Defender la verdad

Sr. Director:

Quiero felicitar a Mensaje por los dos artículos incluidos en mayo sobre la posverdad. Creo que, como católicos, hemos aportado a la desvalorización de la verdad. La integración entre Misericordia y Verdad, o entre ley y Verdad, ha sacrificado en muchos medios a esta última. El desprecio a la ética —o a la ley— como innecesarias para dilucidar temas complejos, es sustituida por el entusiasmo con que la comunidad se pronuncia frente a ellas. Mientras más dadivosa la postura, más verdadera. Mientras más rebaje la ley, más libre y mejor se es. En los temas de la diversidad sexual, quienes han trabajado en ella al parecer —y subrayo “al parecer”— han adoptado los predicamentos de las ONGs dedicadas al tema. No hay nada que recuerde la cita bíblica de “dejará el hombre a su padre y a su madre”. La ley de aborto se ha dejado librada a la conciencia, pero a una tal, que nadie recuerda que esta no es infalible y que —en el caso nuestro— debe apoyarse en el magisterio de la Iglesia. Se repite hasta la saciedad que nadie está en posesión de la verdad. Esta afirmación taxativa pareciera alcanzar a Dios mismo y a su revelación. Asumo que esta tesis apunta a la complejidad de comprender ciertas realidades y no a que no se pueda conocer parte de ellas, o bien que dos contradicciones puedan ser simultáneamente verdaderas. Son aseveraciones repetidas hasta el hartazgo por “laicos comprometidos” de que la Iglesia está desfasada en cincuenta años y que hacen pensar en una institución ciega que vive en la periferia de lo auténtico.

Esto ha hecho mella. Me ha tocado escuchar en ceremonias religiosas que el sacerdote convoca a los asistentes a dirigirse a Dios, “cualquiera que sea la idea que se tenga de este”. Como que esto no fuese relevante. Cada uno construye a su dios –o a su pelele–, que confirma las cosas tal como él las ve.

Nos ha faltado agudeza y nos ha sobrado simpleza al abordar los temas más significativos que nos aquejan como sociedad. Con esto hemos hecho una contribución sustancial a debilitar la Verdad como virtud cardinal para la construcción de un mundo humano. La inclusión se hace desde la Verdad, es desde ella que se deben abrir caminos para una vida posible, sin amedrentarse frente a presiones de grupos que se presentan como adalides de esta, en circunstancias de que son campeones de las contradicciones y de la sin verdad.

Ojalá Mensaje persevere en este esfuerzo.

Rodrigo Pablo

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