Reinventarse y adaptarse

San Ignacio de Loyola vio frustrada su idea de vivir en Jerusalén, servir a la gente e, incluso, dar la vida por ello. Desde entonces, debió aprender a vivir con ese gran sueño no realizado.

Juan Díaz S.J.

31 agosto 2020, 4:47 pm
7 mins

Transcurren los primeros días de octubre de 1523. Han pasado casi dos años y medio de su herida. Ignacio de Loyola se encuentra ahora en el puerto de Jaffa, a punto de zarpar de regreso a Europa. Tiene 32 años de edad. Su corazón está triste porque solamente pudo permanecer veinte días en total en la anhelada Tierra Santa. No le concedieron el permiso para quedarse definitivamente. Predominan ahora en él, la desorientación y el desconcierto. Se pregunta ¿qué tengo que hacer? Uno de los deseos más profundos que tenía, era ir a Jerusalén y permanecer allí para siempre, como Jesús, ayudar a la gente e, incluso, dar la vida por ello. Mientras convalecía de su enfermedad, se había propuesto cosas difíciles, para imitar a los santos, y una de ellas era ir a Jerusalén descalzo y solo comer hierbas.

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Juan Díaz S.J.

Director, Centro de Espiritualidad Ignaciana