Francisco Gazitúa: «Vamos a tener que limpiar el valle, plantarlo y vivir como vivo yo, en la cordillera»

Recientemente reconocido con el Premio Nacional de Artes Plásticas, el escultor repasa su trayectoria y reflexiona sobre sus materiales predilectos, el valor cultural de los Andes y la crisis de la escultura pública.

Jazmín Lolas E.

06 octubre 2021, 3:41 pm
12 mins

“Es una de las calles más lindas de Chile”, dice Francisco Gazitúa de Maruri, una vía del barrio Independencia reconocible por sus fachadas continuas y los balcones que aún sobreviven. Allí se está desarrollando el más reciente proyecto del escultor: un puente que unirá, a una altura de seis metros, las dos casas que, enfrentadas y separadas por la calzada, adquirió la Fundación Tacal para levantar su nueva sede.

“Es heroica la gestión que hacen ellos”, comenta Gazitúa sobre la institución, que se dedica a promover la inserción de discapacitados. El puente, que el artista ha titulado «Crepusculario» —Neruda escribió ese poemario en Maruri—, engrosará el legado de obras para el espacio público que ha realizado en cinco décadas de una trayectoria recientemente reconocida con el Premio Nacional de Artes Plásticas.

A propósito del galardón, el escultor se empeña en no dejar a nadie fuera de sus agradecimientos, que son múltiples. Parte por la familia en la que se crió y la formación que le dieron sus padres y sigue con sus hijos, sus profesores en la Universidad de Chile -entre ellos Marta Colvin, Lily Garafulic y Virginio Arias- y su pareja, la pintora Ángela Leible, con quien vive en el Cajón del Maipo, “en un barranco en la cordillera”.

“Su taller está sobre el mío”, cuenta Gazitúa (1944), en cuya producción han coincidido la madera, el metal y las piedras extraídas de la cantera que tiene a la mano. Ninguno de esos materiales se ha vuelto más importante que el otro en su carrera. “Los he usado todos y combinado a veces. La escultura es el arte de transformar la materia”, comenta el autor, que comenzó trabajando con la madera. Según recuerda, su primera obra fue, por razones de fuerza mayor, elaborada con ese elemento.

“Es muy interesante esa historia. Se trata de una escultura que está en el Monasterio Benedictino. Yo estaba estudiando, ya saliendo, y era ayudante de Marta Colvin, maravillosa maestra. La llamaron para hacer un trabajo muy importante en París, un monumento, y se fue. Me dejó el bocetito de una obra que tenía que hacer para el templo del monasterio, una figura de la Virgen en piedra. ‘Hazla grande’, me dijo. Bueno. Pero no podía hacerse en piedra, porque la losa del templo no aguantaba tanto peso. Tuvimos que usar madera. Es una de las mejores esculturas que he hecho en mi vida. La trabajamos en la carpintería del monasterio con los monjes durante cuatro o cinco meses y salió una escultura bastante abstracta. Fueron muy valientes los monjes al ponerla en ese templo, que es una de las joyas de la arquitectura chilena. Es una escultura muy popular. La gente mete papeles con recados en los intersticios de la madera. Diría que comencé bien y cuando las cosas comienzan bien, tienen posibilidades de mejorar.

Este contenido está disponible sólo para los suscriptores activos de Revista Mensaje. Si eres suscriptor, ingresa aquí, o bien, sigue aquí las indicaciones para suscribirte o renovar tu suscripción a nuestra revista.

Jazmín Lolas E.

Revista Mensaje