El ocaso de la verdad

La mentira destruye cualquier posibilidad de convivencia porque falsea la realidad, crea desconfianza y rompe cualquier intento de interacción.

Revista Mensaje

01 julio 2019, 5:52 pm
12 mins

A finales del año pasado, el «Polígrafo» de El Mercurio analizó las noticias falsas (fake news) que circularon durante al año 2018 en nuestro país. En total, se estudiaron ciento tres de ellas que se expusieron en redes sociales y aplicaciones (Facebook, Twitter, YouTube y WhatsApp). Estas generaron, por lo menos, 11.553.995 interacciones en forma de «vistas» o «compartidas», o mediante alguna reacción.

El informe muestra que los temas más compartidos fueron los relativos a migrantes y políticos, como también los referidos a desastres naturales, beneficios sociales y ofertas inexistentes. Facebook y Twitter resultaron ser las redes sociales por las que se difundió la mayor parte de las noticias falsas.

Entre estas, las con mayor impacto fueron: (a) En Estados Unidos pronostican un terremoto de 9,5 grados en Perú y Chile; (b) La ONU pagó a Bachelet para difundir y legalizar el aborto; (c) Chile militariza la frontera con Bolivia ante fallo de La Haya; (d) Niña chilena se queda sin jardín infantil por culpa de inmigrantes; (e) Isla de basura frente a Chile ya es tres veces el tamaño del país; (f) El huracán Lee llegará a Chile, Argentina y Uruguay; y (g) Camila Vallejo defiende el derecho a la pedofilia.

EL CONCEPTO DE NOTICIAS FALSAS

Las noticias falsas hacen referencia a un contenido comunicacional —difundido a través de portales de noticias, prensa escrita, radio, televisión y redes sociales— con la finalidad de generar la desinformación. En otras palabras, se emiten con la intención deliberada de engañar, inducir a error, manipular decisiones personales, desprestigiar o enaltecer a una institución, entidad o persona, u obtener ganancias económicas o beneficio político.

Las noticias falsas no son una novedad. Desde que existe la palabra, ha existido la posibilidad de la mentira. Basta pensar en el gran incendio de Roma (año 64) en tiempos del emperador Nerón, quien culpó a los cristianos, y la propaganda nazi en el tiempo de entreguerras. Lo que ha cambiado es que ahora con las redes sociales su difusión es masiva y mundial, y es a una velocidad sin precedentes. Así, si bien las noticias falsas no son algo nuevo, en los últimos años su masividad ha provocado un tsunami de desinformación.

Las redes sociales reflejan la distancia que existe entre el ciudadano y los medios de comunicación tradicionales, al no sentirse interpretado por estos. Además, Internet tiene la posibilidad del no pago y de lo inmediato. Estas dos características obstaculizan el trabajo de los medios de comunicación que necesitan financiarse y tiempo para producir calidad informativa. Por consiguiente, uno se pregunta si las noticias falsas son también un síntoma de un problema más profundo.

REDES SOCIALES Y POSVERDAD

El término posverdad hace referencia a las aseveraciones que no se basan en hechos objetivos, sino que más bien apelan a emociones, creencias o deseos del público. Esta verdad «emotiva» describe la distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales, en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que la apelación a las emociones y a las creencias personales.

Se especifica que la posverdad no significa solo una mentira deliberada en la esfera pública, sino las circunstancias y el contexto que favorecen esa mentira. Así, la verdad objetiva se diluye en lo que cada uno siente, prescindiendo de lo que se concluye a partir de una reflexión ponderada y sistemática de los hechos.

Por consiguiente, la relación entre posverdad y noticias falsas es directa, en el momento en que la posverdad es el contexto que posibilita la difusión de noticias falsas.

Al respecto, las redes sociales ocupan un papel protagónico, porque en nuestros días cualquier persona con un teléfono inteligente puede compartir una foto, un video, una composición fotográfica con un mensaje o un tuit. Este hecho significa que muchos tienen la posibilidad de presentar como objetivo algo que es totalmente subjetivo.

El impacto de la primera mentira es mucho mayor y perseverante que su posterior corrección, ya que la voracidad emotiva es más potente que la razón ponderada.

¿RED O COMUNIDAD?

El Papa Francisco ha hecho múltiples referencias a lo digital, subrayando, por una parte, su gran contribución a la humanidad, pero advirtiendo, a la vez, su peligro de manipulación y creación de los «ermitaños sociales».

En el Mensaje con ocasión de la Jornada Mundial de las Comunicaciones (2016) escribe: «El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral». En el correspondiente a este año, el Pontífice pondera, por una parte, que «Internet representa una posibilidad extraordinaria de acceso al saber», pero, por otra, «también es cierto que se ha manifestado como uno de los lugares más expuestos a la desinformación y a la distorsión consciente y planificada de los hechos y de las relaciones interpersonales, que a menudo asumen la forma del descrédito».

En la exhortación apostólica sinodal Christus vivit (Cristo vive), dirigida principalmente a los jóvenes (25 marzo, 2019), el Papa Francisco se lamenta de que «la proliferación de las fake news es expresión de una cultura que ha perdido el sentido de la verdad y somete los hechos a intereses particulares» (N° 89). Poco después, en una audiencia con una delegación de periodistas católicos y evangélicos alemanes (4 abril, 2019), el Papa les alienta a tener un compromiso «a garantizar que haya hechos en lugar de fake news, objetividad en lugar de habladurías, afán de precisión en lugar de títulos aproximados».

La comunicación es una condición fundamental y fundante de lo humano. Constituye un puente ineludible para relacionarse con el otro, como también con uno mismo. Por tanto, la mentira destruye cualquier posibilidad de convivencia porque falsea la realidad, crea desconfianza y rompe cualquier intento de interacción.

En el momento en que una cultura acepta la normalidad de la mentira, el acostumbrarse a ella como un modo de vida, comienza también a cavar su propia tumba, porque se va destruyendo el tejido social al instalarse la sospecha y la desconfianza frente al otro. La verdad construye relaciones, la mentira crea división.

La indignación ética frente a las noticias falsas tiene que penetrar las entrañas de la sociedad para evitar el rumbo deshumanizante de un modo de estar en el mundo y de relacionarse con el otro. Este camino tiene un componente normativo, pero —más importante aún— precisa de una formación en el discernimiento que permita a cada individuo no dejarse engañar por las noticias falsas. Así, por ejemplo, hay que fijarse en la fuente y desconfiar de frases como «algunos piensan» o «se dice»; no quedarse con el título sino leer el contenido entero; considerar el sesgo de aquel que escribe o del medio que lo reproduce y tener presente que la rectificación no significa olvido, porque algo suele quedar en el recuerdo.

En la actualidad, los planes de educación de un país tienen que incluir la alfabetización mediática, que consiste en desarrollar la capacidad de lectura crítica y expresión responsable en los medios, tanto los tradicionales como en las redes sociales.

En el fondo, el gran desafío consiste en pasar de los grupos en las redes sociales a la comunidad humana.

La figura de la red destaca la multiplicidad sin la estructura de un centro jerárquico, siendo una organización de tipo horizontal. Así, la red funciona con la coparticipación de todos los elementos. Por tanto, esta metáfora de la red puede cobrar una dimensión antropológica, al hacer referencia a otra figura llena de significados: la comunidad.

En el Mensaje de las Jornadas de este año se sostiene también que «cuanto más cohesionada y solidaria es una comunidad, cuanto más está animada por sentimientos de confianza y persigue objetivos compartidos, mayor es su fuerza. La comunidad, como red solidaria, precisa de la escucha recíproca y del diálogo basado en el uso responsable del lenguaje». Entonces, resulta evidente que, en el escenario actual, la red social no es automáticamente sinónimo de comunidad.

De hecho, agrega ese documento: «La verdad se revela en la comunión. En cambio, la mentira es el rechazo egoísta del reconocimiento de la propia pertenencia al cuerpo; es el no querer donarse a los demás, perdiendo así la única vía para encontrarse a uno mismo». Además de nuestra condición de creaturas a imagen y semejanza de lo divino, es decir, de comunicación y comunión, «llevamos siempre en el corazón la nostalgia de vivir en comunión, de pertenecer a una comunidad», porque «de la fe en un Dios que es Trinidad se sigue que para ser yo mismo necesito al otro». MSJ

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