Reconstruir la convivencia

El nuevo contexto social y político de Chile desafía nuestros patrones históricos de convivencia y el vínculo social en sí mismo. Este desafío no concierne solo a la sociedad en su conjunto, sino también a los distintos grupos que la conforman.

Revista Mensaje

30 septiembre 2019, 3:15 pm
6 mins

Si uno considera los grandes desafíos que enfrenta la sociedad, se puede llegar a la conclusión de que hemos perdido cierta capacidad de convivir.

PROBLEMAS Y NOVEDAD

El conflicto en territorio mapuche, la dificultad para integrar al grupo ascendente de nuevos migrantes, la descalificación del otro en la política, la degradación de las instituciones, el nivel de violencia creciente en lo cotidiano, la ausencia de un proyecto de país compartido, el individualismo, la desigualdad crónica… señalan, en el fondo, una pérdida de capacidad de convivir, del respeto a la diversidad y del diálogo.

Sin duda, el nuevo contexto social y político de Chile desafía nuestros patrones históricos de convivencia y el vínculo social en sí mismo. Este desafío no concierne solo a la sociedad en su conjunto, sino también a los distintos grupos que la conforman (la familia, los colegios, los partidos políticos…).

En este contexto, hace falta una seria reflexión para considerar algunas causas que obstaculizan la convivencia en nuestra sociedad contemporánea y así proponer caminos a largo plazo. Es decir, a partir del mapa de las contingencias, se propone una reflexión que también abarca el núcleo del desafío, siendo la contingencia su expresión.

¿UN NUEVO CONTRATO SOCIAL?

¿Cómo se construye hoy el contrato social? Las profundas transformaciones culturales y los avances tecnológicos afectan directamente las relaciones interpersonales y los vínculos sociales, especialmente en una sociedad estratificada debido a la desigualdad social. La cultura apunta al significado y la tecnología a la comunicación. Además, la vivencia de la realidad está muy condicionada por lo virtual, especialmente entre las generaciones más jóvenes.

El desencanto hacia las ideologías ha cambiado los referentes de la convivencia, porque en la actualidad esas causas ya no motivan ni inspiran, imponiéndose más bien el deseo de trabajar juntos a partir de temas contingentes, como el cuidado del medio ambiente, el respeto por las minorías, la defensa de la diversidad sexual…

La ciudadanía siente que el mundo de la política no responde a sus intereses y se va construyendo una sociedad civil a la que no le interesa tanto conseguir el poder cuanto lograr metas en temas concretos. Aunque las generaciones más jóvenes muestran un renovado interés en la participación política, es claro que, al mismo tiempo, exigen cambiar el estilo de hacer política.

En la actualidad, el marco jurídico tampoco ayuda a la convivencia, porque crea más problemas que soluciones. El ordenamiento debe dar un marco mínimo que asegure la convivencia. Si eso fracasa, se produce anarquía o despotismo. Ahora bien, el ordenamiento jurídico chileno hace tiempo parece no estar a la altura de algunos desafíos. Por ejemplo, las reglas del juego constitucional no están consensuadas, el reconocimiento de los pueblos indígenas no existe, los ciudadanos entablan miles de recursos de protección, reclamando por los planes de salud de la isapres, y el legislador nada hace al respecto.

Si el ordenamiento jurídico no entrega cauces adecuados para resolver los conflictos sociales, entonces tarde o temprano esos conflictos se desbordan. A ello se suma la credibilidad que deben tener los jueces. Si el Poder Judicial no está validado socialmente, la convivencia también se resiente, pues los actores sociales prefieren resolver sus controversias fuera del marco judicial.

UN NUEVO CONTEXTO

Esta preocupación por la convivencia, por la pregunta cómo vivir juntos, en el fondo equivale al interrogante de cómo se enfrentan los conflictos que resultan en cualquier convivencia, en el momento en que hay una relación entre la individualidad y la alteridad, la mayoría y la minoría, los fuertes y los débiles, los sanos y los enfermos.

Además, un nuevo contexto también conlleva un quiebre de los códigos sociales de conducta, debido al nuevo significado que aportan las transformaciones culturales. En este sentido, la actual crisis sería la expresión de una transformación y de sus correspondientes desafíos. Por último, en una sociedad pluralista y asumiendo la pluridimensionalidad de la persona, sería más correcto hablar de las convivencias.

Entonces, la interrogante clave consiste en preguntarse: ¿cómo es la convivencia en la sociedad contemporánea de Chile?

En este número de nuestra revista no se ha privilegiado una visión interdisciplinar, sino una aproximación por temática o ambiente (familia, trabajo, política, economía, migrantes, mapuche…), tomando en cuenta, de manera especial, las transformaciones culturales y los avances tecnológicos, señalando los desafíos actuales de la convivencia debido a los cambios culturales y el nuevo contexto. MSJ

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