El segundo acuerdo de esta era tumultuosa

El entendimiento de junio para afrontar los efectos sociales de la crisis sanitaria y reactivar parece ser otra muestra de que ciertos acuerdos básicos son posibles en Chile, aunque se hagan con un estrés excesivo.

Guillermo Larraín A.

02 julio 2020, 1:39 pm
24 mins

El 25 de octubre próximo debiera comenzar formalmente el proceso constituyente. Si finalmente este resulta ser exitoso y a finales de 2022 aprobamos por plebiscito una nueva Constitución, entonces diremos que Chile habrá vivido una era tumultuosa, llena de peligros y debates intensos, pero finalmente una era de acuerdos.

El primero fue el “Acuerdo por la paz y la Nueva Constitución” del 15 de noviembre de 2019. En él se delineó el proceso constituyente que luego fue aprobado en el Congreso en dos etapas. El 24 de diciembre se promulgó la reforma constitucional que regula los plebiscitos y fija las condiciones para el funcionamiento de la convención, y el 24 de marzo se aprobó la Ley de Paridad de Género para el Proceso Constituyente.

Luego apareció la pandemia. Tras errores de diagnóstico y diseño de políticas públicas, el segundo de esos acuerdos habrá sido el que se firmó el domingo 14 de junio. Antes de discutir sus contenidos, es necesario destacar que este acuerdo es importante y que ratifica tres cosas. Primero, que es posible hacer innovaciones institucionales pero que, desgraciadamente, pareciera que en los tiempos actuales se requiere llegar a situaciones extremas para ello. En los momentos críticos el país acuerda cosas importantes, pero sometido a un nivel de estrés que en ocasiones es excesivo. Si en el primer acuerdo la innovación fue el proceso constituyente, en este caso la innovación fue un vehículo especial para financiar con flexibilidad los gastos asociados a la pandemia. Segundo, si en el primer acuerdo el movimiento social, actuando sin coordinación global, fue el detonante de los cambios, en este caso fue el Colegio Médico el que tomó la iniciativa y propuso cambios razonables que encontraron eco en la política. No hay que equivocarse: sin la convocatoria de esa entidad gremial, el trabajo presentado habría sido uno más dentro de los muchos que circularon. Esta es una prueba más de la desintermediación de la política tradicional. Tercero, si bien los partidos políticos llegaron tarde a ambos eventos, han sido claves en su desarrollo posterior. Es decir, los partidos todavía existen.

En principio entonces, esto constituye algo parecido a una buena noticia, aunque no sabemos si hemos tenido suerte o si es que en realidad nuestras convenciones y creencias democráticas son más sólidas de lo que parecen. Solo podemos constatar que hemos mostrado capacidad de innovación, una sociedad movilizada que exige cambios pero que es capaz de proponer soluciones y partidos políticos que las viabilizan. Es como para pensar que al final del camino nuevamente puede haber aire limpio y luz. Sin embargo, para decirlo con convicción, Chile deberá superar todavía varios obstáculos. Concentrémonos en lo inmediato: el “Marco de entendimiento para un Plan de Emergencia por la Protección y Reactivación Económica”.

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Guillermo Larraín A.

Economista, profesor de la Facultad de Economía y Negocios U. de Chile