La nueva Constitución ante el desafío ambiental

No podemos cambiar el pasado, pero sí podemos dotarnos de una Constitución que oriente el desarrollo de Chile en las próximas décadas.

Valentina Durán Medina

02 septiembre 2021, 12:23 pm
18 mins

El actual proceso constituyente chileno sería difícil de explicar prescindiendo de los conflictos socioambientales ocurridos durante las últimas décadas en el país. La proliferación de las llamadas “zonas de sacrificio”, los episodios de intoxicaciones, la exposición a malos olores y la escasez y desigual distribución de agua son algunos de los antecedentes directos del malestar ciudadano que alentó las movilizaciones sociales de finales de 2019, y que decantaron en la apertura de un proceso constituyente inédito en el país.

Los convencionales electos tienen la trascendental misión de proponer a la ciudadanía en un plazo de nueve meses, ampliable a doce, un nuevo texto constitucional que establezca un marco institucional democrático y legítimo, que permita el desarrollo sostenible del país y la paz social en un contexto de degradación ambiental caracterizado por  la sequía en gran parte del territorio nacional; la pérdida de biodiversidad; la contaminación atmosférica, oceánica, lacustre y fluvial y la emergencia climática recientemente actualizada por el Sexto Informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

La crisis ambiental que atraviesan hoy el país y el planeta es, a su vez, una crisis de Derechos Humanos. Lo anterior, es patente si pensamos las consecuencias para la vida humana de la degradación de los ecosistemas. La falta de agua en una determinada cuenca afecta no solo el paisaje y la biodiversidad, sino que también la provisión de agua para los cultivos, la fertilización de los valles y, por lo tanto, la seguridad alimentaria de las personas que dependen de los alimentos producidos con las aguas que anteriormente fluían por los cauces hoy secos, todo lo cual ya está provocando desplazamientos forzados.

La Constitución entonces debe hacerse cargo de desafíos que no son exclusivos de Chile, sino que, con sus respectivas variantes, se presentan en prácticamente todo el planeta de manera interdependiente. Un ejemplo: el aumento de temperaturas favorece la propagación de incendios forestales en el bosque amazónico, lo cual provoca emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera, lo que produce aumento de temperaturas, derretimiento de casquetes polares, aumento del nivel del mar y, por lo tanto, inundaciones de zonas costeras a miles de kilómetros del bosque amazónico, a la vez que acrecienta la sequía en la zona centro del territorio chileno. Los ecosistemas no reconocen las fronteras políticas. El perfil de los convencionales electos, y sus campañas, dieron cuenta de una alta adhesión a principios y contenidos de lo que se podría llamar una constitución ecológica. Por otra parte, la observación de las semanas de trabajo que ya lleva la Convención demuestra, aún en la fase de discusión procedimental, que existe una alta preocupación por alcanzar una constitución más verde o ecológica.

EL CONSTITUCIONALISMO LATINOAMERICANO

Las soluciones que otras comunidades políticas han ensayado para enfrentar sus problemas ambientales nos pueden servir de inspiración. No es casual que las últimas constituciones escritas tengan un fuerte compromiso ambiental, como es el caso del nuevo constitucionalismo latinoamericano.

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Valentina Durán Medina

Directora del Centro de Derecho Ambiental, Facultad de Derecho, Universidad de Chile