La ética sexual de la Iglesia: Genealogía histórica, observaciones críticas y nuevos desarrollos

La escasa recepción hacia las normas sobre moral sexual que promueve la Iglesia no se debe a la ocurrencia de múltiples casos de abuso, pero la actual crisis es una ocasión para la necesaria revisión de esa doctrina. Un examen de esa moral puede llevarse a cabo ahora sin una ruptura completa con las convicciones básicas anteriores de la doctrina sexual tradicional(1).

Eberhard Schockenhoff

02 mayo 2019, 5:37 pm
36 mins

No hay una conexión directa entre el escándalo de los abusos que está sacudiendo a la Iglesia católica en todo el mundo y la pérdida de validez de las enseñanzas eclesiásticas sobre la sexualidad humana. Sin embargo, es muy cierto que el hecho y la magnitud del abuso sexual a menores y personas dependientes de ambos sexos por parte de clérigos es un escándalo vergonzoso que cuestiona masivamente la credibilidad de la Iglesia y sus enseñanzas.

En primer lugar, el hecho del abuso demuestra que muchos de los representantes oficiales de esa institución no siguieron las pautas de la moral sexual que defendían y, a menudo, exigían a los fieles. Este desconocimiento de las normas éticas sexuales por parte de representantes de la Iglesia, en quienes sus víctimas habían depositado un alto grado de confianza, también es claramente contradictorio con importantes declaraciones básicas de la ética cristiana.

Lo ocurrido exige que quienes trabajan en nombre de la Iglesia se dediquen de manera especial a la protección de los más débiles y orienten su labor pedagógica hacia el respeto de la dignidad, la libertad y la autodeterminación de quienes les son confiados.

La crisis actual representa una ocasión para reflexionar con urgencia sobre las razones que hacen imperativa una revisión de las declaraciones de la doctrina sobre moral sexual. La razón esencial de que, mucho antes de que se conocieran los escándalos de los abusos, los planteamientos de la Iglesia en esta materia hayan perdido plausibilidad radica en el hecho de que sus postulados normativos ya no tienen respaldo alguno en los conocimientos de diversas ciencias humanas sobre las dimensiones de sentido de la sexualidad humana.

Además, el Magisterio de la Iglesia no logra dejar claro a nivel moral y normativo por qué las enseñanzas singulares sobre la sexualidad prematrimonial y del mismo sexo, así como sobre la concepción artificial y sobre la sexualidad de las personas no casadas, no pueden asumirse como un desarrollo significativo del principio básico del recto amor propio y del amor al prójimo. En el caso de la doctrina sobre la evolución humana —el evolucionismo—, la Iglesia ha encontrado ahora una manera de interpretar el mensaje central de la fe en la creación sin contradecir el conocimiento seguro de la biología sobre el origen de las especies y la aparición del ser humano. Al contrario, en el caso de la sexualidad humana, aún no ha logrado una apropiación constructiva de los conocimientos provenientes de las ciencias humanas.

Este contenido está disponible sólo para los suscriptores activos de Revista Mensaje. Si eres suscriptor, ingresa aquí, o bien, sigue aquí las indicaciones para suscribirte o renovar tu suscripción a nuestra revista.

Eberhard Schockenhoff

Teólogo