Ni perdedores ni vencedores, simplemente democracia

Un hecho marcó el país durante las últimas semanas: la elección presidencial entre los dos candidatos con mayor votación obtenida en la primera vuelta. Sin duda, este proceso eleccionario deparó sorpresas.

Revista Mensaje

31 enero 2018, 12:39 pm
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SORPRESAS QUE HACEN PENSAR

Sebastián Piñera ganó a Alejandro Guillier por una diferencia de nueve puntos, a pesar de que las encuestas y los análisis políticos sostenían que cualquiera de los candidatos que resultara electo obtendría una muy estrecha mayoría. En la primera vuelta, el candidato de la derecha admitió que esperaba un mejor resultado, pero en la segunda se reconoció sorprendido con la buena votación. En esta última, la participación de los ciudadanos aumentó de 46% a 48%, a pesar del pronóstico pesimista que auguraba una menor concurrencia. Además, surgió un nuevo referente político con una votación del 20% en la primera vuelta, con una representación en el Congreso de veinte diputados y un senador. Por consiguiente, en la configuración del futuro Congreso ninguna de las coaliciones existentes tendrá la mayoría.

Se han presentado varias hipótesis para explicar estos resultados políticos imprevistos. Sin embargo, algunas conclusiones tienden a imponerse: la actual coalición de gobierno no convence a la ciudadanía, y esta no se sintió convocada por la sola idea de oponerse al otro candidato sin ofrecer un proyecto renovado o alternativo que sustentara suficientemente la opción propia. Quedó patente la distancia existente entre la razón política y aquella ciudadana, ya que entre las personas comunes y corrientes no impera el horizonte de la ideología, sino más bien el anhelo de un cambio en el estilo del quehacer político, como también de la integridad de sus actores. Al parecer, la línea gruesa de las reformas impulsadas por el Gobierno de Bachelet continuará y seguirá influyendo en la agenda legislativa, aunque haya diferencias en el modo de implementarlas. Asimismo, los temas valóricos en el campo de la sexualidad y la bioética han dejado de ocupar un puesto central en la decisión del votante y permanece en la mente del ciudadano la preocupación por la corrupción, la violencia, las expresiones de desigualdad, la situación de la clase media, la descentralización y las nuevas formas de participación.

REPENSAR LA POLÍTICA

Lo ocurrido es un momento privilegiado para encontrar nuevas oportunidades políticas. Debido a la configuración del nuevo Congreso, resulta ineludible el diálogo, lo que supone por parte del mundo político el ejercicio de escuchar efectivamente a la ciudadanía y sus preocupaciones cotidianas. En este contexto, es fundamental renovar la idea de los auténticos acuerdos políticos que no signifiquen renuncia de valores fundamentales sino reencuentros con los consensos razonables para una vida ciudadana en común.

La gran interrogante es cómo superar la distancia existente entre el mundo político y la cotidianeidad ciudadana. Por de pronto, este desafío exige la presencia en terreno de aquellos que han sido elegidos como «representantes», un sentido de velar por el bien común capaz de pensar en el proyecto de país, una vocación de servicio público preocupada por servir y no servirse, una reflexión seria e informada en los temas de interés nacional… En una palabra, todo lo opuesto a lo que se vivió en el curso de la campaña electoral: la lógica de la descalificación, las volteretas programáticas, el recurso al terrorismo verbal…

También se hace necesario que los rostros nuevos que han ingresado al Congreso — son debutantes 92 de los 155 diputados que asumirán sus cargos en marzo— y los que sean nombrados en los puestos del nuevo Gobierno representen una verdadera renovación y no sean mesiánicos ni prepotentes. Se requiere también una nueva comprensión de la política como el arte y la vocación de hacer posible lo ideal de construir una sociedad siempre más inclusiva, donde de verdad cada ciudadano puede sentirse identificado y acogido, gozando de los beneficios y contribuyendo con su esfuerzo a la vida en común.

LA LÓGICA DEMOCRÁTICA

Cuando lo que está en juego es el futuro del país, la lógica del vencedor y del perdedor no tiene cabida, porque el desafío común a cualquier partido e ideología es la de mejorar la situación y la condición de la ciudadanía y, en una visión inclusiva, esto significa priorizar las posibles soluciones de los más vulnerables y vulnerados en la sociedad chilena.

Tampoco corresponde la lógica bélica que considera al otro como un enemigo y se centra en la descalificación, buscando su destrucción pública. La política es más bien un espacio público donde las herramientas son la persuasión y el diálogo. Además, el pluralismo de pensamientos tiene un objetivo común que tendría que unir a todo el mundo político, cada uno desde su propia perspectiva, en el compromiso de ir construyendo una sociedad inclusiva. Por último, el poder se entiende como un servicio a la ciudadanía y, al respecto, la sociedad civil ha crecido y exige transparencia.

La lógica democrática se expresó admirablemente en los gestos republicanos que acompañaron el anuncio de la persona que ocupará la sede presidencial: el saludo y el reconocimiento público del candidato contendor al electo, la llamada por teléfono de la actual mandataria al recién elegido (seguido por el desayuno del día siguiente) y las visitas de los ministros y subsecretarios en ejercicio, además de otras autoridades civiles a la casa del gobernante electo, transmitiéndole, como se ha dicho, la información adecuada para una sana transición. Junto con lo anterior, resulta positivo que el Presidente electo haya declarado su disposición a intentar acuerdos para avanzar en las materias que se ha propuesto en su mandato. Estos son gestos que expresan la lógica democrática. MSJ

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