Crónica de un movimiento político singular

Muchos se preguntarán por qué es importante recordar al movimiento falangista desde nuestro presente. Me parece que la clave está en lo que la política dejó de ser en Chile.

Dr. Alejandro Goic G.

03 diciembre 2020, 6:04 pm
24 mins

Las encíclicas papales, cartas enviadas por el Sumo Pontífice a los obispos del mundo, han constituido siempre un valioso documento orientador para el mundo católico. Las encíclicas sociales de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX conmovieron no solo a la Iglesia católica, sino al mundo social y político universal.

En su encíclica Rerum novarum “Sobre la situación de los obreros” (2), proclamada en 1891, el papa León XIII condena de forma explícita los abusos a que estos eran sometidos en aquella época.

Desde el prisma del cristianismo, León XIII hace una descarnada reflexión sobre los derechos y deberes del capital y el trabajo. Utiliza un lenguaje directo y contundente para denunciar “la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos y la pobreza de la inmensa mayoría”. Sin la protección de organizaciones laborales, los pobres se encuentran “aislados e indefensos, [expuestos] a la inhumanidad de los empresarios y a la desenfrenada codicia de los competidores”. Se le “ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios” (3).

A este escenario del capital sin contrapeso, nos dice León XIII, el socialismo revolucionario postula el fin de la propiedad privada y el poder omnipresente del Estado para hacer justicia, promoviendo una igualdad quimérica que “no sería ciertamente otra cosa que una general situación, por igual miserable y abyecta, de todos los hombres sin excepción alguna” (4).

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Dr. Alejandro Goic G.