Este 15 de mayo, el Papa León XIV da a conocer su nueva encíclica, «Magnifica Humanitas». La tradición de las encíclicas sociales nos recuerda que cada revolución, industrial o digital, exige un examen ético profundo. El desafío de nuestro tiempo no es dominar la inteligencia artificial, sino evitar que ella nos domine a nosotros, y que permita mostrar la grandeza de la condición humana.
El 15 de mayo se conmemora el Día Mundial de las Encíclicas Sociales, documentos del pontificado que abordan cuestiones de carácter social desde una perspectiva global, ética y religiosa. La fecha recuerda la publicación de la primera de ellas, Rerum Novarum (1891), cuyo título significa «sobre las cosas nuevas».
Las encíclicas sociales constituyen un valioso aporte del pensamiento cristiano a la sociedad global. Han sido reconocidas y valoradas por la sociedad civil, por el mundo político, gobernantes, el sector privado e intelectuales de todas las tendencias, por ofrecer una perspectiva ética sobre problemáticas que afectan a todo el planeta. A lo largo de la historia se han escrito encíclicas sobre diversos temas sociales tales como el medio ambiente, el desarrollo, la paz y la pobreza, entre otras.
La primera encíclica abordó de manera exhaustiva la llamada «cuestión social»: los problemas surgidos a raíz de la revolución industrial que afectaban especialmente a la clase obrera. Fue un documento profético para su tiempo, porque puso en el centro de la discusión las condiciones de trabajo y denunció la lógica de explotación, proponiendo en cambio un desarrollo que incluyera a todos.
Este 15 de mayo, el Papa León XIV da a conocer su nueva encíclica, Magnifica Humanitas, en continuidad con esa tradición. El texto abordará temas sociales clave, como la inteligencia artificial, la paz y la crisis del derecho internacional. Se trata de un llamado a la justicia social y a la defensa de la humanidad frente a la deshumanización tecnológica y la fragmentación internacional.
Hoy nos encontramos en plena «cuarta revolución industrial», marcada por la inteligencia artificial, los algoritmos y la virtualidad, que transforman la organización social, las relaciones públicas y privadas, y el mundo laboral. Bajo esta nueva lógica del progreso, también emergen riesgos de abusos y desigualdades. Se está ante un futuro incierto, pero no por eso menos atractivo y lleno de oportunidades, pero se tiene que pensar bien lo que se quiere para todos, rompiendo la inercia de avanzar sin hacer pausas y tomar decisiones incómodas.
La novedad de la encíclica del Papa León XIV, y en general del pensamiento social cristiano, no está en multiplicar diagnósticos o decir muchas cosas novedosas, sino en recordar lo esencial: la grandeza de la persona humana y su conexión con la trascendencia. En ayudar a sentirse parte de un proyecto salvífico más grande y no tan solitario.
La novedad de la encíclica del Papa León XIV, y en general del pensamiento social cristiano, no está en multiplicar diagnósticos o decir muchas cosas novedosas, sino en recordar lo esencial: la grandeza de la persona humana y su conexión con la trascendencia.
La tradición de las encíclicas sociales nos recuerda que cada revolución, industrial o digital, exige un examen ético profundo. El desafío de nuestro tiempo no es dominar la inteligencia artificial, sino evitar que ella nos domine a nosotros, y que permita mostrar la grandeza de la condición humana.
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