Un proceso en desarrollo: Abusos sexuales en la Historia de la Iglesia en Chile

Desde comienzos del siglo XX hay antecedentes en nuestro país acerca de algunos actos delictuales y vejaciones, incluso contra menores de edad, cometidos por miembros del clero. En los últimos años, nuevos casos han sido crecientemente develados, marcándose un hito en la reunión a la que el papa Francisco convocó a los obispos chilenos y les planteó su responsabilidad en el surgimiento de una cultura del abuso.

Marcial Sánchez Gaete

06 noviembre 2018, 4:05 pm
20 mins

La Iglesia chilena está viviendo una profunda crisis, situación que se puede entender revisando los contextos históricos, buscando los antecedentes que ayudan a comprender y dimensionar en su profundidad la realidad por la que hoy se transita. Existen márgenes de cotidianidades que han ido mutando con el tiempo y han dado respuesta a cambios en el quehacer del hombre, en un mundo dinámico con un Occidente delirante por lo económico, lo que trae consigo una enajenación del otro, cayendo en un individualismo que va dejando solo sombras más que raíces fuertes, en un mundo que pide a gritos más humanidad. Son dimensiones artificiales que llenan todos los espacios, donde Dios se pierde en la incoherencia de la respuesta fácil, donde las posturas se alejan de lo trascendente y solo se quedan enquistadas en lo que perece.

Bajo este mundo de transformaciones evidentes, la Iglesia chilena, en especial la jerarquía, sucumbió en la psicología de la elite y cayó en la cultura del abuso, un abuso que se ha identificado en abuso de conciencia, de poder y sexual.

LOS MUROS DEL SILENCIO

En los inicios el siglo XX, el abuso sexual golpeó la puerta de la Iglesia. Fue en 1904 cuando nos enteramos por la prensa del abuso a un menor de edad en manos del religioso Santiago Herreros, perteneciente a la congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Según se constata en fuentes de la época, todo ocurrió en el Colegio San Jacinto, el lunes siguiente a la Navidad. Se presentó una denuncia ante el juzgado del crimen, la que derivó después de las investigaciones en una sentencia dada a conocer el 8 de marzo de 1905, en la cual se encontró culpable a Santiago Herreros Cerda de tres violaciones y nueve abusos deshonestos contra alumnos del colegio, siendo sentenciado a 54 años de presidio. Además, se juzgó a otros dos hermanos de la congregación, condenándolos a penas de tres y cinco años de prisión. Por los antecedentes que conocemos, ninguno de ellos cumplió remisión ya que fueron ayudados a salir del país a la ciudad de Mendoza.

Estas conductas en los espacios eclesiásticos regularmente terminaban con los abusadores fuera de la diócesis que servían y cambiados de localidad dentro o fuera de Chile, protegidos por sus órdenes o congregaciones y, en varias ocasiones, en conocimiento del obispo correspondiente. Este círculo de impunidad llevó a las víctimas a cargar sus dolores y angustias, viendo la falta de protección por parte de la justicia y en algunos casos de la propia sociedad.

Durante años no conocimos antecedentes de estas prácticas en la Iglesia chilena, especialmente de abusos de menores propinados por religiosos, no porque no existiesen, sino porque era habitual que no salieran a luz pública y quedaran dentro de los muros del silencio.

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Marcial Sánchez Gaete

Doctor en Historia