Ecología integral: Menos es más

El ascetismo ecológico desafía los valores, las creencias y las prácticas que subyacen a la actual crisis ecológica, tales como la cultura del descarte, que la encíclica Laudato Si’ agudamente denuncia.

Román Guridi O, SJ.

04 Julio 2017, 12:00 am
27 mins

El patriarca ortodoxo de Constantinopla —Bartolomé I— ha sido desde hace tiempo un ferviente promotor de un ethos ascético como respuesta humana necesaria ante la crisis ecológica actual[1]. De hecho, la falta de una vida auténticamente ascética está a la base de los problemas que enfrentamos. La ascesis es una manera de vivir que se muestra no solo relevante, sino también vital para contrarrestar las actitudes y prácticas que hoy están siendo perjudiciales para el florecimiento de la comunidad de la creación como un todo.

Es cierto que, para algunos, el ascetismo es un término cargado de asociaciones negativas, como “la retirada del mundo” y la represión de la corporalidad, y que sospechan que alienta prácticas nocivas para el cuerpo y una minusvaloración del mismo. Dirán que se trata nuevamente de una “arenga religiosa” que habla de renunciar al placer, que promueve la mortificación y el sacrificio, y nos exhorta a controlar nuestros “apetitos desenfrenados” y nuestra excesiva atracción por lo placentero y el gozo. Sin embargo, la ascesis nada tiene que ver con esto. No se trata de refrenar, controlar, y suprimir. Más bien la ascesis apunta a explorar, desplegar y discernir.

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Román Guridi O, SJ.

Teólogo.