El auge global del autoritarismo

La nueva fuerza que en naciones americanas y europeas alcanzan movimientos políticos que se acercan a tendencias populistas, a ideas nacionalistas o a la lucha contra las elites tradicionales, configura un escenario político desafiante cuando genera cercanía al autoritarismo. Hoy en día, el miedo, proveniente de distintas vertientes, ha favorecido el autoritarismo. La inseguridad económica y un panorama de desajustes sociales impulsan en varios países, de variado signo, la aparición de los hombres fuertes.

Raúl Sohr

15 enero 2019, 5:10 pm
17 mins

«Hoy el país comienza a liberarse del socialismo, a liberarse de la inversión de valores, del gigantismo estatal y de lo políticamente correcto», sentenció Jair Bolsonaro al asumir la Presidencia de Brasil el 1 de enero. Para no dejar dudas sobre sus propósitos, agregó que la bandera de Brasil «jamás será roja».

Su gobierno marca la irrupción, en América Latina, de un fenómeno novedoso.

Algunos califican a Bolsonaro como un «populista de extrema derecha». Con ello señalan a alguien que proclama representar al conjunto de la ciudadanía en contra de las elites corruptas. Así, esta corriente debuta en el mayor país de la región, que es nada menos que la octava economía del mundo. Por cierto, más impactante fue la victoria de Donald Trump en Estados Unidos el 2016, que además figura como el líder de la nueva ola derechista que alcanza a buena parte de Europa.

El fenómeno, que adquiere proporciones globales, tiene perfiles dispares. «Populismo» es un concepto vago que, por lo general, es empleado como un adjetivo peyorativo. Desde esta óptica se designa a los políticos que hacen ofertas que no son realizables, según la ortodoxia económica. Así, los populismos no son monopolio de la derecha o la izquierda. Su definición depende de quién fija los parámetros del realismo.

Un segundo ingrediente transversal de esta corriente es el nacionalismo. Entre los nacionalismos existen, asimismo, diversas vertientes. Todos coinciden en la defensa de los intereses nacionales y buscan la mayor gravitación posible para la nación respectiva. Hay nacionalismos proteccionistas en lo económico, como el de Trump, «hombre de aranceles», como se ha autodenominado, y otros que los son menos, según lo insinúa Bolsonaro. Donde se aprecia mayor unanimidad es en las políticas migratorias, que hoy ocupan un papel decisivo en la agenda política europea y estadounidense. Ello, a tal punto que el Gobierno de Estados Unidos ha experimentado un cierre parcial. El motivo es la ausencia de un acuerdo sobre el financiamiento del muro fronterizo con México, exigido por Trump, para frenar la migración latina.

Otro elemento prominente de la plataforma de las nuevas derechas extremas es la lucha contra la corrupción y los privilegios de la elite. Una condición del éxito de estos movimientos radicales es proyectarse como ajenos y contrarios al «establishment». Esto se da pese a que muchos de sus líderes provienen, precisamente, de los centros de poder. Trump promete acabar con «el pantano de Washington», en tanto Bolsonaro tiene en la mira al Partido de los Trabajadores.

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Raúl Sohr

Analista internacional