Aprontes musicales para la primavera

Comentario del mes a lo más destacado de la música.

De pronto, después de tantas lluvias invernales, Santiago, acercándonos a la última semana de agosto, ha comenzado a abrirse a claros preludios primaverales. Todo muy santiaguino; muy chileno, a decir verdad: lo transicional, la «media estación», días de mañanas frías y tardes cálidas, indefiniciones climáticas que se agregan a tantas otras de nuestra cultura local… Pero está fuera de discusión que este ha sido uno de los inviernos más rudos de los últimos años. Semanas de mucho frío y luego otras de lluvias persistentes, incluso en lugares de Chile en que este fenómeno es claramente inhabitual. ¡Venga ya una pausa, por favor! Bienvenida la primavera que ya se anuncia, y la música que la acompañe. Estos dos discos, de dos mujeres muy distintas entre sí, nos traen aires nuevos.

MIKI YAMANAKA: BREATHE (2026)

Hace algunos años, en esta misma columna, destacaba a una joven pianista japonesa, Hiromi Uehara, que irrumpía con fuerza en el mundo del jazz, obnubilando a los más grandes exponentes del género, que se disputaban, como si fueran simples fans, la oportunidad de tocar y grabar con ella. Era la historia de una artista casi adolescente, venida de Oriente para conquistar New York, la capital mundial del jazz. Les presento ahora a una especie de repetición de esa historia. Miki Yamanaka, oriunda de Kioto, Japón, y ahora también residente en New York, podría ser mi hija. De hecho, tiene la misma edad que mi hijo Pablo, que, por esas coincidencias de la vida, vive en la capital del país del sol naciente. Lo que quiero resaltar con esto de la edad es la frescura que Miki (permítanme tratarla por su nombre) logra transmitir con su performance, pese al uso que hace de un lenguaje musical bastante ortodoxo. En mi percepción, este disco cultiva el género de una manera convencional, y a la vez con una actitud y un aire, un ritmo de respiración (breathe), mucho más desprendido, más natural. Esa frescura se expresa en las estructuras que sigue en sus temas y en la musicalidad que ella, como líder de la banda, logra imprimir a los momentos de improvisación, los propios y los concedidos a sus colaboradores: Tyrone Allen II (contrabajo) y Jimmy Macbride (batería) como sus acompañantes habituales, además de la saxofonista estadounidense Nicole Glover, como invitada especial. Un detalle que parece ser muy importante y que podría confirmar mis impresiones sobre la música de este disco, es el dato de que últimamente Miki Yamanaka ha decidido utilizar en sus actuaciones (y también en la carátula de este disco) un outfit que es una mezcla entre un kimono como atuendo y unas gafas de sol con un diseño de vanguardia. Vaya el dato, por si a alguien le cabe alguna duda acerca de los propósitos artísticos de esta joven pianista, situada entre la tradición y lo bueno que pueda traernos el hoy.

CARLY SIMON: COMES IN WAVES (2026)

Puede parecer una rotería, pero yo lo digo como mi más sentido halago y homenaje: Carly Simon tiene ochenta y tres años y hace dieciocho que no lanzaba un disco. Con este, completa una discografía de veinticuatro grabaciones de estudio como solista. Su voz pertenece a mi historia y, con toda seguridad, a la historia de muchos de los ilustres lectores. Los recuerdos de mi niñez están marcados por esa canción enorme: «You’re so vain», de 1972. Confieso que nunca me he detenido a analizar su letra, pero esa sola frase ya me parece suficientemente potente, y también debo confesar que he deseado, no pocas veces, dedicársela a ciertas personas con las que me he cruzado en la vida. Pero hablemos de lo agradable: siempre me fijo (y me conformo) con la belleza musical de las canciones que me gustan: su melodía, su estructura, sus arreglos, la voz de quien la canta… Esta me parece una canción completa, redonda. Una canción, como muy bien he dicho (y no me gusta citarme a mí mismo), literalmente e-nor-me. Ya solo por ella, para mí Carly Simon es una artista transtemporal; la categoría edad no aplica en ella. No es que sea joven para siempre. No se trata de eso. Se trata de que ella existe, en el mundo de la música, en otra esfera o dimensión. Para mayor abundamiento, como dicen mis amigos abogados, ocurre el hecho de que Carly Simon es una superdotada en el aspecto vocal. Comes in Waves me ha impresionado por la belleza general de sus composiciones, en un mundo en que tanto escasean las baladas pop de antaño, de esas que escuchábamos cuando jóvenes, en atardeceres de desazón, de desamor o de simple desánimo. Pero, ante todo, esta producción es, en sí misma, un verdadero homenaje a Carly Simon y, a la vez, una confirmación de que ella ha sido y sigue siendo, tenga la edad que tenga, una grandísima cantante.

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