La fraternidad es más fuerte que el fratricidio

En los lugares de la visita papal aparecieron muchos carteles de bienvenida: “Las personas son de dos tipos: o son tus hermanos en la fe o tus iguales en humanidad”.

Un par de días antes de iniciar su viaje a Irak, realizado entre el 5 y el 8 de marzo, el papa Francisco se había referido a él en su audiencia general: “Hace mucho tiempo que quería encontrarme con aquellas personas que tanto han sufrido; para encontrarme con esa Iglesia martirizada en la tierra de Abraham. Junto con los demás líderes religiosos, también daremos un paso más en la fraternidad entre los creyentes”. Concluyó: “El pueblo iraquí nos está esperando” y “no se puede decepcionar a un pueblo por segunda vez”.

De hecho, el viaje apostólico número 33 de Francisco cumplió un deseo que ya había sido expresado por san Juan Pablo II. En sus peregrinaciones jubilares de 2000, el papa Wojtyla fue primero al Sinaí y al mes siguiente a Tierra Santa, visitando el Monte Nebo y Jerusalén. Su deseo había sido combinar estas dos peregrinaciones con otra a Ur, la ciudad de los caldeos, en Irak, pero no fue posible: Estados Unidos, gobernado por Bill Clinton, estaba en contra, temiendo que la presencia del Papa fortaleciera a Sadam Husein. Finalmente, el propio gobernante iraquí se opuso a la idea.

El papa Juan Pablo II luego alzó su voz contra la “guerra relámpago” de 2003, que terminó con el derrocamiento del gobierno de Saddam. Pero no fue escuchado. Desde entonces, el país se ha sumergido en una espiral de violencia agravada aún más por el grupo fundamentalista “Estado Islámico en Irak y el Levante”, lo que había hecho pensar que una visita de un Papa sería imposible.

PERSPECTIVA GEOPOLÍTICA DE LA VISITA

Los significados envueltos en el itinerario del papa Francisco pueden entenderse si se evalúa el estado actual de Irak, y su importancia en la historia de la humanidad y las religiones. Considerada por algunos como el escenario del Edén bíblico, es una tierra de fuertes tensiones y heridas abiertas: uno de esos lugares que Francisco quiere tocar con sus propias manos, en testimonio y gesto curativo. La fertilidad de la tierra regada por ríos Tigris y el Éufrates, y las riquezas petroleras han sido fuente de grandes bendiciones, guerras y sufrimientos.

Mesopotamia fue la cuna de tres grandes civilizaciones antiguas: los sumerios, los babilonios y los asirios. De allí surgió la primera codificación escrita de leyes, el Código Hammurabi. Allí nació la fe de Abraham. Allí floreció la primera evangelización atribuida al apóstol Tomás, y se desarrolló la Iglesia de Oriente, que extendió su fecunda presencia a lo largo del Golfo Pérsico hasta la India, Afganistán y la antigua China. El islam hizo una de sus primeras conquistas y experimentó la división entre sunitas y chiitas. Parte del Imperio otomano y, tras el colapso de este último, confiado en 1920 por la Sociedad de Naciones a la administración británica por el Tratado de Sèvres, Irak se convirtió en una monarquía independiente en 1932 y en una República el 14 de julio de 1958.

Esta tierra también está impregnada de la sangre de innumerables conflictos recientes, como las dos guerras del Golfo en 1991 y 2003. Tras un año de estar sometido a una autoridad provisional, en 2004 Irak volvió a ser independiente y soberano. El 15 de octubre de 2005, un referéndum aprobó la nueva Constitución, que estableció un Estado parlamentario federal, que concede gran autonomía a los gobiernos regionales. Su lento y difícil proceso de normalización se detuvo abruptamente en 2014 con el surgimiento del llamado “Estado Islámico” (EI), que no fue derrotado sino hasta diciembre de 2017.

Hoy, la estabilidad política del país es más frágil con la reanudación de las milicias del EI y varios ataques contra civiles, y la injerencia de Turquía –que ha atacado a los kurdos en territorio iraquí– e Irán. Milicias proiraníes han aumentado sus acciones violentas. Además, la economía enfrenta dificultades y los jóvenes tienen escasas perspectivas laborales. El Fondo Monetario Internacional estima que la economía de Irak caerá 11% solo este año y que la pobreza bordeará el 40%.

LA PRESENCIA DE LOS CRISTIANOS Y SU HUÍDA

El peso de los conflictos también ha recaído sobre los cristianos. Sus comunidades han sobrevivido a siglos presiones autoritarias e incluso la persecución, y su presencia en los últimos cien años ha disminuido drásticamente. Antes de la segunda Guerra del Golfo, se estimaba que los cristianos en Irak estaban entre 1 y 1,4 millones, es decir, un 6% de la población. Hoy son 1,5%: entre 300.000 y 400.000 personas. La ocupación por parte del EI de la llanura de Nínive forzó a más de 100.000 cristianos a abandonar sus hogares. Más de sesenta iglesias resultaron dañadas o destruidas.

Un gran esfuerzo solidario realizado por la comunidad católica internacional ha permitido el regreso de más del 45% por ciento de las familias expulsadas de Nínive. Sin embargo, persiste el miedo ante la violencia de las milicias y la posibilidad del regreso del EI.

ABOGANDO POR UNA NUEVA CIUDADANÍA

A su llegada a Bagdad, el papa Francisco recibió el saludo del presidente Barham Ahmed Salih Qassim, quien valoró “la dimensión histórica, religiosa y humana” de la visita papal. Expresó: “Los iraquíes expresan su orgullo por su presencia, Su Santidad, como su gran y querido invitado, a pesar de las recomendaciones de posponer la visita debido a las circunstancias excepcionales por las que atraviesa el mundo con la epidemia, y a pesar de las difíciles condiciones que atraviesa nuestro país herido”. Después, en su discurso, el Papa definió a Irak como “una cuna de civilización estrechamente vinculada a través del patriarca Abraham y varios profetas a la historia de la salvación y a las grandes tradiciones religiosas del judaísmo, el cristianismo y el cristianismo”. Esas palabras de apertura representaron una clara referencia al “Documento sobre Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia” firmado en Abu Dhabi el 4 de febrero de 2019 entre el papa Francisco y el gran imán Ahmad Al-Tayyib, con la esperanza de poder “caminar juntos como hermanos y hermanas” en la convicción de que “las auténticas enseñanzas de las religiones nos invitan a permanecer enraizados en los valores de la paz” y también “del entendimiento mutuo, la fraternidad humana y la convivencia armoniosa”. Este es el núcleo del mensaje que el Pontífice quiso transmitir en Irak: estar unidos, “superar rivalidades y oposiciones”, considerando “la diversidad religiosa, cultural y étnica, que ha caracterizado a la sociedad iraquí durante milenios”, como un “valioso” recurso “que requiere un pluralismo saludable”. Indicó dos caminos para construir una sociedad civil iraquí saludable: fortalecer la ciudadanía –hacer espacio a todos quienes quieran cooperar a través del diálogo– y lograr un compromiso de la comunidad internacional, “en la promoción de la paz en esta tierra y en el Medio Oriente en su conjunto”.

IGLESIAS DE IRAK: HILOS DE COLORES DE UNA SOLA ALFOMBRA

Esa misma tarde, el Papa fue a la catedral de Sayidat al-Nejat (Nuestra Señora de la Salvación), que es la sede de la arqueparquía siro-católica de Bagdad, que ha sido blanco de dos ataques terroristas, uno de los cuales, el 31 de octubre de 2010, fue perpetrado por el autodenominado EI en el que murieron 48 personas, incluidos dos sacerdotes, y unas 70 resultaron heridas.

Cerca de un centenar de personas, entre obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y catequistas, se reunieron en la catedral. El patriarca, cardenal Louis Raphaël Sako, saludando al pontífice, habló de una “visita valiente”, que “nos impulsa a continuar en la vida con fe y constancia, para consolidar nuestras mutuas relaciones fraternales entre cristianos y con nuestros compatriotas musulmanes, a quienes amamos como hermanos”.

El Papa, por su parte, recordó la “presencia ininterrumpida de la Iglesia en estas tierras desde los tiempos más remotos”, pero también con conciencia de las dificultades, que han “provocado desplazamientos internos y la migración de muchos, especialmente cristianos, a otras partes del mundo”. Propuso “la imagen familiar de una alfombra. Las diferentes Iglesias presentes en Irak, cada una con su patrimonio histórico, litúrgico y espiritual milenario, son como tantos hilos de colores individuales que, entretejidos, forman una sola alfombra hermosa, que muestra no solo nuestra fraternidad, sino que también apunta a su fuente. Porque Dios mismo es el artista que imaginó esta alfombra, la tejió con paciencia y la remeda cuidadosamente, deseando que permanezcamos siempre unidos como sus hijos e hijas”.

NAYAL: EL PAPA EN LA CIUDAD CHIITA

Un día después, el papa Francisco concurrió a Nayaf, principal centro religioso chií de Irak, destino de peregrinación para chiitas de todo el mundo, porque alberga la tumba de una de las figuras más veneradas del islam, el Imām ʿAlī, yerno de Mahoma y el primer imán de los chiitas. Lo recibió el gran ayatolá Sayyid Ali al-Husayni al-Sistani. Este predica la abstención de las autoridades religiosas de la actividad política directa. El año 2003, tras ser derrocado Husein, pidió a los musulmanes que protegieran y no maltrataran a las comunidades religiosas minoritarias, incluyendo los cristianos. El 2004, apoyó las elecciones libres, contribuyendo a la planificación del primer gobierno democrático en el país, mientras que en 2014 llamó a los iraquíes a unirse contra el EI.

En los lugares de la visita papal aparecieron muchos carteles de bienvenida con las imágenes de Francisco y al-Sistani y con un famoso dicho del Imām ʿAlī: “Las personas son de dos tipos: o son tus hermanos en la fe o tus iguales en humanidad”.

El ayatolá al-Sistani nunca antes había recibido a un jefe de Estado. Hablaron de la importancia de la colaboración entre las comunidades religiosas y la consolidación de los valores de la armonía, la convivencia pacífica y la solidaridad humana, basados ​​en la promoción de la derechos y respeto mutuo entre los seguidores de diferentes religiones y tendencias intelectuales.

CAMBIO DE PARADIGMA

El viaje de Francisco a la “ciudad santa” chiita abre una perspectiva importante a favor del diálogo intraislámico, destacando la relevancia de Abraham, el patriarca compartido por los tres monoteísmos, para la reconciliación.

Durante la conferencia de prensa en el vuelo de regreso a Roma, Francisco recordaría después, con respecto al islam y sus tensiones internas: “Pensemos en nosotros, los cristianos, en la Guerra de los Treinta Años, el Día de San Bartolomé, por poner un ejemplo. Pensemos en eso. Cómo cambia la mentalidad entre nosotros”. Es interesante la referencia paralela a las tensiones en el cristianismo entre católicos y protestantes en el siglo XVII y los del islam. La Guerra de los Treinta Años se debió al deseo de los príncipes alemanes de frenar las aspiraciones del nuevo emperador de los Habsburgo que, con ayuda española, quiso privarlos del derecho a determinar la religión de sus territorios. Terminó con la Paz de Westfalia (1648), que inauguró un nuevo orden internacional, que dispuso que los Estados se reconocieran como Estados más allá de la fe de sus soberanos. Esto puso fin al largo período de guerras religiosas, de modo que los conflictos posteriores en Europa fueron de naturaleza exclusivamente política. El mensaje de la visita a al-Sistani es el reconocimiento pacífico de un islam “plural” y, más en general, de los Estados como organismos pluralistas, comprometidos con garantizar a todos la ciudadanía. El primer ministro al-Kadhimi recibió el mensaje y proclamó el 6 de marzo como el Día Nacional de Tolerancia y Convivencia.

El encuentro al que alude el Papa no se centra en encontrarse para estar unidos contra alguien. La paz que sugiere en Nayaf, e inmediatamente después en la ciudad de Ur, no es “en contra” ni es binaria (buena contra mala), sino profundamente respetuosa e inclusiva.

Todo esto es un cambio radical de paradigma en la vida de un país que ha experimentado cuarenta años de sufrimiento y lucha, también divisiones respecto a temas más amplios. De hecho, Francisco alude a las narrativas establecidas y las estrategias geopolíticas que asumen los principales actores mundiales con alguna incidencia en esta tierra. Una primera narrativa que ha hecho mucho daño señala que los cristianos son la quinta columna de Occidente. La segunda es la narrativa religiosa que apunta a que hay un conflicto permanente entre sunitas y chiitas, con el predominio del chiismo teocrático marca Jomeini: muchos hoy han descubierto que el chiismo es plural, y que hay uno tradicional, que es precisamente el de al-Sistani. Un tercer relato es una compleja visión geopolítica que tiene a Bagdad como foco, alimentada por una ideología apocalíptica. De hecho, los intereses del islam político, tanto sunita como chiita, se entrelazan a expensas de la religión y, de hecho, utilizan la religión.

En su discurso de bienvenida, el presidente iraquí resumió bien el significado de la visita del pontífice, lanzando la propuesta de un “simposio permanente para el diálogo”. Pidió armonía entre el islam sunita y chiita que interrumpa las narrativas preponderantes. El Papa se convirtió en un estímulo a eso, con su presencia en suelo iraquí.

UR, OBRA DEL FUTURO

Tras el encuentro con el líder chiita, el Papa se dirigió a Ur de los Caldeos, que fue la capital del Imperio sumerio, que a finales del tercer milenio antes de Cristo dominó toda Mesopotamia. Es la ciudad de donde Taré, padre de Abraham, tomó a su “hijo Abram y su nieto Lot hijo de Harán, y su nuera Sarai, esposa de su hijo Abram, y salieron juntos de Ur de los caldeos a la tierra de Canaán; cuando llegaron a Harán, se establecieron allí” (Gen 11:31).

Se celebró en Ur un encuentro interreligioso con lecturas de la Biblia y del Corán, así como se escucharon testimonios. Las religiones profesadas en suelo iraquí estuvieron representadas. Entre los testimonios estuvo el de una mujer de religión Saba-Mandean que habló de la unidad del pueblo iraquí: “Nuestra sangre se ha mezclado, juntos hemos experimentado la amargura del embargo, tenemos la misma identidad”. Ella continuó: “La visita de Su Santidad a Irak significa que Mesopotamia todavía es respetada y apreciada. Su visita significa un triunfo de la virtud, es un símbolo de aprecio por los iraquíes”.

El Papa pronunció un discurso, el que fue uno de los aspectos más destacados del viaje. Reiteró la centralidad del patriarca Abraham. “Este lugar bendito”, dijo, “nos devuelve a nuestros orígenes, a las fuentes de la obra de Dios, al nacimiento de nuestras religiones”. Llamó a mirar hacia arriba. “Dios le pidió a Abraham que alzara los ojos al cielo y contara sus estrellas (cf. Gn 15, 5). En esas estrellas, vio la promesa de sus descendientes; nos vio. Hoy nosotros, judíos, cristianos y musulmanes, junto con nuestros hermanos y hermanas de otras religiones, honramos a nuestro padre Abraham, haciendo lo que hizo: miramos hacia el cielo y viajamos por la tierra”. Este “mirar al cielo”, donde “las estrellas brillan juntas”, significa percibir un “mensaje de unidad”: “El Altísimo sobre nosotros nos invita a no separarnos nunca de nuestro prójimo. La alteridad de Dios nos dirige hacia los demás, hacia nuestros hermanos y hermanas”. Por eso, el terrorismo y el odio no se pueden combinar con la religión: “El terrorismo abusa de la religión”.

El Papa expresó la conciencia de que incluso en los oscuros momentos de terror “han brillado las estrellas”: “Pienso en los jóvenes musulmanes voluntarios de Mosul, que ayudaron a restaurar iglesias y monasterios, construyendo amistades fraternales sobre los escombros del odio, y de cristianos y musulmanes que hoy están restaurando mezquitas e iglesias juntos”. Es un mensaje de unidad. También hay una invitación a “caminar sobre la tierra”, después de haber mirado al cielo. Cada uno debe “salir”, como lo hizo Abraham, quien, llamado por Dios, “tuvo que dejar la tierra, la casa y el parentesco. Sin embargo, al renunciar a su propia familia, se convirtió en padre de una familia de pueblos”. Abraham se convierte en modelo de sociedad, de forma de hacer política, de compromiso para reconstruir un país. Es una invitación a “dejar atrás esos lazos y ataduras” que nos cierran en “nuestros grupos” y nos impiden “ver en los demás a nuestros hermanos”. “¿Desde dónde puede comenzar el viaje de la paz?” se preguntó el Papa. Su respuesta muestra claramente el camino: “De la decisión de no tener enemigos. Cualquiera que tenga el valor de mirar las estrellas, todo aquel que crea en Dios, no tiene enemigos con los que luchar. Solo tiene un enemigo al que enfrentarse, un enemigo que está a la puerta del corazón y llama para entrar. Ese enemigo es el odio. Mientras unos tratan de tener enemigos más que de ser amigos, mientras muchos buscan su propio beneficio a expensas de los demás, los que miran las estrellas de la promesa, los que siguen los caminos de Dios, no pueden estar contra alguien, sino por todos”. De lo contrario, “sálvate a ti mismo, si puedes” se traducirá rápidamente en “todos contra todos”.

Concluyó su discurso en Ur de esta manera: “Hermanos y hermanas de diferentes religiones, aquí nos encontramos en casa, y desde aquí, juntos, queremos comprometernos a cumplir el sueño de Dios de que la familia humana sea hospitalaria y acogedora para todos sus hijos que, mirando al mismo cielo, viajarán en paz por la misma tierra”. Ur ya no es solo un símbolo del pasado, sino la obra de construcción del futuro. Que el caminar hoy siguiendo los pasos de Abraham “sea un signo de bendición y esperanza para Irak, para el Medio Oriente y para el mundo entero”. Para ello “tenemos que hacer algo bueno y concreto juntos”.

Después, en Bagdad, en la Catedral caldea de San José, el papa Francisco celebró misa en rito caldeo. En su homilía habló de tres temas, en tres palabras clave: “Sabiduría, testimonio y promesas”.

La sabiduría se ha cultivado en estas tierras desde la antigüedad. El Pontífice tradujo en términos de “sabiduría” lo que había dicho esa mañana en Ur, basándolo espiritualmente en las Bienaventuranzas del Evangelio. La sabiduría bíblica es una “inversión total” con respecto a la sabiduría humana. El libro de la Sabiduría, de hecho, cambia la perspectiva común, afirmando que “los más humildes pueden ser perdonados en misericordia, pero los poderosos serán probados poderosamente” (Sabiduría 6: 6). El Evangelio llama bienaventurados a “los pobres, los que lloran, los perseguidos”. El testimonio es el camino para encarnar esta sabiduría de Jesús que se manifiesta en las Bienaventuranzas. La recompensa es la contenida en las promesas divinas. Como lo fue para Abraham: “Dios le promete una gran descendencia, pero él y Sara son ancianos y no tienen hijos. Es precisamente en su vejez paciente y fiel que Dios obra maravillas y les da un hijo”.

LA BELLEZA DE LA DIVERSIDAD CONTRA EL FANATISMO

El papa estuvo también en Erbil, capital de la región autónoma del Kurdistán iraquí que, además de los refugiados sirios, ha acogido en sus campos de refugiados a unos 540.000 iraquíes desplazados, huyendo del EI. Visitó igualmente Mosul, ciudad que representó la identidad pluralista de Irak gracias a la convivencia de diversos grupos étnicos, lingüísticos y religiosos hasta que fue ocupada por el EI entre junio de 2014 y julio de 2017. Fue objeto de una devastación sistemática: medio millón de personas, incluidos muchos cristianos, huyeron de Mosul, que tenía una población de más de 1.800.000 en 2004. La furia destructiva golpeó iglesias, pero también hallazgos arqueológicos y una gran cantidad de manuscritos y libros.

El Papa fue a Hosh al-Bieaa, la plaza de las cuatro iglesias (católica siria, apostólica armenia, sirio-ortodoxa y caldea), destruida entre 2014 y 2017 por militantes del EI y luego por bombardeos de la coalición internacional. Ahí se realizó una oración de petición por las víctimas de la guerra, acompañada de los testimonios de una musulmana sunita y una monja. En su saludo, antes de la oración, el papa Francisco quiso recordar un testimonio: “La auténtica identidad de esta ciudad es la de la convivencia armoniosa entre personas de diferentes orígenes y culturas”. De ahí la convicción de que “la fraternidad es más fuerte que el fratricidio”. La fraternidad se hizo visible en el discurso de Francisco con la mención de dos símbolos que atestiguan el deseo eterno de la humanidad de acercarse a Dios: la mezquita Al-Nouri con su minarete Al Hadba y la Iglesia de Nuestra Señora del Reloj.

Después estuvo en Qaraqosh, la principal ciudad cristiana del país, con más de 50.000 habitantes, el 90% de los cuales son cristianos. En el verano de 2014 fue invadida por milicianos del EI. Decenas de miles de cristianos tuvieron que abandonar sus hogares y buscar refugio principalmente en el Kurdistán iraquí. Asociaciones internacionales han intentado continuar con la reconstrucción de lo destruido, como la iglesia cristiana más grande del país, al-Tahira al-Kubra, la Catedral de la Inmaculada Concepción, a donde llegó el Papa. El ambiente fue de gran celebración, como para una resurrección.

En su discurso, el Papa celebró la diversidad: “La belleza no es monocromática, sino que brilla a través de la variedad y las diferencias”, que “el poder destructivo de la violencia” quiere anular. El fanatismo es monocromático. Así que este es el momento de reconstruir, teniendo ante nuestros ojos el ejemplo de los padres y madres en la fe, que han dejado un “gran legado espiritual”.

Dos días después de concluida su visita a Irak, el 10 de marzo, en la audiencia general en el Vaticano, el Pontífice diría que había “sentido fuertemente el sentido penitencial de esta peregrinación”. Se había acercado a ese pueblo martirizado asumiendo, “en nombre de la Iglesia católica, la cruz que llevan años cargando”. Durante su viaje, había regresado físicamente al lugar de origen del arca de Noé, a Mesopotamia. El arca reaparece en el lugar donde fue concebida para romper el mar helado del odio y la división, para apagar todo semillero de pensamiento apocalíptico espurio, que solo ve “mártires” y “apóstatas”, donde en cambio todos somos hermanos.

El papa Francisco evocó desde Irak un nuevo humanismo, el que en Fratelli Tutti (n. 8) había descrito así: “Soñemos, entonces, como una sola familia humana, como compañeros de viaje compartiendo la misma carne, como hijos de la misma tierra que es nuestra casa común, cada uno de nosotros aportando la riqueza de sus creencias y convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos y hermanas”. La fraternidad no se basa en pactos interesados en equilibrios de poder o economía, sino solo en la humanidad más verdadera y auténtica: es el arca que puede salvarnos del diluvio. MSJ

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