Santa desobediencia: Misticismo jesuita y clamor de los pobres en Chile 1962-1983

Reproducimos a continuación parte de la presentación que efectuó el Doctor en Historia Maximiliano Salinas del libro Santa Desobediencia, de Antje Schnoor, publicado en abril pasado.

Maximiliano Salinas

03 julio 2019, 5:27 pm
18 mins

«El presidente del Partido Conservador, Carlos Aldunate, le reprochó a [Alberto] Hurtado en 1939 de estar formando a los alumnos del colegio San Ignacio como revolucionarios místicos».
—Antje Schnoor
Santa desobediencia. Jesuitas entre democracia y dictadura en Chile 1962-1983, Santiago. Ediciones UAH, 2019.

Entre 1962 y 1983 el escenario político e ideológico de Chile alcanzó decisivos protagonismos populares y de elite. El movimiento popular promovió las cotas más altas de expresión democrática en la historia de Chile. Por otra parte, la derecha católica y militarista intentó frenar esta historia con el golpe de Estado de 1973. Su espíritu antidemocrático se veía venir en las décadas de 1930 y 1940. Gabriela Mistral previó y previno en 1937: «El fascismo caerá sobre la América verticalmente, si gana en España […]. Y es cosa de comenzar desde ahora mismo algún trabajo para atajar la peste blanca inventada por los blancos»(1). Pocos años después, Gabriela le advertiría a Jaime Eyzaguirre, intelectual católico franquista, en 1941: «Me han dicho tres católicos dirigentes que en trance tan apretado como el que vivimos, y tratándose de una hora desesperada, ellos están ciertos de que una dictadura nos salvaría. A ellos tal vez, a mí no, a usted tampoco. Entiendo que ellos piensan en salvar cuando más los templos y la vida del clero y abandonar la esencia de una vida socialcristiana»(2).

En la movida atmósfera cultural de la década de 1960 los jesuitas chilenos de la revista Mensaje buscaron una renovación política y espiritual contraria al terror conservador por el futuro, como también distante de las elites progresistas impacientes por arribar aceleradamente a un futuro signado en exceso por la Guerra Fría (3). Los jesuitas forjaron una particular teología de la esperanza para la historia de Chile. El Concilio Vaticano II alentó por entonces una opción teológica y pastoral a favor de los pobres, que la conferencia de Medellín inspiró para todo el continente y para Chile. Enrique Alvear, el «obispo de los pobres», envió a fines de 1970 una carta a todos sus hermanos en el episcopado instándolos a acoger la nueva experiencia histórica inaugurada con la victoria de la Unidad Popular: «En la historia de Chile descubrimos fácilmente un progresivo anhelo de participación. Este viene desarrollándose desde la Colonia, pasa por la gesta heroica de la Independencia; continúa con la etapa de la constitución de nuestra República democrática y sigue con la lucha consciente y efectiva de todos los sectores, especialmente de los más humildes, para tener parte en los bienes políticos, económicos y sociales que el Padre del cielo ha dado para todos los chilenos»(4).

El misticismo jesuita a favor del reino de Dios constituye a mi parecer la médula del libro Santa desobediencia, de Antje Schnoor. Esta experiencia permitió la liberación de la Compañía de Jesús de su propia opacidad institucional, su lastre colonial y patriarcal. Sin descuidar el conjunto de protagonistas mencionados en el libro, quisiera destacar a dos provinciales que encarnaron esta decisión: los sacerdotes José Aldunate S.J. y Juan Ochagavía S.J. Aldunate preside la Orden en la década del sesenta (1963-1969), y Ochagavía lo hace desde el ocaso de la Unidad Popular hasta el primer quinquenio de la dictadura militar (1972-1978). Ambos dirigen la revista Mensaje, lugar clave de expresión del ideal social y espiritual jesuita. Aldunate entre 1954 y 1959, y Ochagavía entre 1971 y 1972. Ambos son superiores del Centro Belarmino: Aldunate (1962-1963, 1971-1973), y Ochagavía (1969-1971). Ambos también asumen un papel destacado en la puesta en práctica de las Congregaciones 31 y 32 de la Orden (p. 70).

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Maximiliano Salinas

Doctor en Historia