Dios se revela a la gente sencilla

Jesús nos llama a acercarnos Él, a confiar en que ya tomó nuestro yugo y que nos alivianará la carga.

Domingo 5 de julio de 2026
Lectura del Santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, Jesús exclamó: «¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre; nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera».

El evangelio se contextualiza en el ministerio de Jesús en Galilea y comienza con un agradecimiento sincero de Jesús al Padre: «¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla!». Estas palabras no son una casualidad y tienen un significado profundo. Según la traducción más literal del evangelio de Mateo, el «Te doy gracias» aparece en algunas traducciones como «Te alabo», y denota una mayor profundidad, ya que el término literal es exomologoumai, una expresión en griego que se utilizaba para declarar una verdad de manera pública. La verdad que nos muestra Jesús es clara, Su Reino se revela no a los poderosos, sino que a la gente sencilla, a los más pequeños y olvidados.

Dicho todo lo anterior, podemos llevar estas palabras a la actualidad y preguntarnos: ¿Quiénes son hoy los sencillos y pequeños? Podríamos comenzar diciendo que son las infancias, pero también podemos reconocer dentro de esa misma categoría a los más excluidos, donde estamos nosotras las mujeres; las disidencias también caben dentro de ese grupo a quienes Dios ha decidido revelarse y a quienes busca constantemente.

El evangelio de hoy es mucho más completo y nos muestra una segunda parte, no se queda solo en el agradecer y declarar que está con los sencillos, sino que también tiene un mensaje y una invitación clara: «Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio». Con el costo que hoy tiene vivir, la realidad política y social que nos remece en el presente, somos muchas a quienes hoy la carga se nos hace pesada, y vemos que hay más derechos y excepciones para unos y no para otros, vemos a una madre que no tiene tiempo para pasar con sus hijos por la carga laboral. Hace muy poco en nuestro país apareció la noticia de aumentar las jornadas laborales a 52 horas semanales en época de alta demanda, según los rubros, y además se evaluará eliminar la indemnización por años de servicio. Bajo ese contexto, me atrevería a decir que somos muchas los que hoy sentimos que la vida se nos hace pesada, muchas exigencias y poca retribución. Ante eso, Jesús nos llama a acercarnos Él, a confiar en que ya tomó nuestro yugo y que nos alivianará la carga para ser cada día más plenas/os y felices.

Somos muchos los que hoy sentimos que la vida se nos hace pesada, muchas exigencias y poca retribución.

Por eso me gustaría terminar con la siguiente pregunta: ¿Qué situación hoy de mi vida actual necesito dejar en manos de Jesús? Él nos invita a confiar en sus promesas para vivir más y mejor.


Fuente: Mujeres Iglesia Chile / Imagen: Pexels.

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