Biden o Trump: Lo que está en juego

En esta campaña electoral de EE.UU., la polarización política alcanza niveles febriles, que han llevado a algunos a calificar la próxima votación como una prueba existencial para la democracia del país.

Raúl Sohr

01 octubre 2020, 2:30 pm
18 mins

El mundo aguarda expectante el resultado de la elección presidencial estadounidense. Nadie es ajeno a quién será el próximo ocupante de la Casa Blanca. En esta oportunidad el resultado de los comicios del 3 de noviembre será más dramático que en otras oportunidades. De entrada, las limitaciones impuestas por la pandemia incrementarán el voto por correo. Hasta el 40 por ciento de los estadounidenses, según encuestas, podría optar por votar mediante vía postal. El presidente Donald Trump anticipó, sin entregar antecedentes, que ello facilita un fraude electoral masivo. Señaló además que el posible pleito resultante podría crear una situación en que los resultados definitivos “no sean conocidos por meses o por años”. Esto llevó a Joe Biden, su adversario demócrata, a denunciarlo por querer “robarse la elección” y advertir que, si ello ocurriese, los militares lo sacarían de la Casa Blanca. Difícil imaginar un marco menos auspicioso para la elección de quien será el presidente número 46 del país. Es un escenario de pesadilla para la mayor potencia del mundo, donde se especula si el resultado de los comicios será respetado. Ello, porque se han sembrado dudas sobre su legitimidad.

Estados Unidos tiene experiencia en pleitos electorales mayores. En el 2000, la Corte Suprema dirimió entre el demócrata Al Gore y el republicano George Bush a favor de este último, luego de desestimar algunos resultados, los que habían sido objeto de impugnación. En esta ocasión la polarización política alcanza niveles febriles, que han llevado a algunos a calificar la próxima votación como una prueba existencial para la democracia del país. Para el perdedor, no será fácil admitir su derrota. Ello ha llevado a la movilización de legiones de abogados para litigar ante resultados en disputa. Esta vez, sin embargo, los demócratas no apelarían a la Corte Suprema si decidieran cuestionar los resultados, ya que en ella Trump tiene una clara mayoría. De enfrentar un pleito, la primera instancia son los distintos estados federales. Después está el Colegio Electoral y, finalmente, el asunto recaerá en el Congreso. Los demócratas anticipan que recurrirán a la Cámara baja, donde debería debatirse el resultado. El oscuro panorama evoca el dicho de que las elecciones no se ganan ni se pierden, sino que, en este caso, se litigan.

COVID-19 Y CAMBIO CLIMÁTICO

La desconfianza entre los contendores es profunda. Con más de 200.000 muertos a causa del COVID-19, Estados Unidos es el país más golpeado por la pandemia, hecho que se ha vuelto un factor decisivo en el debate electoral. Trump, que en un comienzo ignoró el impacto del mal, ahora apuesta por contar con una vacuna cuanto antes. La oposición demócrata sospecha que quiere politizar el tema y lo fustiga por su manejo general de la pandemia, culpándolo de haber minimizado su peligrosidad. Biden criticó los zigzagueos de su adversario: «Confío en las vacunas. Confío en los científicos. Pero no confío en Donald Trump… Y en este momento el pueblo estadounidense tampoco puede”.

Las fricciones públicas entre el Presidente y altos funcionarios son frecuentes. Una de las más recientes tuvo lugar con Robert Redfield, director de los Centros para el Control de Enfermedades, quien descartó que una vacuna contra el coronavirus estuviese disponible masivamente antes de mediados de 2021 y dijo que “el uso de mascarillas puede ser más efectivo que la vacuna para evitar contagios”. Trump, que suele prescindir de mascarillas, lo desmintió de plano: «Cometió un error», aludiendo a la fecha en que contará con una vacuna y el empleo de mascarillas. El Presidente insistió durante una conferencia de prensa que podría anunciarse una vacuna contra el COVID-19 en octubre o «un poco después», y prometió que la misma estará a disposición del público «inmediatamente».

El cambio climático es otro campo de choque. Los descomunales incendios forestales, que han barrido tres estados de la costa del Pacífico, California, Oregón y Washington, reciben respuestas muy diferentes de parte de los candidatos. Para Trump, la magnitud de los siniestros responde a un pobre manejo forestal. A su juicio, fue descuidada la limpieza de los bosques y ello permitió la acumulación de vegetación, que sirvió de combustible para las llamas. Descartó que la devastación de enormes superficies por el fuego tenga como causa basal el calentamiento global. Biden, por su parte, motejó a Trump de «pirómano climático» por su negación de que el fenómeno del cambio climático sea el responsable mayor de los voraces incendios. Las encuestas muestran que las políticas climáticas y la pandemia preocupan a la mayoría de los estadounidenses, pero las opiniones dependen del color político de cada cual. Respecto al cambio climático, una encuesta del Centro de Investigación Pew indicó en octubre que dos tercios de los estadounidenses, 67 por ciento, estimaban que el gobierno no hacía lo suficiente para mitigar sus efectos. En tanto, 71 por ciento de los demócratas aplaudían las políticas contra el cambio climático y 65 por ciento de los republicanos opinaba que esas políticas eran irrelevantes o incluso provocan más daños que beneficios al medio ambiente. Trump es culpado por haber recortado las regulaciones ambientales de protección forestal en California. Buena parte de los bosques en ese estado son controlados por el gobierno federal, es decir, por la Casa Blanca.

LATINOS Y AMÉRICA LATINA

Una de las batallas electorales decisivas se libra entre los latinos en Estados Unidos. En los próximos comicios, 32 millones de hispanos, como denominan a los castellano hablantes, tendrán derecho a voto, convirtiéndose en la principal minoría étnica que representará el 13,3 por ciento del electorado total, superando a los 30 millones de votantes negros.

Florida es un estado clave y oscilante, pues allí venció el presidente Barack Obama y allí Hillary Clinton fue derrotada, aunque en condiciones poco regulares pues numerosos votos críticos le fueron anulados por el mal funcionamiento de las máquinas que marcaban las papeletas. Es un estado que puede cargar la balanza a favor de uno u otro candidato. Biden estaría logrando, de momento, un resultado bajo lo esperado entre los votantes latinos. Pese a ello, según encuestas recientes, tiene una leve ventaja sobre Trump. En lo que a las preferencias entre los latinos atañe, los últimos sondeos señalan que Biden obtiene 53 por ciento frente a 37 de su rival. Los dieciséis puntos de ventaja pueden parecer óptimos, pero representan once puntos menos de lo que obtuvo Hillary Clinton en 2016. Son cifras que sorprenden: ante la pregunta sobre quién enfrenta mejor la crisis del coronavirus, los latinos, uno de los grupos más afectados, prefieren a Biden frente a Trump por veintitrés puntos.

Los latinos, en todo caso, distan de ser un bloque monolítico. En su conjunto, dos tercios favorecen a Biden. Entre los portorriqueños, la proporción es 61 por ciento a favor de Biden contra 28 por ciento que opta por Trump. Entre los de origen cubano, 55 por ciento favorece a Trump y 36 por ciento a Biden. Los mexicano-estadounidenses totalizan el 60 por ciento de los latinos, los portorriqueños suman 14 por ciento y los cubanos 4,5 por ciento. La fuerza de los cubanos-americanos radica en que están más concentrados en la decisiva Florida.

La estrategia de los republicanos en Florida, con 29 electores en juego, no apunta a ganar el voto latino. Les basta con que estos tengan un bajo nivel de participación, que sea similar a los niveles del 2018, cuando los republicanos ganaron la gobernación y la carrera senatorial. Trump no espera, ni cuenta, con el voto latino para estos comicios. En su candidatura del 2016 promovió con considerable éxito la construcción de un muro en la frontera con México para detener la inmigración ilegal. En 2015 estigmatizó a los inmigrantes latinos, tildándolos de “violadores” y “asesinos”. En dichos comicios obtuvo 28 por ciento de las preferencias entre los hispanos. Más que los porcentajes específicos de determinados grupos, lo que cuenta es el resultado en ciertos estados claves. Calculadora en mano, los republicanos han mostrado gran eficacia en sus tácticas electorales. La posibilidad de que los votantes se queden en casa les favorece. En las cifras finales de 2016, no hubo un crecimiento en el voto republicano, sino que una caída en los demócratas. En esta ocasión, para incentivar el voto de las comunidades de exiliados cubanos y venezolanos, Trump aseguró la elección de Mauricio Claver-Carone, uno de sus asesores en asuntos latinoamericanos, a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Al hacerlo, rompió un acuerdo tácito que aseguraba la elección de un latinoamericano en la presidencia del banco. Entre los objetivos del control absoluto de este, figura utilizar la concesión de créditos como una palanca para acentuar la presión para que países de la región aíslen a Cuba y Venezuela. También tendrá la misión de frenar la expansión de China en América Latina, sobre todo en grandes proyectos tecnológicos y energéticos.

Otro de los temas críticos es el de las remesas de los latinos residentes en Estados Unidos. Para varios países latinoamericanos, estos envíos constituyen la principal fuente de divisas. Las remesas enviadas desde Estados Unidos de hispanos a sus familiares en América Latina, en el 2019, casi alcanzaron los 100.000 millones de dólares, según la organización Diálogo Interamericano. Es claro que el cuadro cambiará a la baja cuando se haga el balance del impacto del COVID-19. Es algo que afectará a cientos miles de familias y a los principales estados receptores de la región.

En términos de las relaciones con Latinoamérica, Biden supera por mucho a Trump, en cuanto al conocimiento de la región. En su condición de Vicepresidente de Obama, visitó América Latina en dieciséis ocasiones, algo que llevó a decir que le habían delegado el trato con los vecinos meridionales. En contraste, Trump visitó Latinoamérica en una sola ocasión con motivo de una reunión del G-20 en Buenos Aires. Su anfitrión fue el presidente Mauricio Macri con cuya familia había hecho negocios.

La inmigración de latinos a Estados Unidos es un tema central y uno de los favoritos de Trump, que promete continuar con la extensión del muro fronterizo. Es una barrera que ha sido dotada de avanzados sistemas de detección, amén de organizaciones de vigilantes, para impedir el cruce de la frontera. Su gobierno ha privilegiado el garrote antes que la zanahoria. En contraste, la propuesta de Biden para la inmigración latina considera un fondo de cuatro mil millones de dólares para el primer período presidencial. El dinero será destinado a mitigar los factores que llevan a decenas de miles de mexicanos y latinoamericanos a cruzar el río Grande para buscar empleo en Estados Unidos.

UN TEMA DE POCA RELEVANCIA

América Latina, en todo caso, es poco relevante en el radar de la política exterior de Washington. Es algo que no cambiará, cualquiera sea el vencedor en los comicios. Desde ya, Washington cuenta con dos firmes aliados regionales. Jair Bolsonaro en Brasil e Iván Duque en Colombia. México, bajo la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, ha buscado resolver sus diferencias con Estados Unidos, reduciendo, hasta donde le sea posible, sus puntos de fricción. La Argentina atraviesa por un período de severa estrechez económica que limita su espacio de maniobra en el marco internacional. Chile ha mantenido su tradicional postura de proximidad con Washington. Es un cuadro en que la región, seriamente afectada sanitaria y económicamente por del Covid-19, está volcada a superar una situación en la cual aún no se vislumbra la luz al final del túnel.

En definitiva, el asunto no es si las campañas de Trump o de Biden imponen sus respectivas visiones sobre el futuro de Estados Unidos. El vencedor de la contienda será aquel que mejor interprete el sentir de la mayoría de sus compatriotas. También suele ocurrir que gana mayores adhesiones el candidato que menos ofende las sensibilidades públicas. Muchos votantes no tienen un claro favorito y optan, sin entusiasmo, por el mal menor. En todo caso, a escasas semanas de los comicios, ya están trazadas las líneas gruesas de las estrategias de los aspirantes demócratas y los incumbentes republicanos. Una advertencia: en el folklore político electoral estadounidense, se habla de “la sorpresa de octubre”. Ella alude a un desarrollo político o a la denuncia de algún escándalo político de última hora. Entre las especulaciones más mentadas figura un enfrentamiento armado con Irán, alguna escaramuza con China… o el lanzamiento con bombos y platillos de una vacuna contra el COVID-19. MSJ

Raúl Sohr

Analista internacional