¿En qué está la relación civil militar?

Los desafíos respecto de las necesarias reformas a las FF.AA. y de Orden pueden verse entorpecidos por el desacertado accionar del Gobierno en esta área en los últimos meses.

Gabriel Gaspar

02 mayo 2019, 5:29 pm
19 mins

En los inicios de la transición de los años noventa, la relación civil militar era uno de los puntos críticos del acontecer nacional. En esta relación, convivían en esos años dos agendas: la «política» y la «profesional». La primera aludía a los llamados «enclaves autoritarios» que preservaban autonomías de las FF.AA., como los senadores designados o la inamovilidad de los Comandantes en Jefe, entre otras, aunque también tenía mucha significación el modo en que se asumía el tratamiento a los casos de violaciones a los derechos humanos. En cambio, la agenda profesional se refería a la necesidad de diseñar nuestra política de Defensa, en tiempos de democracia y post Guerra Fría.

Durante los años de una transición que concluyó hace ya tiempo, paulatinamente los temas políticos fueron quedando buena o malamente resueltos, mientras las autoridades civiles y militares iniciaron un profundo proceso de renovación de nuestras FF.AA. Así, pasamos de un Ejército que era básicamente de instrucción a uno de operaciones. De cerca de 30.000 conscriptos redujimos el contingente a poco más de 10 mil, y hoy tenemos unas Fuerzas Armadas cuasi profesionales (más de un 83% de nuestros efectivos lo son). Igualmente, se llevó a cabo un vigoroso upgrade organizativo y tecnológico. Logramos crear las condiciones para alcanzar el objetivo político-estratégico: Chile es capaz de administrar la paz. Técnicamente, la mayoría de nuestras unidades están en condiciones de interoperar a nivel OTAN. Además, las FF.AA. progresivamente volvieron a sus cuarteles, de los cuales salen para acudir a apoyar a la población en emergencias, o bien para acudir a misiones de paz, y por otra parte se acabaron los llamados militares de «Alameda p’al norte», en alusión a los uniformados que entre 1973 y 1990 cumplieron tareas de gobierno, desnaturalizándose su misión.

Hasta ahí todo bien: los uniformados progresivamente fueron retomando su rol profesional y el poder político se encargó de liderar la defensa nacional, dentro de la cual está la defensa estratégica.

Por cierto, esta fue la prioridad y por ello no todos los temas se abordaron. Quedaron para mejor momento los referidos al financiamiento de las FF.AA. y al complejo nudo de la carrera militar, que en opinión del suscrito es una triada compuesta por previsión, salud y remuneraciones. Digamos que se hicieron intentos, como los encabezados por la entonces ministra Michelle Bachelet, que trató de corregir las catorce distorsiones más gravosas de la previsión militar (el tema de las hijas solteras, los matrimonios a avanzada edad, las dobles pensiones de algunos profesionales, etc.). La razón de este fracaso, corregido años después, fue que las bancadas de la derecha, donde entre otros estaban los hoy ministros del Interior y Defensa, se opusieron.

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Gabriel Gaspar

Abogado, embajador