Junto al otro/a podremos humanizarnos y reconocernos seres necesitados de amor, afecto y amparo.
Domingo 25 de octubre de 2026
Mateo 22, 34-40.
Busca un espacio donde puedas sentir la calma y conectarte con tu propia interioridad. Trata de escuchar tus pensamientos, sensaciones y emociones, y reconoce qué es lo que te moviliza a agradecer por esta nueva oportunidad de vivir y encontrarte con lo pequeño, lo simple y lo profundo. Abre tu mirada y déjate sorprender por el amor expresado en tu propia vulnerabilidad; deja que la Ruah Divina te movilice hacia tus propios desiertos, donde puedas reconocer cómo la gracia y la ternura de Dios Padre y Madre sigue entretejiendo y construyendo la vida agrietada desde las entrañas de una humanidad que sigue reclamando hospitalidad, desde una ética responsiva, donde el dolor y el sufrimiento del otro/a tiene rostro e historia concreta. Puedes escuchar la canción de Susana Baca, «Yo vengo a ofrecer mi corazón – las voces de Latinoamérica»: https://www.youtube.com/watch?v=GSIztT0f4s8&list=RDGSIztT0f4s8&start_radio=1
Cuando los fariseos supieron que Jesús había hecho callar a los saduceos, se juntaron en torno a él. Uno de ellos, que era maestro de la Ley, trató de ponerlo a prueba con esta pregunta: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?».
Jesús le dijo: «‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente’. Este es el gran mandamiento, el primero. Pero hay otro muy parecido: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos».
El Evangelio de este domingo pone en evidencia el diálogo atravesado por poder que sostiene el maestro de Ley con Jesús, donde su única finalidad es cuestionar en público el proceder de Jesús. En las relaciones humanas encontramos miradas y perspectivas similares a las del fariseo, donde la lucha de poder se evidencia a través de conductas cargadas de prejuicios, siempre observando y visibilizando la fragilidad del otro/a, haciendo comentarios, como «los otros no cumplen, no viven, no practican, son incoherentes en su pensar y actuar». Ante esta realidad me pregunto: ¿Por qué el desborde de exigencias hacia el otro/a, sin reconocer las propias heridas emocionales que siguen latiendo y pidiendo ayuda? Depositar nuestras inseguridades, miedos y ansiedades en los demás es no comprometerse con ningún proceso personal, es dejar de responsabilizarme de mi propio compromiso vital y vivir en una eterna dependencia y autoengaño.
El maestro de la Ley le exigió a Jesús de Nazaret que asumiera una postura y una respuesta. Ante esta exigencia, Jesús le responde: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente». Seguramente, al escuchar este mensaje, la superioridad y el narcisismo del maestro de la Ley se aplacaron o derrumbaron, dado que Jesús le trastocó y desestructuró su propia filosofía de vida, centrada en leyes y cumplimientos. La respuesta de Jesús nos moviliza a desentrañar y resignificar nuestras propias lógicas, cargadas de prejuicios, que necesitan ser purificadas por el amor entrañable del actuar de Jesús. ¿Cómo vives e integras el amor en espacios y contextos donde aparentemente prima la indiferencia? Lo mas importante de la Ley no es el mandamiento, sino la vivencia, la acción, el movimiento y la apertura a la Ruah Divina para poder comprender el estilo de Jesús en el contexto concreto donde nos encontramos. Tenemos que dejar lógicas o discursos aprendidos, para poder vivir siendo mujeres y hombres libres que construyen y sostienen la vida donde la muerte prima.
Lo mas importante de la Ley no es el mandamiento, sino la vivencia, la acción, el movimiento y la apertura a la Ruah Divina para poder comprender el estilo de Jesús en el contexto concreto donde nos encontramos.
El amor a Dios moviliza al encuentro, en donde se construye y se resignifica la vida que hoy sigue siendo amenazada por las guerras, los conflictos, las migraciones forzadas, la trata y el cambio climático presentes en la sociedad, así como por las luchas de poder que fracturan el tejido social, tan necesario para la convivencia humana. El amor no es reproducir modelos, es hacer que, en los desiertos donde la vida sigue pidiendo ser cuidada y protegida, la dignidad de cualquier persona sea reconstruida desde la precariedad y la vulnerabilidad. ¿Qué situaciones percibes que te desafían a seguir cuidando a pesar de las luchas y los deseos de poder enquistados dentro de los sistemas relacionales? ¿Cómo integras tus propias envidas y celos presentes dentro de tus propias subjetividades? ¿Qué desafíos encuentras para amar desde el estilo de Jesús?
Víctor Franckli, en su libro El hombre en busca de sentido, enfatiza que la vida solo adquiere valor y sentido cuando nos dejamos tocar y transformar con el sufrimiento de los demás. Solo desde esta perspectiva nuestras opciones y valores radicales tendrán un horizonte, y desde esta mirada comprenderemos que «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Esto nos lleva hacernos cargo de nuestra propia autenticidad, asumiendo que junto al otro/a podremos humanizarnos y reconocernos seres necesitados de amor, afecto y amparo.
El amor que Jesús nos regala nos envuelve y nos capacita para salir de nuestras miradas miopes y discursos legalistas, dejando que los letargos y las resistencias vayan convirtiéndose en semilla de esperanza que busca proteger y significar la vida en las periferias existenciales. ¿Qué gestos concretos de amor reconoces que Dios Padre y Madre sigue haciendo en tu vida?
Jesús de Nazaret, que no me quede en la exigencia hacia los demás, sino que aprenda a mirar mis propias heridas y a dejar que tu amor las transforme; que el amor a ti y a los/as hermanos/as sea el centro que resignifique mis lógicas, para que, en medio de las luchas y la indiferencias, mi vida sea un reflejo de tu estilo, cuidando y protegiendo la dignidad del otro/a tal como tú haces conmigo, desde al amparo, el cuidado y la compasión.
Vuelve a leer el Evangelio; observa, percibe, escucha, siéntate junto a los personajes, contempla el diálogo que construye Jesús con el maestro de la Ley. Te pueden ayudar estas preguntas: ¿Amo a Dios solo cuando me va bien, o también cuando hay crisis, enfermedad, desempleo o injusticia? ¿Percibo que Dios Padre y Madre sostiene mi vida y me invita a amar con él en medio de las adversidades? ¿Cómo manejo e integro mis deseos y luchas de poder?
Gracias, Jesús, porque hoy nuevamente me vuelves a decir que deje de situarme en la exigencia y el juicio hacia los demás. Me movilizas a mirar con honestidad mis propias necesidades de amparo y a dejarme transformar por tu amor en los espacios concretos donde vivo: mi familia, mi trabajo, mis relaciones. Tu presencia y cercanía me invitan a amar desde tu óptica y me comprometen a seguir cuidando la dignidad del otro/a, especialmente del más vulnerable, y eligiendo el servicio, la escucha y la compasión por encima de la lucha de poder, la indiferencia o el resentimiento.
¡Aquí estoy nuevamente para seguir aprendiendo de ti!
Imagen: Pexels.