Comentario del mes a lo más destacado de la música.
Los dos discos que ahora presento hablan del amor. Excelente, diría más de algún lector, preparando su ánimo para las vacaciones. Pero estas, para quienes podemos dárnoslas, más bien suelen confrontarnos con la realidad: nuestra vida está sostenida por el amor, cierto (el que gozamos o el que no tenemos, pero anhelamos), aunque también sabemos que está atravesada por la rabia, por la insatisfacción y por las a menudo altas presiones de este convulsionado vecindario que llamamos mundo moderno. Así las cosas, les recomiendo dos producciones inteligentes, sugerentes y, al mismo tiempo, agradables de escuchar, musicalmente prolijas, bellas, porque, a fin de cuentas, la vida, con todos sus componentes (empezando por las personas), tenemos que vivirla lo mejor posible. La música nos ayuda, como en este caso, con goce y a la vez con realismo.
Lo primero que debo decir es que Theo Bleckmann no es una figura desconocida para nosotros, sino alguien que se ha venido apareciendo, como un fantasma, poco a poco, entre la multitud de músicos que han sido mencionados en esta columna. Hace muy poco lo destaqué como uno de los protagonistas de un gran disco, Reason, comentado en la crónica musical de agosto de 2025. Pero, además, hoy, escuchando esta nueva producción, me di cuenta de que su presencia entre nosotros ha sido de más larga data. Al leer algo, a propósito de este disco, sobre su especial vínculo con John Hollenbeck, baterista y director destacado, recordé muy vívidamente el disco que en agosto del año 2013 recomendé aquí en Mensaje: Songs I Like A Lot. En esa producción de Hollenbeck, Theo Bleckmann brillaba ya para nosotros como cantante, algo que aquí en Love and Anger confirma de manera radical. Literalmente, este alemán nacido en Dortmunt en 1966, es un cantante extraordinario, es decir, por encima de la media, tanto por su registro, amplísimo, como por la belleza de su color tonal y su intensidad interpretativa. Su canto no es solo eso; es una suerte de declamación, una declaración tajante de todo lo que transmite: el amor, la rabia, la duda… El título del disco, que es también el del primer corte, está recogido, así como el siguiente, «Berti», del cancionero de la gran Kate Bush, una inspiración que Bleckmann no intenta ocultar. Otra gran cualidad del oficio de este artista es su talento para elaborar auténticos covers, en los que logra el difícil equilibrio entre fidelidad y creatividad con respecto al original. Aquí eso lo percibimos muy claramente en sus versiones de las canciones que acabo de mencionar, y también en las de la ya legendaria «Teardrops», de Massive Attack, y en «You’ve Got to Hide Your Love Away», de Lennon y McCartney. Es un disco de alto nivel musical y además ingenioso, que seguramente atraerá al auditor atento, por su mezcla entre atracción mediante lo conocido y la sorpresa que solo los espíritus creativos nos pueden brindar.
Daniel Santiago, guitarrista nacido en Brasilia en 1979, tuvo la idea de hacer un disco con diez composiciones de su colega y amigo estadounidense Kurt Rosenwinckel. He aquí el resultado. Rosenwinckel no solo dio, halagado, su venia al proyecto, sino que además participó activamente en su producción y en la ejecución de dos de los temas. Por razones que solo ellos sabrán, el lugar del registro no fue Brasilia ni ciudad alguna de Norteamérica, sino Berlín, Alemania. A diferencia del disco de Theo Bleckmann, la reflexión aquí no pasa por la voz humana (salvo en el excelente tema 4, «The Polish Song», con la participación de Michaela Bokova), sino por las manos de Santiago, en una relación que yo caracterizaría como dialógica, no meramente instrumental, con sus guitarras.
Hoy en día no es inhabitual el contacto estrecho e incluso la colaboración entre músicos de diversas partes del mundo, en una compleja dinámica de salvaguarda de las propias raíces culturales y de encuentro o de apropiación de otras. El brasileño Daniel Santiago es aquí inspirado y acompañado por un amigo del hemisferio norte, en una reflexión que convoca a ambos: el desafío de vivir y de crear música en medio de los concretos avatares de lo que ellos llaman «mundo moderno». La música resultante de este encuentro es la que ha quedado impresa en esta grabación. Una música impregnada de la gracia y de la calidez de la variopinta cultura brasileña y, a la vez, con una impronta de apertura a la desafiante modernidad.