Eutanasia: De la emoción al equilibrio

España legalizó la eutanasia durante marzo y en Chile el debate está latente. El siguiente artículo sintetiza el proceso que vivió en Francia la “ley Leonetti”, que busca tanto resguardar los derechos del enfermo como la viabilidad de un tratamiento adecuado.

Patrick Verspieren S.J.

26 marzo 2021, 1:31 pm
22 mins

El 22 de abril de 2005 se promulgó la ley «sobre los derechos de los enfermos y el final de la vida». Su examen en el Senado fue un tanto desordenado, pero el debate en la Asamblea Nacional estuvo marcado por una gran serenidad y la voluntad de superar diferencias. Esto merece ser apreciado en su justo valor, sobre todo porque el momento de la redacción de la ley había sido precedido por un período de profunda emoción colectiva sostenida por la intensa cobertura mediática de un hecho sentido como drama nacional.

El 16 de diciembre de 2002, la portada del periódico France-Soir estaba dedicada a la foto de un joven paralizado en sus cuatro extremidades, Vincent Humbert, y a su súplica al Presidente de la República: «Le pido el derecho a morir”. El 24 de septiembre de 2003, su madre le dio una sustancia tóxica en un té. El joven fue ingresado en una unidad de cuidados intensivos, mientras que, ante la emoción suscitada por el gesto de esta madre, muchos políticos pidieron cambios en la ley, «no solo por espíritu de justicia, sino también por un deber de humanidad». El 26 de septiembre, los médicos decidieron interrumpir la reanimación y anunciaron la muerte de Vincent Humbert. Más tarde se descubrió que el médico reanimador no solo había interrumpido los cuidados intensivos, sino que también había inyectado productos letales. La mayoría de los medios de comunicación celebraron «el tremendo acto de amor de una madre que había acompañado y asistido a su hijo hasta el final de su elección, y la valentía del médico que había asumido sus responsabilidades». El debate sobre la legalización de la eutanasia se reavivó con más intensidad que nunca.

TIEMPO DE REFLEXIÓN

Ante la insistencia de parlamentarios, el presidente de la Asamblea aceptó una «comisión de información sobre el apoyo al final de la vida». Creada el 15 de octubre de 2003, reunió a 31 diputados de diversos partidos, divididos en cuanto a la aceptación de la eutanasia. Bajo la presidencia de Jean Leonetti, cuyo talento para dirigir los debates fue unánimemente reconocido, la instancia decidió escuchar a un gran número de personas con un amplio abanico de competencias y orientaciones. Las actas de estas audiencias forman una obra de más de 900 páginas, con un informe titulado “Respetar la vida, aceptar la muerte”.

UNA MUERTE MEDICALIZADA

La conciencia de lo necesario que es una mayor reflexión debe mucho a la contribución de filósofos, historiadores y sociólogos. Sacaron a la luz el profundo malestar de nuestra sociedad ante la muerte. Observaron que ahora se trata de «evitar, no para el moribundo, sino para la sociedad, para el propio entorno, la agitación y la emoción abrumadora e insoportable que provoca la fealdad de la agonía y la simple presencia de la muerte”.

Los avances de la medicina y las expectativas de la gente han hecho que la muerte ya no sea vista como un final natural ni por los cuidadores ni por las familias. «Ahora se considera, en el mejor de los casos, un fallo temporal de la ciencia y, en el peor, una falta médica», comentó otro integrante de la comisión. Hay, así, una responsabilidad en los médicos de los hospitales, a quienes se les remite pacientes que no conocen y cuyas familias les exigen primero que «hagan algo». Esto puede ser que «dejen al paciente en paz». O bien pueden exigir al médico que no incurra en un «sobretratamiento».

Este contenido está disponible sólo para los suscriptores activos de Revista Mensaje. Si eres suscriptor, ingresa aquí, o bien, sigue aquí las indicaciones para suscribirte o renovar tu suscripción a nuestra revista.

Patrick Verspieren S.J.

Revista Etudes