Comentario del mes a lo más destacado de la música.
Hace poco estuve en Antofagasta, más precisamente en el sector de La Chimba, visitando a un viejo y querido amigo, acompañado de otros dos compañeros de ruta, igualmente queridos y viejos. Por cierto, este fue uno de los tópicos tocados en esa fugaz visita: como nos conocemos hace tanto tiempo, todos éramos muy jóvenes al inicio de esta historia de amistad; ahora, en cambio, compartimos la experiencia de estar entre «los mayores» en nuestros respectivos ambientes. Mis hijos no logran imaginarse cómo es eso de una amistad de más de cincuenta años y les despierta una curiosidad que puede ser muy positiva. Aunque en este encuentro no caímos en la necedad de hablar solo de experiencias del pasado, de todos modos hubo ocasión para hablar de personas que nos marcaron en nuestra juventud. Hicimos un recuerdo especial de una profesora, la Hna. Anneliese Meis, que siempre nos premió con sus enseñanzas, su dedicación y su cercanía en nuestros tiempos de estudiantes universitarios. Ahora cumplo con transmitirle el saludo afectuoso de nuestro anfitrión en el Norte Grande. Y aprovecho, también, de introducir, en el mismo espíritu, el homenaje que dos músicos actuales hacen, en sendos discos, a grandes figuras que los antecedieron e inspiraron.
Un notable pianista actual homenajea a Bill Evans. Los que ganamos somos nosotros, los que podemos disfrutar de este diálogo de gratitud y talento. De Colombo ya hemos hablado en esta columna, destacándolo como un pianista que transita, sin incomodidad alguna, entre el jazz, la buena música popular internacional y la música «docta» más ortodoxa, en especial en la obra de J. S. Bach. De Bill Evans (1929-1980) también hemos hablado no pocas veces, a propósito de producciones recientes que han revisitado su música única y sublime. No he conocido músico alguno que no defina en esos términos la obra de Evans. Todos lo describen como un genio que creó una nueva manera de concebir la música, la armonía y, en consecuencia, la ejecución del piano en el jazz. Massimo Colombo, con su cultura musical y su exquisita técnica, toma aquí trece temas de Bill Evans y los recrea, en un difícil equilibrio entre originalidad y fidelidad a la obra. Ambos, el homenajeado y quien rinde el homenaje, tienen mucho en común: finura, buen gusto y, sobre todo, profundidad en el lenguaje musical. Colombo se manifiesta como la persona indicada para rescatar la belleza de la obra de Bill Evans. El disco parte con una recreación de, tal vez, la pieza más conocida y reconocida de toda la obra de Evans, «Waltz For Debby», instalando así una atmósfera de intimidad que permanecerá en el desarrollo de todo el resto de su selección de piezas.
El formato de piano y contrabajo, acompañando la voz y la característica guitarra de jazz de siete cuerdas de John Pizzarelli, resulta muy apropiado para la intención de este registro, que es, en realidad, un agregado de solo cinco temas al disco Dear Mr. Bennett, publicado en marzo de este mismo año como adhesión al centenario del gran crooner neoyorquino Anthony Dominick Benedetto, conocido como Tony Bennett, que falleció en 2023 a la edad de 96 años. Dueño de una voz y una impronta únicas, Bennett tuvo una carrera exitosísima y larga, que él decidió terminar solo un año antes de su partida. Este homenaje de Pizzarelli y sus amigos consiste en una especie de recreación del arte que Tony Bennett cultivó con excelencia: la interpretación serena y, ante todo, elegante de melodías estándares de jazz y del repertorio popular estadounidense. En realidad, John Pizzarelli tiene el mismo oficio que su homenajeado, por lo que no parece haber tenido que esforzarse demasiado en el proyecto. En este sentido y más allá del noble propósito de ambas producciones, yo no diría que hay en ellas un real aporte o una novedad en la carrera musical de Pizzarelli. Pero, en cualquier caso, es bueno ser agradecidos y hacer presentes a quienes nos antecedieron y aportaron con paciencia a nuestra formación. Algo así como lo que hicimos, sin planearlo, hace pocos días en La Chimba.