James Alison: Una Iglesia que acoja a los homosexuales

Sacerdote y teólogo inglés se refiere a la reflexión que está pendiente en esa institución acerca de cómo acompañar el desarrollo personal y espiritual de quienes tienen parejas del mismo sexo.

Juan Rauld

22 enero 2020, 11:10 am
16 mins

El 2 de julio de 2017, tiempo después de que la Congregación para el Clero lo había notificado de querer pasarlo al estado laico, el sacerdote James Alison vio que a su teléfono celular entraba una llamada procedente de un número oculto.

Respondió.

Soy el papa Francisco –escuchó.

–… ¿En serio?

No, en broma, hijo… –en tono de buen humor, el acento argentino se alcanzaba a notar.

Y así comenzó una conversación telefónica que hoy recuerda en detalle, pues en ella oyó cómo el Pontífice le decía: “Quiero que camines con completa libertad interior, siguiendo el espíritu de Jesús. Y te doy el poder de las llaves, ¿entiendes? Te doy el poder de las llaves”.

El diálogo se mantuvo por varios minutos, en él incluso recordaron a amigos y conocidos en común, y el Papa se despidió pidiéndole que mantuviera la discreción: “Rece por mí. Me pondré en contacto nuevamente con Ud.”.

Hasta el momento de recibir esa llamada, el padre James Alison vivía un tiempo de incertidumbre.

Desde años antes, en su condición de religioso dominico, por haber asumido públicamente su homosexualidad y pedir a la Iglesia una mejor acogida a los homosexuales, estaba recibiendo críticas y presiones desde la jerarquía. De esa tensión resultó finalmente que la mencionada Congregación le notificara que sería pasado al estado laico: lo sería, mediante una “laicización forzada”, en una fórmula que no ofrecía razones.

Apeló a esa decisión, sin obtener respuesta. Después de eso, cuestionando la pertinencia de la sanción y preguntándose cómo perseverar en su vocación religiosa, el sacerdote aprovechó una audiencia de su maestro de novicios con el Papa para enviar a este una carta privada. En ella expresaba que la medida adoptada en su contra olía a aquel “curialismo autorreferencial” tantas veces denunciado por el propio Francisco. Y que, por el contrario, lo que él había hecho era precisamente asumir la invitación pontificia a evangelizar en alguna periferia existencial y “hacer lío”. La respuesta a eso fue el llamado telefónico en el que desde la más alta instancia de la Iglesia se le trataba como sacerdote, otorgándosele jurisdicción universal para predicar el evangelio y escuchar confesiones.

–Por la historia que he vivido, dejé de ser fraile dominico, pero finalmente en gran medida me he dedicado a hacer misión en distintos países, itinerando… como curiosamente es la vocación de la orden de predicadores de los dominicos. Acompaño y busco animar a las personas que se preguntan cómo pueden vivir plenamente su fe o su participación en la Iglesia, siendo homosexuales. Por eso, he estado estos días en Chile hablando con quienes integran la Pastoral de la Diversidad Sexual, PADIS. La semana pasada estuve en Perú con la organización similar de las familias por la diversidad sexual. Pronto iré a participar en la fundación de un grupo similar en Sao Paulo. Antes he acompañado a personas que asumen este reto en Australia, Bélgica o Francia.

–Esa es su motivación central hoy.

Como teólogo, me dedico fundamentalmente a estudiar el pensamiento del filósofo francés René Girard, a escribir teología a partir de su pensamiento. Mi otra opción vital es aportar a la comprensión de las realidades que involucra la diversidad sexual. Hay cristianos con distintas condiciones sexuales que no se sienten acogidos en la Iglesia.

–¿Cómo ha apreciado la realidad, en ese sentido, en Chile?

Igual que en todo el mundo, en este país se ha ido derrumbando el caparazón de la Iglesia católica institucional que normaba los modos de aproximarse a estas materias. Y creo que así se han abierto caminos para un mejor entendimiento de los gays cristianos. En Chile, en mis reuniones con PADIS, he verificado que existen grupos de papás que quieren aprender a cómo ser padres de jóvenes que son gays y cómo vivir eso dentro de la comunidad creyente. Las familias chilenas son muy apapachadoras. Es bueno que eso ocurra. Y sucede más que en otros países, en donde los padres tienden a apartar a sus hijos gays.

LA VISIÓN DEL PAPA

–Se ha asumido que el papa Francisco ha hecho un cambio de mirada, más abierta, respecto de los gays, y que eso es un proceso en pleno desarrollo.

Recomiendo la lectura del libro Sodoma, de Frédéric Martel (2019), que da cuenta de cómo es la realidad vaticana que rodea al Papa actualmente. Es una investigación muy seria, con muchísimos testimonios. Se señala que en el Vaticano hay un muy mayoritario porcentaje de homosexuales en los altos cargos, aunque eso no implica que puedan ser abusadores.

En ese contexto, Francisco es muy severo con quienes son homófobos, con quienes atacan a los homosexuales y al mismo tiempo tienen doble vida. No le son un problema los homosexuales que viven sanamente. Sí le duelen inmensamente los abusos y está consciente de cómo estos han provocado que muchos creyentes hayan abandonado la Iglesia.

Ante los homosexuales laicos, el papa Francisco ha sido siempre comprensivo. Asume que a ellos se les debe acompañar para que vivan su fe. Les ha abierto las puertas en ese plano y ha apoyado los esfuerzos de quienes buscan terminar con discriminaciones, pese al esfuerzo en contrario que hacen algunos “dinosaurios” en el Vaticano.

CAMBIOS EN EL CATECISMO

–¿Qué apertura le gustaría a Ud. observar en la Iglesia respecto de cómo se acoge a los homosexuales?

Ahora el proceso me resulta más importante que la meta. Un paso que me gustaría ver, en ese sentido, es una revisión del Catecismo, que contiene una enseñanza falsa al suponer que todo ser humano está destinado a ser heterosexual, a realizarse en el matrimonio y a estar abierto a la reproducción.

Recordamos la habitualmente mencionada declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de octubre de 1986, en que se decía que “la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada”.

La única manera de que esa idea se mantuviera válida sería sobre la base de considerar que los gays seríamos “heterosexuales defectuosos”.

Sin embargo, no es así. En la Edad Media se pensaba que la homosexualidad era una enfermedad o un vicio. Y los confesores de antaño decían a quienes confesaban actos de ese tipo que debían “tener apuro en casarse” para que su tendencia homosexual quedara atrás: ¡como si esta se tratara de un exceso de libido más que de una orientación profunda del ser! Pero ya desde la segunda mitad del siglo XX se considera que la homosexualidad es una variante minoritaria no patológica de la condición humana. Y entonces los jóvenes homosexuales pueden verse aceptados por ser como son. Esta opción es más cercana a la fe católica profunda. Hacia allá se avanza, aunque es cierto que muchas veces en el mundo clerical es sicológicamente muy complicado aceptar esto.

–¿En qué sentido son sus reflexiones al respecto cuando hace acompañamiento a grupos de diversidad sexual?

Un punto es que los católicos necesitamos descubrir en qué consiste el “bien” para las personas gays y lésbicas. Me interesa asumir esa reflexión como un proceso, no como una definición ya lograda. No podemos alcanzar una conclusión todavía. La nuestra es la primera generación que comienza a estudiar esto. Antes no existía este trabajo de reflexión y de conciencia. Las personas gays necesitamos descubrir en qué consiste el bien al que estamos llamados a participar.

–¿Qué avance ha hecho en esa pregunta?

Hasta ahora entendemos que en la relación de pareja entre homosexuales está bien que haya amistad, paciencia, falta de posesividad, es decir, lo mismo que hace buena cualquiera relación entre seres humanos. Habrá muchas cuestiones todavía por resolver. Por ejemplo: siempre se está estudiando en qué consiste un buen matrimonio. Por tanto, hay un amplio campo por abordar allí. Tendremos que aprender en qué consiste una buena manera de vivir como pareja homosexual y si ese modo de vivir es, o no es, exactamente el mismo que de un matrimonio heterosexual. A nivel legal, por cierto, hay similitud en materias de protección de bienes, cercanía en problemas de salud, cuestiones de herencia, pensiones, etc.

Sin embargo, la cuestión espiritual nos interesa mucho. Es decir, cómo observamos una pareja homosexual cuando nos ocupamos de lo espiritual. Se trata de zanjar qué tipo de testimonio surge a partir de la esponsalidad entre personas del mismo sexo. Tal vez, al fin y al cabo, sea el mismo testimonio que idealmente daría una pareja heterosexual. Hay que reflexionarlo. No tenemos experiencia en eso, no hay suficientes antecedentes. Mi generación no lo va a saber. Lo sabrán en el futuro quienes hoy son niños.

FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA

–De la exhortación apostólica Amoris Laetitia, Ud. ha destacado que dice que la Iglesia ha sido llamada a formar la conciencia y no a sustituirla.

El papa Francisco habla respecto de cómo ayudar para la formación de la conciencia y eso evidentemente se aplica para la cuestión de acompañar a las personas LGTB (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgénero). En el caso del acompañamiento marital hay una cuestión de conciencia importante, y donde un acompañamiento y un discernimiento se han hecho seriamente, sí se va a producir un cambio de pensamiento de la pareja. Ahora bien, ¿qué personas que han empezado a asumirse como gays optan por discutirlo con un acompañante pastoral? Ese acompañante podrá orientar respecto de la bondad o la maldad de esa relación particular, pero no cuestionará el hecho en sí de que se está formando formar una pareja con una persona del mismo sexo. Quienes hagan ese acompañamiento saben perfectamente bien que lo que es correcto, es tradicional, es tomista, es que el acompañante no puede llegar a la conciencia. O sea, el acompañante no está nunca entre el Magisterio y la conciencia. Es una ayuda horizontal a la formación. Así, los cardenales que han hablado severamente en contra de que existan parejas homosexuales pueden decir lo que quieran, pero son hermanos a mi nivel, no son autoridades encima de mí que me están diciendo lo que tiene que ser o lo que no tiene que ser. Esa es toda la diferencia del mundo. Creo que fue lo que dijo el cardenal Walter Kasper cuando se presentó Amoris Laetitia: reconoció que esto no cambia nada, pero lo cambia todo. Él tenía exacta razón. Porque no cambia nada respecto de la enseñanza de la Iglesia, pero cambia todo respecto de la vivencia de la fe, porque en el momento en que la autoridad es horizontal y no vertical, todo tiene que ver con la construcción en primera persona del hijo o hija de Dios. MSJ

Juan Rauld

Revista Mensaje