El Evangelio que anunciamos las mujeres. «Amar al modo de Jesús: el amor lo ponemos en las obras»

De qué manera estamos amando a los otros y otras, porque amar consiste en darlo todo para el bien de los demás.

Carmen Gloria Donoso

13 mayo, 2022, 11:38 am
8 mins

Domingo, 15 de mayo de 2022
Lectura del santo evangelio según San Juan 13, 3334-35

Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. 32.Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto». 33. «Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros. 34.Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. 35. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros».

Este capítulo 13 del evangelio de Juan nos habla de la relación que existe entre Jesús y Dios Padre/Madre. Destinado a los judíos con influencia griega, nos da pistas muy claras al pueblo de Dios que peregrina en la tierra hoy, para este momento que estamos viviendo.

Imaginemos el desconcierto de los apóstoles escuchando estas palabras, que no cumplían las expectativas de un mesías salvador terrenal bajo el Imperio Romano. Ellos, que esperaban tener altos cargos en su reino, se encontraban con que Jesús les anuncia su partida y les da solamente un nuevo mandamiento. El Maestro los abandona y les indica que donde él va ellos no pueden seguirlo.

Como buenos judíos, los discípulos y discípulas observaban rigurosamente los 613 mandamientos que les exigía su religión y quedan atónitos ante la propuesta de Jesús de reducirlo todo a uno. Probablemente Jesús no pronunció estas palabras en un leguaje tan difícil como se presenta en el texto de la comunidad de Juan, pero en la realidad, los conceptos que el Maestro presentaba no eran fáciles de asimilar. Hay en ellos una invitación a ponernos allí, al lado del grupo y escuchar con oído atento qué nos dice el Señor ahora. Estas palabras se expresan en la cena de Pascua, luego del lavatorio de los pies y cuando Judas deja el recinto para ir a vender a Jesús. Es en ese contexto que nos ponemos al lado de las mujeres y hombres que compartían la cena pascual, a oír atentamente lo que Jesús nos quiere decir personalmente.

En estos pocos versículos hay tres aspectos que me gustaría comentar para ir gustando y saboreando la Palabra. Los primeros son «Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros».

Nuestra vida es una búsqueda constante de Jesús y muchas veces nos perdemos tratando de mirar al cielo, como si allá lo fuésemos a encontrar, y no nos damos cuenta de que el camino para juntarse con el Maestro pasa exactamente por los versículos siguientes.

34«Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros». ¡Qué cambio tan liberador, pasar de cumplir 613 mandamientos a amar como Jesús nos ha amado! Lo que implica amar hasta el extremo, hasta que duela, hasta darlo todo.

Y al mismo tiempo qué desafiante es este mandato. Jesús, nuestro hermano, nos amó hasta la muerte, hasta dar la vida por todos y todas, muerte en cruz que Él indica que es su glorificación (31). La glorificación incluye la muerte y la resurrección. Y es en su muerte donde se hace carne el máximo amor posible: dar la vida por los que ama.

Aquí solo cabe preguntarnos de qué manera estamos amando a los otros y otras, porque amar consiste en darlo todo para el bien de los demás. Mirando nuestro Chile de hoy, ¿de qué manera estamos amando a los migrantes que llegan después de una larga y dolorosa travesía a nuestro territorio en búsqueda de nuevas oportunidades? ¿Cómo estamos amando a quienes piensan políticamente distinto? ¿Cómo estamos colaborando a que haya mayor justicia? ¿Qué estamos haciendo por las personas en situación de calle que, en carpas indignas, esperan pasar el invierno? ¿Cómo nos estamos informando responsablemente del trabajo de la Convención Constituyente para saber qué país se va a construir? ¿Qué hacemos por la diversidad sexual y por los pueblos originarios? Y esto, solo por nombrar algunos aspectos de nuestra realidad actual. No es menor el desafío que nos presenta Jesús con este nuevo mandamiento.

Finalmente, un tercer momento en Juan 35: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros». Es una invitación a que nos miremos primero como personas y nos preguntemos si es que nuestra manera de amar denota que seguimos a Jesús. Pregunta que podemos hacernos desde Mujeres Iglesia, desde nuestra condición de laicos y laicas parte del pueblo de Dios en Chile y ciertamente nos llama a revisar nuestros modos de ser y las conductas correspondientes.

¡Qué hermoso es cuando somos capaces de reconocer en mujeres y hombres coherencia en sus vidas que nos muestra el amor de Dios! Este evangelio no se agota de manera alguna con este comentario. Es más bien, una invitación a continuar revisando en la semana, nuestra manera de amar y a discernir los llamados que se nos presentan aquí y ahora.

Pidamos la gracia de aprender a amar al modo del Jesús nuestro hermano. Recordando que «el amor se pone más en las obras que en las palabras» (EE.EE. 230).

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Mujeres Iglesia Biobío.