacio de gestión de personas, y hasta el papa Francisco hablaba de la cultura del cuidado como camino para la paz —de forma bastante más sabia, dicho sea de paso—. Y como tantos conceptos de moda y tantos lemas que fluyen en el espacio, acaba vaciándose de contenido y pervirtiéndose poco a poco, y por tanto se vuelve un arma arrojadiza en este mundo buenista. Al fin y al cabo, hablar de cuidado con los que tratan con personas debería ser como hablar de fe en un cura, de valor en un torero o de habilidad con un bombero.

No estoy en contra del cuidado, solo intento advertir de que es un concepto bastante trampa. Porque si no se utiliza precisamente con cuidado, puede paralizar a las personas. Y la buena intención acaba en la reclamación constante, en la insatisfacción del que siempre le falta algo o en el argumentario perfecto del vago que tiene alergia al esfuerzo. Y así, sin querer, puede llevarnos a una dinámica paralizante, narcisista o egoísta, porque no es fácil ni conveniente decir que uno ya está suficientemente cuidado. Y pocas veces se habla de cuidar a los más necesitados, dicho sea de paso.

No estoy en contra del cuidado, solo intento advertir de que es un concepto bastante trampa.

Los expertos que saben cuidar, lo hacen para que las personas sigan su camino, no para que se queden quietas y encantadas de sí mismas. Los enfermeros tratan de activar a la persona para el mundo, no la paralizan como si estuvieran en un balneario de vacaciones. Cuidar de alguien de verdad conecta con esa vectorialidad que todos llevamos, no con el ego paralizante del espíritu, como proclama nuestra cultura del bienestar. Es amar la dignidad del otro y hacerle sentir importante, ¡pero no el más importante! A veces conlleva exigir, a veces conviene parar, pero siempre con la mirada puesta en algo más que en nuestro propio ego, porque de eso ya está el mundo sobrado.


Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.

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