Un nuevo paradigma eclesial sobre la juventud

De la lectura del Documento Final del Sínodo de Obispos puede concluirse que en la Iglesia se está formulando una nueva forma de aproximación al desafío de acompañar a los jóvenes en el desafiante mundo de hoy.

Jorge Blake

10 diciembre 2018, 1:15 pm
20 mins

La publicación del Documento Final del reciente Sínodo de Obispos representa un hito significativo en el camino sinodal emprendido hace dos años en cuanto a una más amplia participación en la tarea de discernir el camino de la Iglesia(i). En el propio texto se señala que este es «fruto del discernimiento alcanzado» (3) y que en él se reúnen las temáticas «en los que los Padres sinodales se concentraron con particular intensidad y pasión» (3).

En este artículo propongo una reflexión a partir de ese Documento. Más que hacer un inventario de los tópicos específicos que este aborda, busco ofrecer una lectura del contexto socio-eclesial en que este texto emerge y, a la vez, es recepcionado. Para ello propongo tres interpretaciones. En primer lugar, que nos encontramos frente a la emergencia de un «nuevo paradigma eclesial sobre la juventud». En segundo lugar, que dicho paradigma se encuentra fuertemente influenciado por el contexto de crisis y no puede ser entendido con independencia de ella. Y, en tercer y último lugar, que el «acompañamiento» surge como categoría pastoral en la cual se cifran grandes esperanzas.

NUEVO PARADIGMA ECLESIAL SOBRE LA JUVENTUD

La Asamblea Sinodal evidencia, mediante el «Documento Final», la necesidad de un cambio en la relación entre los jóvenes y la Iglesia. Este cambio brota de un nuevo paradigma eclesial sobre la juventud, que se funda en una razón teológica, y desde ahí desprende consecuencias pastorales. Para dar cuenta de este cambio, me atrevo a aventurar(ii) una comparación: que la renovación en la comprensión de la juventud propuesta en el Sínodo presenta una dinámica similar a la que encontramos en la tradición eclesial, a partir de la transformación en la comprensión de la pobreza. En dicha tradición, la imagen del pobre como destinatario de la caridad se enriquece a partir de la noción de pobreza como lugar teológico: Jesús, que nace pobre, vive entre los pobres y mure como pobre, nos revela la pobreza como un modo cristiano de vida. Siguiendo la misma lógica, el Sínodo complejiza la concepción de los jóvenes como meros receptores de una acción pastoral exterior, reconociendo que ellos «son uno de los “lugares teológicos” en los que el Señor nos permite conocer algunas de sus expectativas y desafíos para la construcción del mañana» (64). Este reconocimiento teológico es el fundamento del nuevo paradigma eclesial sobre la juventud e implica aceptar que los jóvenes son portadores de una verdad valiosa y necesaria para la Iglesia: «Con ellos podemos leer más proféticamente nuestra época y reconocer los signos de los tiempos» (64). El documento agrega que «los jóvenes católicos (…) son miembros vivos del único cuerpo eclesial bautizado, en el cual el Espíritu del Señor vive y actúa. Contribuyen a enriquecer lo que es la Iglesia y no solo lo que hace. Son su presente y no sólo su futuro» (54).

El nuevo paradigma, que brota de la comprensión de los jóvenes como lugar teológico, se funda en la propia juventud de Jesús como modelo para el discernimiento cristiano. Entre los rasgos juveniles evidenciados de Jesús, se destaca que «tuvo el coraje de enfrentarse a las autoridades religiosas y políticas de su tiempo» (63) y que «vivió la experiencia de sentirse mal entendido y descartado» (63). Desde estas vivencias, el Sínodo afirma que en la vida de Jesús «todos los jóvenes pueden encontrarse a sí mismos, con sus temores y esperanzas, sus incertidumbres y sueños» (63).

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Jorge Blake

Sociólogo, profesor adjunto Pontificia Universidad Católica de Chile