«La protección de los menores en la Iglesia»: Escuchar a las víctimas

El inédito encuentro de obispos convocado por el papa Francisco trabajó en febrero en la búsqueda de nuevas prácticas y modos que erradiquen la cultura eclesial, hegemónica durante muchas décadas en la Iglesia católica, de silencio, negligencia y ocultamiento. El largo camino que se ha emprendido, será doloroso, pero sin pausa y con decisión. Hay conciencia de que fueron relegadas las víctimas y su dolor. Este dolor nunca prescribe y durante mucho tiempo fue ignorado, callado o silenciado.

Marcelo Gidi S.J.

28 marzo 2019, 5:40 pm
24 mins

El 12 de septiembre 2018, en medio de la crisis por la que atraviesa la Iglesia, la Oficina de Prensa de la Santa Sede anunciaba que el papa Francisco, durante la XXVI reunión del Consejo de cardenales, había decidido convocar a los presidentes de las conferencias episcopales a un encuentro sobre el tema de la protección de los menores en la Iglesia. En su discurso inaugural el Pontífice propuso la ruta a seguir: «Ante el flagelo del abuso sexual perpetrado por hombres de Iglesia contra menores de edad, he querido interpelaros a todos ustedes… para que juntos nos pongamos a la escucha del Espíritu Santo, y dóciles a su guía escuchemos el grito de los pequeños que piden justicia». Estas palabras son el reconocimiento del drama de las víctimas. Hubo transparencia, confianza y voluntad sincera de enfrentar los problemas aún abiertos y que el Papa ya había reconocido: «Con vergüenza y arrepentimiento, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños».

La magnitud y gravedad de los abusos sexuales, de conciencia y de autoridad exigían a la Iglesia asumir este hecho de manera decidida y coordinada.

Esta cumbre no podía comenzar de otro modo. No convenía seguir promulgando nuevas normas (ya vendrán), sino que era necesario, primero, que los pastores tomaran conciencia, vieran al doliente y lo acogieran con compasión. Aunque parezca increíble, son muchos los obispos y superiores que aún no entienden o no saben qué pasa. Aún creen que pueden seguir en sus oficinas, púlpitos o sacristías, indiferentes al drama. Muchos han criticado que en el encuentro no se haya tocado el tema de la homosexualidad de los clérigos, olvidándose que el tema central era el menor-víctima de abuso y no el clérigo-victimario. Fueron las víctimas, y no la institución, quienes permitieron que los participantes se situaran de una manera correcta ante su drama, entendieran su dolor y buscaran colegialmente las mejores soluciones. El reconocimiento de las víctimas y la conciencia del pecado ayudó, de un modo determinante, a que los obispos presentes reconocieran sus errores, sus delitos y las dramáticas heridas generadas en el pasado por su inercia. Era el único modo para comprometerse realmente a emprender el camino de la verdadera y consistente protección de los menores en la Iglesia.

RECONOCIMIENTO DESDE LA INSTITUCIÓN

Había primero que reconocer que, institucionalmente, no ha existido una voluntad real para comprometerse en la lucha decidida contra el abuso de menores en la Iglesia, que hasta ahora han sido inadecuadas muchas de las respuestas dadas por la autoridad y que ha habido una vergonzosa incapacidad para comprender el dolor de las víctimas, no solo por ignorancia, falta de preparación e incredulidad, sino, también, por la corrupción, complicidad y encubrimiento que se ha instalado en la Iglesia y sus autoridades frente a este tema.

Entendemos de este modo, entonces, que, si se quiere cambiar ruta, el Papa haya pedido rezar por este encuentro, porque «he querido que sea un acto de fuerte responsabilidad pastoral ante un desafío urgente de nuestro tiempo».

Fue un encuentro inédito. Nunca antes se había celebrado en la Iglesia católica una reunión de este tipo y sobre este tema; tampoco ninguna otra institución mundial o nacional han hecho algo similar.

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Marcelo Gidi S.J.

Teólogo, doctor en Derecho